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¡Los malditos lisiados no tienen derecho de ir al cine!

Viernes, 26 de Abril 2019 - 13:45

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Luis Felipe Jurado

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Hace un mes sufrí un accidente que me provocó una fractura en un tobillo. En el tiempo en que he estado prácticamente encerrado, me he dedicado a hacer lo que cualquiera en mi estado: dormir, comer, ir al baño con trabajo, ponerme a leer todo, entrar a mi correo dos o tres veces por día, buscar memes nuevos en face y ver películas, noticieros, series y todo lo que se pueda en internet y televisión. Aburrido de estar en esa nada saludable rutina, mi mujer decidió llevarme a pasear, obviamente con muletas. Además de salir a comer a algún lugar cercano, quisimos ver una película y por desgracia, dice el dicho que no tomas en cuenta las cosas hasta que te pasan a ti. Y eso me ocurrió. Al intentar acceder a una sala de cine, me percaté que la mayoría de ellas, incluso una como el Cinépolis Diana, que está sobre Paseo de la Reforma y no es muy barata que digamos, no cuentan con accesos para personas con alguna discapacidad. En el caso de la sala Río de los remedios, de la misma cadena, el sanitario está subiendo unas escaleras bastante estrechas, igual que en los Cinemex Legaria, Galerías y otras salas. Algunas, como el Cinemex Reforma, cuentan con elevador pero si quieres ir al sanitario, debes bajar una escalera hacia un lobby. Y ni se digan las salidas de emergencia, en su mayoría con escaleras y sin rampas. Es decir, si hay un temblor o un incendio, que se muera el cojito, total, ya no sirve, ¡maldito inválido! Quizá la única que tiene todo lo que se puede requerir en un caso así es el Cinemex Real y eso porque es un complejo de 3 o 4 pisos y ni modo que suban al “tullidito” amarrado en la espalda.

Ahora bien. Esta carencia es algo común en muchos establecimientos, restaurantes o plazas comerciales (Galerías Plaza de las Estrellas, aunque dentro tiene escaleras eléctricas y elevadores, para salir del lugar es pura escalera, excepto la explanada, que tiene una rampa para automóviles y es cerrada después de las 8:00 o 9:00 pm, así que si sales más allá de esa hora, te amolaste), pero en los cines parece ser la regla, y lo más ridículo es que al empezar los avances y comerciales, antes de la función, tanto Cinépolis como Cinemex anuncian con bombo y platillo sus programas de “conciencia social”, así, entre comillas. La primera cuenta con su programa estrella, De la vista nace el amor, en el cual te piden que dones $15.00 al comprar boletos o alimentos (comida chatarra en su mayoría) para beneficiar a personas que requieren una operación por cataratas, además que cuenta con Vamos Todos A Cinépolis, que lleva sus salas a personas en situación de riesgo, Ruta Cinépolis, que traslada funciones de cine a comunidades que no cuentan con este tipo de entretenimiento y Cinema Park, que busca dar entretenimiento didáctico a niños.

Por su parte, la segunda, tiene como programa estelar el Tren de la Salud, que transporta servicios médicos a comunidades poco accesibles y que entre otras cosas, cuenta con un vagón equipado como sala de cine, además de Premiere a beneficio, que son funciones pensadas para recaudar fondos para ONG’s diversas, Carrera Cinemex, que dona lo de las inscripciones a programas sociales, entre otros más por medio de Grupo México.

Y aquí es donde viene lo hipócrita de sus campañas. Todas, absolutamente todas ellas, están pensadas para deducir impuestos, en realidad no les interesa apoyar a nadie sino que al momento de pagarle a Hacienda, puedan decir que ellos ya donaron miles o hasta millones de pesos a las diversas causas que tienen, recursos y fondos que son obtenidos por donaciones de sus clientes principalmente. Si en verdad hubiera un sentido o una causa socialmente responsable en sus diferentes empresas, quizá ya hubieran hecho algo para que puedan ir personas con capacidades diferentes a sus salas.

Pero no, no importa tanto, total, los malditos inválidos ni van al cine, si no pueden ir al baño sin ayuda, viene valiendo madres que quieran ir a ver la última de Tarantino o la de los Avengers o que cuenten con tarjeta CineFan o que compren el combo más caro. En sus complejos cuentan con taquillas preferentes pero para los “socios platino” o “súper fan” o lo que sea, pero si llega una persona en silla de ruedas o muleta, pues que se forme, si hasta los viejitos lo hacen, por qué ellos no, si tanto quieren ser independientes; y al momento de entrar a las salas, si hay escaleras, pues que se las echen como puedan. Antes había algunos complejos con lugares especiales para sillas de ruedas, pero los ponían siempre hasta el frente, en la primera fila o cerca de las salidas de emergencia, que para el caso es casi la misma posición. Así las cosas, si quieren ver la película, que paguen, su dinero vale lo mismo que el de los demás y por lo mismo que tengan la misma incomodidad que los otros. Irónicamente, lo único especial que encontré en las salas que visité en estos días fue el sanitario para minusválidos, pero para entrar, había que bajar escaleras en una de ellas.

No sé si hay algún artículo en las leyes que inviten u obliguen a estas empresas a remodelar sus salas para que quienes tienen problemas como el mío puedan usar sus instalaciones, pero se me hace poco ético de parte de ellas que se preocupen porque las “personas de escasos recursos” o con problemas de vista puedan ver una película y sin embargo, sus clientes, que consumimos sus productos y visitamos sus complejos PAGANDO el boleto, tengamos que, literalmente arrastrarnos o pedir ayuda para subir la escalera o rogarle a Dios para que no te lastimen las personas cuando pasan a sus lugares. Es triste que pase esto y más cuando todo el tiempo se la pasan las ONG’s especializadas en capacidades diferentes cabildeando y haciendo campañas para que los gobiernos creen y adapten la ciudad para los incapacitados. Y si uno visita una oficina o un recinto gubernamental, se puede percatar que hay rampas, elevadores, escaleras eléctricas, etc. Y cada vez hay más calles que cuentan con ello. Sin embargo, son los particulares los que menos piensan en esto. Y luego hasta lloran porque no va la gente al cine.

Qué bueno que en un par de semanas más ya voy a poder caminar. Qué mal que muchas personas seguirán sin poder ir cómodamente a ver la cinta de su preferencia.


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