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La ley y el orden: UVE (y la estupidez patológica de Eduardo Verástegui)

Viernes, 01 de Noviembre 2019 - 08:15

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Luis Felipe Jurado

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Uno de los fenómenos más insólitos del cine y la televisión es que es imposible cuantificar la influencia que estos medios llegan a tener en la sociedad. Un ejemplo serían las frases que la gente repite a partir de ciertas obras (“Que la fuerza te acompañe”, “¡Maldita lisiada!”, “Salúdame al cacas”) o incluso el hecho de que algunos trabajos llegan a afectar tanto que cambian las normas y reglas sociales. La ley de Heródes, Philadelphia, Blackfish, Presunto culpable, V for Vendetta, influyeron positivamente en el mundo e incluso, en el caso de las mexicanas, lograron un cambio en el régimen político y los procesos judiciales. Por desgracia, llega a ocurrir lo contrario muchas veces, como The Wolf of Wall Street, que criticaba a la avaricia del capitalismo y terminó volviéndose un panfleto de cómo realizar una venta exitosa. El caso de La ley y el orden: UVE (Law & Order: SVU) y la última producción de Eduardo Verástegui, son precisamente los polos opuesto de esta situación.

La ley y el orden fue una serie creada por Dick Wolf, quien en los años ochenta coprodujo junto a Michael Mann Miami Vice. Tuvo tanto éxito que se desprendió de ella un spinoff, que nadie se imaginó que seguiría hasta el día de hoy. El programa empieza cuando la entonces novata oficial, Olivia Benson, se inscribe en una fuerza policiaca piloto, llamada Unidad de Víctimas Especiales (UVE, en inglés, SVU), la cual tiene por objeto investigar crímenes de tipo sexual. Desde el comienzo se representaron casos que pocas veces se trataban en televisión, como violaciones, abusos, violencia intrafamiliar, asesinatos seriales, crímenes de odio, etc. Por lógica, en la mayoría de los casos, las víctimas eran mujeres y en un segundo grupo los homosexuales, lesbianas y niños. Al igual que en su predecesora, casi en su totalidad, las investigaciones están basadas en noticias reales que han impactado a la sociedad y quizá esto mismo es que lo explica el por qué de su éxito; la inmediatez y la universalidad de sus temas atrapan a casi todas las personas, hombres o mujeres, porque todos hemos vivido de alguna manera una agresión física o psicológica. Y decir que ha influido en nosotros es decir poco. La actriz Mariska Hargitay es quizá el mejor ejemplo. Su personaje comenzó como un secundario que apoyaba las acciones de los detectives Elliot Stabler (Christopher Meloni) y John Munch (Richard Belzer), era impulsiva y violenta, algo que fue cambiando gradualmente, volviéndose la más madura e inteligente del elenco. Quizá por la cercanía con los casos, la intérprete fue transformada en un símbolo de la lucha por la equidad, tanto que recibía cartas de fans que le agradecían por abrirles los ojos a realidades tan sórdidas que muchas veces no querían reconocer. Eso generó en ella la inquietud de ayudar en realidad y creó una asociación de apoyo a víctimas de crímenes sexuales en su país.

En la serie han aparecido actores muy famosos, como Robin Williams, Lea Thompson, Amanda Seyfried, Bradley Cooper, Sharon Stone o Jeremy Irons, se han visto retratados momentos tan emblemáticos como el enfrentamiento entre Mia Farrow y Woody Allen, los multiasesinatos de la familia Manson, las masacres estudiantiles, etc. El primer capítulo de la temporada 21, que recién se está estrenado en México esta semana, presenta el caso de Harvey Westein y el movimiento #MeeToo, mismo que, quizá no existiría sin la influyente serie.

Quizá el trabajo ya tiene un formato algo envejecido y los casos llegan a ser algo repetitivos. Pero tiene, a diferencia de las series más populares hoy en día, la ventaja que sus capítulos pueden verse sin tener necesidad de soplarse la temporada completa, además que la repetición de situaciones se debe a que hoy por hoy siguen ocurriendo una y otra vez. Y eso le da el valor adicional de demostrar que las sociedades en el mundo tienen muchas áreas de oportunidad en qué trabajar. Caso contrario al estúpido discurso de odio que está generando Eduardo Verástegui.

El por qué este actor de segunda de telenovelas es hoy en día un productor tan exitoso, es un misterio. Comenzó en la televisión mexicana y después emigró a E.U., donde produjo un filme antiaborto, llamado Bella (2006, Alejandro Gómez Monteverde), el cual tuvo tal éxito, que le permitió colaborar con History Channel en la serie The Bible, para después coproducir, gracias al Artículo 189, la inefable The Little Boy (2015, Alejandro Gómez Monteverde). Y después, otra vez con apoyo del 189, Fidecine y PROVIDA, se involucraría en su obra más exitosa y personal, considerada por los críticos norteamericanos  “La película más peligrosa de la historia”, la asquerosa y denigrante, Inesperado (Unplanned, 2018, Chuck Konzelman y Cari solomon).

Decir que es una obra maniquea y tremendista sería poco más que un halago, pero en realidad eso importa poco. Lo que sorprende es la irresponsabilidad, estupidez y cinismo de su productor, que se ha atrevido a culpar a la “falsedad del discurso progresista” de un problema que tiene hundido a México en el nefasto primer lugar de embarazos no deseados y que es culpa del machismo, las anticuadas y moralistas costumbres católicas que fueron encumbradas en los mandatos de Vicente Fox y Felipe Calderón, mismos que, para quedar bien con “El Yunque”, el brazo de la iglesia católica en el PAN, borraron de libros de texto, televisión y programas sociales todo lo relacionado con la sexualidad del niño y el adolecente, con el beneplácito de grupos como Por lo mejor de los medios, PROVIDA y demás. Según Verástegui, el aborto se equipara al holocausto, porque desde que se aprobaron en la CDMX las leyes que lo legalizan, “han matado a más de 250 mil bebés” – su ignorancia o negación del tema me recordó el meme del doctor llorando porque un bebé de 2 semanas le sonrió en el ultrasonido – como si un cigoto ya estuviera formado, con sentimientos y más importante, consciente de su existencia. También, dijo que el Gobierno gastaba mucho en abortos gratuitos que son pagados con dinero de nuestros impuestos, pero no comenta que el Misoprostol cuesta menos de $500.00 mn y se requiere una sola dosis, y en muchos estados de la República, a las madres solteras les dan una ayuda mensual indefinida de más o menos $2,000.00 mensuales. Es más barato dar una pastilla que una “beca”. Dice que el Régimen hace campañas mentirosas que no cuentan las consecuencias físicas y psicológicas de la interrupción del embarazo, que puede generar cáncer, así como culpa y arrepentimiento por haber cometido un asesinato, pero no contempla que el tener relaciones sin protección puede provocar VIH y otras ETS, como el Virus de Papiloma Humano (VPS), que innegablemente genera cáncer, asimismo que el obligar a una mujer a tener un bebé no deseado no sólo la afecta psicológicamente, sino que a la larga le corta las oportunidades de desarrollo profesional, crea niños no deseados que en su mayoría terminan en la vagancia o la delincuencia, además del estigma social que les genera, al ser consideradas como “luchonas”, “escuinclas calientes”, “pirujas” y demás adjetivos insultantes.

Uno se pregunta si alguien como él, que arrastra muchas polémicas, tiene el perfil ético y moral para poder juzgar la libertad de elección por la que están luchando las féminas. Él, que utilizó dinero del Estado que critica para producir su panfleto anti feminista, que tiene una demanda por fraude de parte del cantante Emannuel y su hijo, Alexander Hacha, porque invirtieron más de 10 millones de pesos en su productora y no han recibido ni un centavo de ganancia, entre otros escándalos que no tiene caso mencionar.

Resulta no solo anacrónico sino triste que en momentos en que las mujeres luchan en todo el mundo por su derecho a elegir sobre su cuerpo y su sexualidad, sobre el respeto y la equidad laboral, entre otras cosas, se lance un discurso maniqueo y que peor aún, se cubran sus mentiras en la máscara del respeto a la vida. Y es alarmante que la basura que difunde Verástegui esté ocupando un valioso espacio en las pantallas de cine.

Por eso es por lo menos reconfortante que cada martes, Universal Channel, esté presentando, todavía, un documento que sirve para exhibir una demagogia como la del estúpido y reaccionario activista de PROVIDA mexicano el cual es un ejercicio de odio disfrazado con palabras de amor a la vida.

Vean La ley y el orden: UVE y huyan de la porquería de Verástegui. Me lo van a agradecer.

 


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Número 34 - Octubre 2019
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