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Otoño

Miércoles, 25 de Septiembre 2019 - 09:40

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Elizabeth Cruz Ramírez

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Septiembre es el mes en que los mexicanos celebramos nuestra independencia como nación, históricamente hemos escuchado los relatos de los sucesos que ocurrieron entre la madrugada del 15 de septiembre encabezados por el cura Miguel Hidalgo y Costilla hasta el 27 de septiembre de 1821 con la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, gracias a Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide. Año con año vemos al Presidente de México electo salir al balcón a lanzar vivas por la independencia y agregar otros más de acuerdo al contexto político actual, vemos también el desfile militar realizado al día siguiente por el Zócalo de la Ciudad de México y aprovechamos la ocasión para reunirnos con la familia y amigos, todo como parte de un ritual que solo los mexicanos entendemos y que hacemos muy a nuestra manera de acuerdo a las tradiciones y a la influencia extranjera también pero ¿Qué tan independientes somos realmente? A nivel nación y a nivel personal ¿Es posible hablar de independencia? ¿Qué es la independencia?

El célebre personaje de Quino, Mafalda, tiene su propia definición: “Una cosa es un país independiente y otra un país in the pendiente.” Y el juego de palabras nos causa gracia pero en el trasfondo esconde una sutil realidad que año tras año no ha cambiado del todo porque ser independiente significa que no se depende de otro, que se es autónomo y en cuanto a las personas, que sostienen sus derechos u opiniones sin admitir intervención ajena. De lo primero, podría pensarse que México goza de independencia aunque tiene compromisos mercantiles y comerciales con otras naciones y para muestra la relación de nuestra moneda con el dólar, de que es autónomo pues quizá sí porque sigue manteniendo vigentes algunas de sus tradiciones y costumbres aunque tenemos una marcada influencia gringa en lo que comemos, la ropa que vestimos, las tiendas comerciales que frecuentamos, etc. y en cuanto a los ciudadanos, parece que justo vivimos en una época en la que es pecado capital expresar cualquier pensamiento u opinión contrarios al gobierno en turno porque el país está dividido no solo a nivel político sino a nivel personal y eso complica la convivencia y el día a día.

Así que, ¿Somos o no somos independientes? No creo que sea independiente el adulto que habita aún la casa de sus padres porque no tiene un empleo, tampoco lo es quien recibe ayuda económica del gobierno por “falta de oportunidades” y menos aún, se es independiente si no se tiene la capacidad de tomar decisiones y asumir la responsabilidad de la vida misma. No se puede ser autónomo si la única manera de hacerse de un ingreso seguro es empleándose como administrativo o ayudante general en empresas de mediano pelo con sueldos raquíticos o si para triunfar en la vida se necesita ser el amigo de un amigo que será quien patrocine los sueños de ser creativo en las diferentes artes o si no es posible levantar un negocio propio sin que deban pagarse altos impuestos o multas por no cumplir con una serie de lineamientos que ni las propias instancias gubernamentales cumplen. Así que podemos vivir en un país independiente pero no así en la vida común pues se requiere de un gran esfuerzo para manejarse por la vía “independiente” en lo comercial, en lo artístico, en lo cultural y hasta en lo particular porque intentarlo significa ir en contra del orden establecido y ser “raro”.

Podemos celebrar año con año los sucesos y a los héroes que nos dieron “patria y libertad” aunque antes valdría la pena echarse un clavado en lecturas serias respecto a la historia de México pero no será posible dar un grito de libertad personal si seguimos anclados a algo que nos roba lo autónomo porque para lograrlo se requiere del coraje y las ganas de ser libre para conseguirlo como lo hicieron en aquél entonces los personajes de la independencia.

Septiembre es también el mes del otoño y a decir de los que saben de cuestiones más allá de lo político, social y económico, es el tiempo de la cosecha, de recoger lo que se sembró durante los meses fértiles, es el tiempo de deshacerse de viejos patrones, de todo lo que ya no es útil y que nos detiene para seguir avanzando por la vida, tal como lo hace la naturaleza en cada hoja que deja caer para que una vez sin hojas y pasado el crudo invierno vuelva a renacer.

¡Se los dejo de tarea!


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Número 34 - Octubre 2019
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