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¡Luces, música y circo!

Martes, 02 de Febrero 2016 - 16:00

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Elizabeth Cruz Ramírez

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Regresamos a nuestra cápsula del tiempo de cada cinco semanas para abrir esta vez la que nos lleve a recordar esa magia y fantasía que solían tener las grandes carpas con sus circos.

Tutu turu ruru tutututu turururu…

Luces apagadas, el escenario solo y de pronto, de entre las gradas surge un haz de luz que alumbra a un personaje simpático con nariz roja y cabello azul coronado por un sombrero de copa muticolor y grandes zapatos verdes, entra sonriendo y haciendo gestos graciosos que provoca risas entre el público, llega al escenario y continúa su número de mímica para luego perderse entre el telón, las luces vuelven a apagarse y todo puede pasar, habrá que esperar.

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Hubo un tiempo en el que los niños salían emocionados al escuchar el anuncio de las funciones de circo por el megáfono del carrito publicitario que recorría las calles de la colonia, fue también la época de las lentejuelas en los atuendos de las acróbatas, del olor a palomitas y ¡claro! de los elefantes, las jirafas, los leones, los osos y otros animales que formaban parte del espectáculo y se ganaban más que un bocado, el aplauso de un público emocionado y agradecido con lo que veía y que de otro modo no podía si quiera imaginarse.

La historia del circo en México tiene su origen con el italiano Don Giuseppe Charini quien debutó en la ciudad con sus 15 caballos y 20 artistas de gran valía convirtiéndose en el primer circo estable con un éxito contundente en el año de 1864 según lo expresado por un periodista de La Razón de México: “Animales a punto de hablar, hombres que casi vuelan, mujeres que… pero dejémoslo; es necesario verlo para tener alguna idea de lo que son aquéllas cosas, que parecen sueños fantásticos”

Y sí, el circo tiene la magia de hacernos sentir parte de un sueño lleno de fantasía en donde todo es posible y en el que encontramos hombres y mujeres capaces de las más extraordinarias proezas con su flexibilidad máxima, su levantamiento de pesas, su equilibrio inquebrantable, su magia todopoderosa, su gracia que nos hace reír hasta las lágrimas y particularmente, su vocación y entrega a un fin único: provocar la sonrisa y la admiración, dejar fuera la realidad por más cruda que esta sea y soñar.

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El circo, que no es teatro pero cuya respuesta del público es inmediata por su cercanía con el ejecutante, que no es cine pero presenta una realidad fantástica, que no es un concierto pero tiene música compuesta ex profeso para cada número y que tampoco es un zoológico pero nos muestra la conexión entre la especie humana y la animal al ejecutar rutinas perfectamente ensayadas y sincronizadas entre ambas especies. Un espectáculo completo y sin igual que se ha ido transformando con el paso del tiempo y que a partir del 9 de enero de 2015 por Decreto en el Diario Oficial de la Federación tuvo que prescindir de la presencia de animales como parte de los shows presentados.

Asegurar que las compañías de circo ejercían maltrato animal es aventurado y punto y aparte de los intereses o motivos que movieron los hilos del decreto no se puede negar que significó un cambio radical tanto para los que presentaban su número función a función como para los espectadores.

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A propósito de los animales que solían ser parte del circo, Hermelinda Zamora, esposa de Don Nehemías (fundador del Circo México) relata: “Entre las leonas que teníamos había una que despreciaba a las crías, por lo que cada vez que paría, necesitábamos encontrar alguna perrita que estuviera criando para que terminara de amamantar a los leoncitos, aunque también tuvimos una leona que era tan buena, que cuando tenía frío por las noches se metía en la cama, en medio de mi esposo y yo, para encontrar cobijo”

Afortunadamente, el circo como espectáculo no ha desaparecido e incluso, existen escuelas alrededor del mundo (principalmente en el extranjero) que ofrecen la formación en artes circenses y que han innovado los números, los trajes, la música y la experiencia que envuelve cada función.

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No olvidemos de vez en cuando asistir a la carpa para evitar que el desánimo o la falta de quorum vaya desapareciendo más compañías de familias circenses porque eso es la vida en el circo: una vida familiar aunque no sean lazos de sangre sino de pasión y vocación.

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Fuente:

Luna Córnea. Colección. Número 29 / 2005 / ISSN0188-8005

 


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