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Marcos Aranda González: Encuentro con el pintor de los rostros de Ayotzinapa en Bélgica

Viernes, 01 de Mayo 2015 - 16:30

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Juan Francisco Hernández

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El corazón de un pintor termina por adquirir la forma que tienen sus manos, pienso, al conocer a Marcos Aranda González, el pintor que realizó la representación de los 43 rostros de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa que, el pasado 31 de septiembre de 2014, un grupo de manifestantes llevó frente a la Unión Europea y, el 9 de diciembre, frente la Misión de México ante la Unión Europea y Embajada de México ante el Reino de Bélgica y el Gran Ducado de Luxemburgo. «Como mexicano sentí que se tenía que hacer algo. Me duele lo que está ocurriendo en nuestro país», me expresó. El pintor vive en Quevaucamps —un pequeño pueblo ubicado en la comuna de Beloeil, dentro de la provincia de Hainaut—. El arte de Marcos Aranda González es transgresor. No me extraña que haya conseguido exponer su obra en México, Bélgica, Francia, Italia y Alemania.

Marcos Aranda González es originario de Santa Cruz Meyehualco —Iztapalapa, Distrito Federal— y es hijo de un escultor que estudió en la Academia de San Carlos. Desde muy joven, realizó maquetas para el Museo Nacional de Antropología e Historia. Durante aquellos días, las personas para quienes trabajaba, le hicieron ver que poseía talento para las artes plásticas. El arte lo sacó de la calle, alejándolo de las drogas y el alcohol. Recuerda que en sus inicios, en Tabasco, mientras trabajaba en un proyecto de veinticinco cabezas monumentales de la cultura olmeca para el Instituto de Cultura de Tabasco, conoció a una mujer que le enseñó cosas muy importantes sobre el arte. «Era una persona muy sensible y talentosa que me ayudó mucho. Pero ella se suicidó y ese suceso me marcó de manera muy intensa». Le pregunté si el sufrimiento hace mejor al arte y a las personas. Luego de reflexionar durante algunos instantes, me respondió: «El sufrimiento no hace mejor a nadie, ni a las personas ni al arte. El sufrimiento es indispensable. Es indispensable para crecer y para liberarse».

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Marcos Aranda González

El pintor mexicano llegó a Bélgica hace veintidós años, para colaborar en un proyecto artístico de Europalia, en la ciudad de Bruselas. Allí conoció a una mujer —que ahora es su esposa y con la que tiene una hija— y, motivado por aquel encuentro y por el entusiasmo de aprender de la cultura europea, decidió quedarse. Un viaje de tres meses trazó el rumbo de una travesía que cambió su destino. «Desde el principio tuve claro que tenía que hacer algo. Quería pintar y exponer mi obra».

Le pregunté cuál era la dificultad más grande a la que se ha tenido que enfrentar como artista en un país extranjero y me respondió lo siguiente: «Ser reconocido como artista», y «las personas, cuando no tienes un trabajo normal, algo como lo que hace todo el mundo, te ven de manera un poco extraña. Les cuesta trabajo aceptar que eres un artista y que te pasas el día creando». Por otra parte me dijo que su obra ha incomodado a algunas personas. «Pero la tarea del artista también es provocar». Para Marcos Aranda González el mundo del comercio del arte es como el mundo de la prostitución. La mayoría de las galerías están más preocupadas en vender que en la creación artística.

Su taller está ubicado a un lado de su casa, en un espacio que hace muchos años fue un rastro —un matadero de ganado—. Está repleto de caballetes, pinturas, herramientas, lienzos, paletas, solventes y algunos objetos extraños que le gusta coleccionar. La temperatura es baja y no hay calefacción. Marcos dice que durante el invierno suele ir a trabajar a una academia. Siempre trabaja con acrílico, pero también combina técnicas mixtas: laca, óleo, periódico, arenas, esmaltes, etcétera. Lo que busca con la mezcla de estos materiales es dar una mayor profundidad emocional y un mayor significado a sus pinturas.

He podido identificar dos períodos en su trayectoria artística: el período mexicano y el período mixto. El primero tiene influencias de los muralistas mexicanos: José Clemente Orozco, Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros… y José Luis Cuevas, el representante de la generación de la ruptura…». En las pinturas de esta época vemos una fuerte carga social, con colores intensos, casi agresivos. En la segunda etapa, el artista incorporó elementos que surgieron de los estudios que ha realizado sobre la escuela flamenca. «Además de que ya, desde México, me gustaba mucho Rubens», me explicó. De los flamencos, Jan van Eycke es uno de los que ha ejercido más influencia en su obra. Pero también tiene influencias del surrealismo. En especial del, así llamado, grupo Cobra: Pierre Alechinsky, Corneille, etcétera. «México es un país surrealista», piensa.

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Émigration 

En el primer período, Marcos Aranda González realizó algunas pinturas en las que se puede apreciar su inquietud por los problemas sociales contemporáneos. «El mundo va mal ¿no? ¿Adónde nos ha llevado el neoliberalismo? A veces hay que pintar sobre lo que es monstruoso, porque la realidad no es siempre lo que parece. Vivimos en una sociedad angustiada, por más que esté disfrazada de confort. El mundo moderno es una paradoja».

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La délicate sortie de l'ombre 

Después de la etapa anterior pintó muchos árboles. «Me gustan los árboles. Me gustan por el viaje. Por la emigración. Cuando llegué a Bélgica me inquietaba mucho todo el fenómeno de la emigración; el cambio de un país a otro. ¿Tú sabes que los árboles viajan?», me preguntó. Entonces me habló de los árboles en África, cuyas semillas recorren largas distancias. Es curioso notar que, en un inicio, las ramas aparecen desnudas. Los pintó durante sus primeros años en el país, cuando las cosas no eran muy fáciles para él. Marcos no se considera a sí mismo un desarraigado. No llegó al país para buscar fortuna ya que en México el trabajo no le faltaba. A diferencia de otros inmigrantes, se adaptó a la cultura, aprendió una de las lenguas del país y buscó la manera de participar en la vida de su comunidad. En sus obras posteriores a esta primera etapa algunos árboles ya tienen hojas; quizá, como un reflejo de los progresos que él hacía en su vida personal y en su trabajo artístico. En éstos parece haber mucho de los estados anímicos del artista, pero también de su país de acogida. Ha creado algunos de ellos con técnicas de collage, donde aparecen aviones y otros símbolos, que me han recordado a los cuadros de Jean-Michel Basquiat, el genial pintor de Nueva York. Cuando le pregunté a Marcos si pensaba en esos símbolos, me dijo que él casi siempre trabaja desde el inconsciente. «Los símbolos se revelan poco a poco, algunas veces después de algún tiempo», me dijo. Las figuras de algunos de sus árboles surgen de la niebla. «El clima influye en las personas y en el arte». Sólo hay que recorrer Bélgica, durante el invierno, para mirar cómo baja la niebla, cubriendo las ciudades y la campiña.

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Introspection 

Actualmente pinta retratos. Su taller está repleto de grandes lienzos con retratos de rostros humanos. El primero es uno de Francis Bacon, pintor por el que tiene una gran admiración. Los siguientes son retratos de estudiantes de pintura —en su mayoría mujeres— que modelan para él. «Me interesan los retratos porque la vida de las personas se marca en sus rostros», dijo. Piensa que él mismo aparece siempre en sus retratos. Y es que el artista nunca logra sustraerse de su obra. Su pintura me gusta porque me mueve. Toca partes de mi interior que no habían sido tocadas con anterioridad. Sus retratos me provocan un sentimiento de angustia. «En mi obra siempre está siempre presente la angustia «la angoisse», me dijo Marcos. En sus cuadros es común ver elementos en contraposición: lo viejo y lo nuevo, por ejemplo. También el paso del tiempo. «Un artista trabaja con sus obsesiones». Le dije que todo artista tiene una búsqueda y le pregunté cuál era la suya. Me respondió: «Sería vanidoso decir que la he encontrado. Si mi búsqueda estuviera clara… ya lo habría solucionado. No habría más búsqueda».

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Sin título 

Al final de mi conversación con el pintor Marcos Aranda González y, luego de haber tenido un acercamiento con algunos fragmentos de su vida y obra, le pregunté si podía hacer una reflexión final. «¡La lucha del artista es ser uno mismo!», me dijo. «Lo más importante en la vida es saber de dónde viene uno y hacia dónde va, que no siempre es fácil. Esos son nuestros viajes a los que me refería cuando te hablé de los árboles».

Mons, Bélgica. Abril 30, 2015.

Fotografías: Marcos Aranda González


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Número 34 - Octubre 2019
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