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¿Podremos reconciliarnos?

Jueves, 30 de Julio 2015 - 18:30

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El Oso Travieso

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En lo que a deporte se refiere, la segunda mayor rivalidad que tenemos es la de IPN-UNAM, sólo por debajo de Chivas-América, y su típica expresión se da en el Futbol Americano.

La mejor época de este deporte se dio en los tempranos 70's cuando cada casa de estudios tuvo tres equipos en la liga mayor y todos se esforzaban por ser altamente competitivos, quienes presentaban su selección como equipo regular, quienes becaban jugadores extranjeros, quienes se preparaban en USA, o traían entrenadores de allá, etc.

La liga llegó a ser tan pareja que el menos bueno de los equipos de la UNAM llegó a vencer al Tec de Monterrey con sus importados. Fue un gran momento al que le faltó la visión comercial que garantizara crecimiento, negocio y permanencia. Los dirigentes de hoy desperdician ese instrumento con caprichitos como “ya no juego contigo porque siempre me ganas”.

La final de 1973 fue un duelo IPN-UNAM –Águilas Blancas vs. Águilas Reales– con tintes dramáticos.

Los politos habían concentrado su selección del año anterior en Águilas Blancas; tenían convenio con la Universidad de Carolina del Norte para asesoría y capacitación; habían ganado partidos de preparación allá; su pateador admiraba a propios y extraños y llegaban a la final con la moral altísima al  vencer a sus odiados enemigos Pieles Rojas ex politos.

Por su parte los Águilas Reales coronaban sus años de esfuerzos por ser el mejor equipo de la UNAM: al fin habían dejado en el camino a sus famosos hermanos, los Cóndores, pero el precio era muy elevado: el jugador número 50, Francisco Escobedo Aguirre había fallecido el miércoles anterior al romperse un aneurisma en el cerebro al terminar el partido semifinal.

Estaba consciente del riesgo que corría y decidió jugar, esto no disminuía el dolor de sus compañeros; quien ha vivido o al menos conoce el ambiente de fraternidad que se da en un equipo de futbol americano entenderá que no hubo entrenamientos en esa semana, todos estuvieron en el hospital, algunos  donaron sangre  y tuvieron que reanimarse para cumplir el compromiso ofreciéndolo a la memoria de su hermano.

El ambiente previo estaba al máximo, no terminaban ellos su “Wellum” cuando empezábamos nuestra Goya y así sucesivamente; los Águilas Blancas salieron entre los aplausos de los suyos y nuestros abucheos, salieron después un grupito de tres o cuatro muchachos con un envoltorio que resultó ser un cartel bastante grande sostenido por tres palos y que fueron exhibiendo desde el campo a todo lo largo de su tribuna con el aplauso cerrado de todos los asistentes y con una buena rechifla de nuestra parte, tan pronto como empezaron a exhibirlo a la tribuna universitaria cesaban los chiflidos y se trocaban en aplausos; pues… ¿cómo no? Si el cartel decía: “LA TRIBUNA POLITÉCNICA SE UNE AL LUTO DE LA TRIBUNA UNIVERSITARIA”.

Al terminar el recorrido por nuestra tribuna se dejó escuchar el más estruendoso Wellum que jamás escuché y éste salió de las gargantas universitarias.

Las madrinas universitarias invitaron a los jugadores a nuestra tribuna y se les ovacionó; al salir los Reales se desorientaron por completo; se enteraron y entonces las “politas” llamaron a los Reales para brindarles estruendosa Goya. Hoy todavía me es muy difícil describir mis sentimientos y emociones, que  al recordarlos los vuelvo a vivir.

Había una final por jugar, no podría haber mayor motivación en los dos equipos, muchas alternativas, en determinado momento una discusión de reglamento dio una pausa demasiado larga en el terreno que las tribunas aprovecharon para animar a sus equipos con atronadoras porras; perfectamente ordenadas, cada tribuna esperaba que la de enfrente terminara para empezar la propia, el partido fue modelo de limpieza, no recuerdo una falta por rudeza innecesaria. Ganaron los Blancos por 21 a 19.

Había ganado México, la hermandad que se vivió a la salida del estadio, las felicitaciones y condolencias sinceras que invitaban a vernos el año siguiente permitían vislumbrar un futuro promisorio.

De esta madera estamos hechos, la nobleza habita en nuestros corazones, la virilidad nos hace esforzarnos por alcanzar nuestros objetivos, ojalá estos valores alcancen a nuestros disidentes y políticos haciendo oídos sordos a los que acusan de traidores a los que no piensan como ellos. Colaboremos viviendo nosotros de acuerdo con estos valores confiando en que llegarán a ellos por contagio y así lograremos la tan urgente reconciliación nacional.


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