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Memoria Navideña

Miércoles, 26 de Diciembre 2018 - 13:15

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“La pequeña iglesia no contenía más altares que el que estaba en el fondo, y

que se hallaba a la sazón adornado con un Belén.... Las paredes, por todas partes, estaban lisas, y, entonces, los vecinos las habían decorado profusamente con grandes ramas de pino y de encina, con guirnaldas de flores y con bellas cortinas de heno, salpicadas de escarcha.” (Fragmento “Navidad en las montañas”)

¿Qué es la Navidad? Fue la pregunta honesta, franca y obligada que mi pequeño hijo lanzó al aire cuando diciembre aún no se asomaba y por doquier ya nos invadían renos, muñecos de nieve, figuras de Santa Claus, pinos y luces. Navidad es una celebración religiosa adoptada y adaptada del cristianismo, con sus ritos y símbolos, al paso de los años nos hemos encargado de conservar la tradición un poco mexicana, un poco en su versión gringa, otro poco al estilo nórdico pero finalmente, lo celebramos y lo usamos de pretexto para reunirnos con la familia, abrazarnos, regalarnos y agasajarnos con un buen banquete navideño pero la pregunta sigue en el aire, ¿qué es? Con el paso de los años, la Navidad ha cobrado diversos significados en mi vida, desde la emoción por las luces, las esferas y el árbol que solía adornar con mi madre (no sin antes haber realizado un completo exorcismo de ultra limpieza en casa con encerada de pisos incluida) pero era un momento mágico, especial y lleno de mucha expectativa ante los regalos de Santa Claus y el intercambio familiar. Cuando mi primogénito nació, en su primera celebración tenía tan sólo cinco meses así que la Navidad le pasó sin pena ni gloria y no ha sido sino hasta este año, que la curiosidad lo invadió, nadie le habló de Santa ni de regalos ni de fiesta pero él se hizo una idea propia: en Navidad viene Santa Claus pero lo más mágico para él han sido las luces que prenden y apagan “solas” porque ¿cómo es que lo hacen? Es magia pura para él aunque sabe que se conectan a la energía eléctrica y las esferas que son tan redondas y perfectas y el nacimiento en dónde nacerá un bebé al que ya quería ver desde que me ayudó a colocarlo al pie del árbol. 

Creo, a mis casi cuarenta años y gracias al espíritu e inocencia de mi pequeño, que la Navidad es lo que cada uno cree, siente y vive en sus corazones aunque no haya regalos o aunque no estén presentes todos los que amamos o aunque estemos lejos de la familia porque la Navidad se traduce en algo espiritual y mucho más profundo que rebasa al clásico emblema navideño cuando se tiene amor para compartir. ¡A regalar amor navideño!

Y mi regalo de amor navideño para la presente colaboración es la dedicatoria que hizo Ignacio Manuel Altamirano a Francisco Sosa en la quinta edición de su libro “Navidad en las montañas” una obra cien por ciento mexicana que habrá que traer a valor presente para recobrar el espíritu navideño. ¡Feliz Navidad!

“A mi querido amigo, que hace justamente veinte años, en este mes de diciembre, casi me secuestró, por espacio de tres días, a fin de que escribiera esta novela, se la dediqué, cuando se publicó por primera vez en México. Recuerdo bien que deseando que saliese algo mío en El Álbum de Navidad que se imprimía, merced a los esfuerzos de usted en el folletín de La Iberia, que dirigía nuestro inolvidable amigo Anselmo de la Portilla, me invitó para que escribiera un cuadro de costumbres mexicanas; prometí hacerlo, y fuerte con semejante promesa, se instaló usted en mi estudio, y conociendo por tradición mi decantada pereza, no me dejó descansar, alejó a las visitas que pudieran haberme interrumpido; tomaba las hojas originales a medida que yo las escribía, para enviarlas a la imprenta, y no me dejó respirar hasta que la novela se concluyó. Esto poco más o menos decía yo a usted en mi dedicatoria, que no tengo a la mano, y que usted mismo no ha podido conseguir, cuando se la he pedido últimamente para reproducirla. He tenido, pues, que escribirla de nuevo para la quinta edición que va a hacerse en París y para la sexta que se publicará en francés. Reciba usted con afecto este pequeño libro, puesto que a usted debo el haberlo escrito.” (Ignacio M. Altamirano, París, diciembre 26 de 1890.)

 

 


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Número 27 - Marzo 2019
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