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Las pequeñas cosas: Nuestros recuerdos y la tecnología.

Viernes, 01 de Febrero 2019 - 14:55

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Elizabeth Cruz Ramírez

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“Una cabeza sin memoria es como una fortaleza sin guarnición.” – Napoleón Bonaparte

Nuestro cerebro almacena cientos de recuerdos, algunos son desechados cuando dejan de ser útiles y otros más se quedan grabados para siempre como si de una escena de película se tratara, en uno y otro caso todo depende de la memoria “facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado” aunque también almacena otro tipo de información como datos, fechas, nombres, etc. La tecnología nos ha brindado diversas opciones para aumentar la capacidad de memoria que tenemos de manera natural a través de dispositivos que almacenan de forma electrónica todo cuanto se nos ocurra: fotografías, mensajes por correo, documentos y hasta nuestro historial de la oficina pero del otro lado de la moneda se esconde un asunto que está llamando la atención de la neurociencia y es que a mayor dependencia de la memoria electrónica, corresponde una pérdida de nuestra memoria natural pues no se trata únicamente de almacenar información sino de recordarla y en ese sentido, la pregunta clásica que siempre hacemos es: ¿Recuerda usted el número telefónico de su pareja o sus padres? Ya que habitualmente lo tenemos en la memoria del celular o del teléfono en casa pero si de recordar datos se trata: ¿Qué se celebra el día 5 de febrero? Y si está pensando en buscar la respuesta en Google, sepa que está siendo presa del “efecto Google” lo cual significa que no es capaz de recordar datos por sí mismo sino que recurre sin pensar dos veces, a la ayuda de la tecnología y es por ello que los especialistas están lanzando advertencias serias al respecto pues “el uso de dispositivos digitales nos aleja de los ejercicios naturales de la repetición y memorización y puede producir un deterioro cognitivo.”

La salud mental es un asunto que pareciera ser exclusivo de personas en edad senil pero en realidad, los efectos se pueden prevenir con mucho tiempo de anticipación con el fin de evitar daños severos al llegar a ciertas edades y sin necesidad de ser expertos en el tema, cabe reflexionar: si en un estado natural una persona que lleva una vida promedio en materia de salud tiende a presentar cierto deterioro a pesar de recordar sucesos de su vida, datos y otro tipo de información, imagine los efectos a largo plazo de ser presa del celular y las aplicaciones para escuchar música, encontrar significados, encontrar la mejor ruta, leer las noticias, etc. No podemos dar la espalda a la tecnología porque nos quedaríamos en una etapa arcaica pero sí podemos ser consumidores responsables de todo lo que hoy está a nuestro alcance porque no hace falta llegar a edades avanzadas para notar los efectos y si aún lo duda, revise el efecto en los niños que antes que elegir una bicicleta para divertirse pasan horas frente a una pantalla presas de los videojuegos o de toda clase de material que ahora inunda el Internet porque ellos encuentran todo con un solo click: películas, canciones, trucos y juegos. El sistema educativo se equivocó cuando nos instaló un chip de repetición pero vuelve a equivocarse instalando en niños y adolescentes un chip que sólo descarga información de la red.

La memoria se expande cuando entrenamos al cerebro para ello a través de actividades y ejercicios pero se reduce cuando usamos de forma excesiva los dispositivos electrónicos o elegimos ahorrarnos la fatiga de obligar al cerebro recordar acontecimientos importantes. Sin memoria, nada existe, no somos, no gozamos de identidad y carecen de sentido y significado las palabras. Cuidemos nuestra memoria y racionalicemos el uso de la tecnología pues aún queda vida fuera de nuestros ordenadores y móviles. ¡Se los dejo de tarea!


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Número 30 - Junio 2019
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