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Los dos papas o cuando Netflix le tira para los dos lados

Viernes, 27 de Diciembre 2019 - 09:25

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Luis Felipe Jurado

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Hace unos días la prensa dio a conocer un informe en que los Legionarios de Cristo aceptaban que varios de sus miembros, la mayoría muertos o retirados del servicio, habían abusado de varios niños desde su fundación y que casi la mitad de los casos (cerca de 60) son atribuidos a Marcial Maciel, líder de la organización, que en su momento se decía que estaba protegido por Juan Pablo II. También un par de semanas atrás, el siempre polémico François Ozon presentó su excelente filme Por gracia de Dios (Grace a Dieu, 2019), que analiza el caso de un sacerdote que durante muchos años abusó de incontables niños de un agrupamiento de boyscouts que estaba a su cargo. En él se cuenta la crisis de fe que sufren todos los que de una u otra manera han vivido directamente o de cerca de una situación así y se acusa al papado actual de ser blando ante esto. El mismo Papa Francisco ha aceptado que la Iglesia Católica vive la peor crisis de su historia y muchos, incluyendo creyentes, creen que tal vez esté a punto de desaparecer. Por eso es curioso que Netflix haya lanzado casi al mismo tiempo un filme políticamente incorrecto que incluso el día de hoy se volvió trending topic, La primera tentación de Cristo (A Primeira Tentação de Cristo, 2019, Rodrigo Van Der Put) y Los dos papas (The Two Popes, 2019, Fernando Meirelles), que se sitúa en el lado contrario – aunque otra curiosidad es que ambos filmes están realizado por directores brasileños pero eso es harina de otro costal.

La cinta de Meirelles narra el encuentro ficticio entre Benedicto XVI, quien está a punto de claudicar al papado, y quien será tiempo después el Papa Francisco. En esa reunión dialogarán de la fe, de la crisis actual de la Iglesia, de música y de pizzas. Técnicamente es un filme correcto, con una estupenda fotografía, con flashbacks muy logrados en blanco y negro, una ambientación muy correcta y una muy hermosa fotografía. Las actuaciones de Jonathan Pryce como Jorge Bergoglio y de Anthony Hopkins como Joseph Ratzinger son impecables y más que “un duelo de actuaciones”, clisé muy utilizado al hablar de la cinta en estos días, hay un ejemplo de lo que es un excelente ensamble de actores, cuyas interpretaciones se complementan y dan su espacio al otro. En esto está quizá el mayor acierto de la obra, ya que permite a cada uno de los histriones tener sus momentos de lucimiento.

Mucho se le ha criticado al último filme del realizador de Cidade de Deus (2002) la forma en que ha presentado a los dos pontífices, utilizando arquetipos poco conectados con la imagen conocida de los dos (a Benedicto lo pintan como un tipo frío, poco empático y desconectado de la realidad y a Francisco como un argentino típico, de esos que sirven mesas en la Condesa), pero esto es algo muy subjetivo y poco realista, ya que poco a poco se van mostrando aspectos poco explorados de sus personalidades: El germano se desvela como un amante de la vida, de la verdad y del orden, mientras el conosureño se revela como un ser lleno de culpa por su pasado. Y si a muchos les parece lejano a la realidad es porque no se han percatado de cuál es la importancia de presentarlos así.

En su cuenta de Twitter, el actor José María Yázpik, comentó: “Pues que pedazo de propaganda a la Iglesia Católica es The Two Popes”. Y tiene toda la razón. Sin embargo, hay que reconocer que es una muy necesaria propaganda. Desde que vivía Juan Pablo II, ya existía una descomposición brutal del catolicismo. La exposición de la pederastia y los abusos dentro de la institución se sumaron a los previamente conocidos (sus nexos con los políticos, los industriales, la mafia italiana y el narco o el que “las bendiciones” de los sacerdotes les dicen “tío” o “padrino”, entre otras cosas) y evidentemente llevaron a que su imagen se corrompiera más que nunca. La elección de Ratzinger como sucesor de Karol Wojtyla no sirvió de mucho, debido a que el alemán era conocido por ser ultraconservador, cercano a su predecesor y se rumoraba que era miembro del aún sobreviviente Santo Oficio (que ya no quema brujas aunque tenga ganas de hacerlo). Su fama de “mocho” y el escándalo del “vaticanleaks” no permitieron que muchos supieran o valoraran que fue el primero que dio a conocer que Marcial Maciel y los Legionarios de Cristo estaban ocultando casos de abusos de menores. Incluso, se rumora que esto tuvo que ver en su renuncia. La llegada de Bergoglio al papado tampoco sirvió mucho que digamos, ya que su polémico pasado durante la dictadura de Jorge Rafael Videla le dio la fama de “vende patrias” y asesino que lo persigue como un estigma y le ha costado mucho sacarse de encima. Ha tenido que renunciar a la imagen de riqueza que ha acompañado a sus antecesores, se ha acercado como ninguno a los pobre y marginados (sus declaraciones hacia los homosexuales son sorprendentes) y si alguien ha empezado una cruzada a favor de las víctimas de pederastia en el seno de su religión ha sido él, aunque aún no aprueba el aborto y la desaparición del celibato.

La cinta busca dar a conocer a dos personajes que trataron a su manera de evitar la desaparición no de la institución ni de su medio de vida sino de la fe en la palabra de Jesucristo. Los muestra como personas humildes, llenas de amor, carismáticos, preocupados por la humanidad y el dolor de los más indefensos. Y sí, es publicidad que busca precisamente que conectemos con la grey de Cristo.

Al final, el trabajo no está del todo logrado, ya que en el afán de que empaticemos con ellos, se pierde un poco el clímax de la historia, y la escena final, que aparece durante la secuencia de créditos de salida, no ayuda más que para ver que incluso en una situación ridícula, los dos histriones nunca perdieron a sus personajes.

Una cinta disfrutable, poco rigurosa y bien hecha.

Para mi amigocho Andrés “el cóndor” Tejada, por nunca perder la fe en su iglesia y por no retirarme nunca la amistad, a pesar de que soy ateo.


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Número 35 - Noviembre 2019
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