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La importancia de la HUMILDAD

Viernes, 19 de Julio 2019 - 13:30

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Julio Chavezmontes Messner

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¿Un gran salto para la humanidad?

Nuestra luna, se encuentra apenas a 300,000 kilómetros de distancia (give or take)...

Nuestra luna que no solamente ha sido inspiración de miles de poemas y de fábulas.

Nuestra luna que, si no estuviera EXACTAMENTE donde está, las mareas, las estaciones y los ciclos de la lluvia en nuestro planeta, simplemente no ocurrirían y, nosotros no existiríamos siquiera.

La tecnología que los científicos pomposamente llaman “de punta” o “de última generación”, necesita desplegar todos los conocimientos de la ciencia moderna para que un triste avión pueda volar  (nada menos) que a dos veces la velocidad del sonido...

¡Uy, que velocidad tan impresionante!

En cuanto a viajes sobre el suelo de nuestro planeta, los automóviles de Fórmula Uno representan lo más avanzado de la ciencia automotriz.

No soy fan de las carreras de automóviles que dan vueltas lo más rápido que puedan, sin más destino que su punto de partida; PERO la referencia viene al caso por lo siguiente:

Un bólido de Fórmula 1, alcanza poco menos de 350 kilómetros por hora por brevísimos instantes en las rectas de los autódromos.

Para semejante “PROEZA” la industria automovilística ha ocupado poco más de un siglo.

Para atender un auto de carreras en el máximo circuito de la especialidad, se necesitan ingenieros, diseñadores, mecánicos, comunicaciones sofisticadas, computadoras, monitores, y una infinidad de expertos en física, cinética, y otras disciplinas.

Recientemente aprendí que nuestro planeta NO SOLAMENTE gira en torno al sol a 1,700 kilómetros por hora sino que seguimos al sol en su viaje alrededor de la Vía Láctea.

Nuestro sol, al que junto con la humilde luna del Apolo XI le debemos estar vivos, además de bronceados, tarda 227 millones de años terrestres en completar  su ciclo en torno a nuestra pequeña galaxia.

Comparando las cifras cósmicas con los siglos de nuestra insignificante historia terrenal, nuestros sueños de glorias milenarias quedan pulverizados junto con la vanidad irreparable de los grandes conquistadores, de los grandes dictadores, emperadores, reyes, millonarios, estrellas de cine y de los científicos que a pesar de conocer nuestra nimiedad, se siguen dando aires de grandeza, creyendo tan solo en lo que sus ojos (que se van a comer los gusanos) pueden ver...

Si la velocidad de la rotación de la tierra en torno al sol parece abrumadora, porque además no la sentimos, (ni se tira el agua del mar por el espacio), espérese a que le diga la velocidad a la que seguimos al sol en su viaje galáctico...

¡Vamos tras nuestro astro rey en calidad de cauda de cometa, a 272 kilómetros por segundo!

Al percatarme de semejantes cifras, tengo que cuestionarme lo siguiente:

Si para mover un pedazo de chatarra de Formula 1, a paso de tortuga, se ha necesitado más de un siglo de estudios científicos; si uno de esos cacharros no podría circular sin el apoyo de un equipo de científicos y mecánicos con las mentes más brillantes; si para alcanzar 350 kilómetros por hora en un circuito, o para volar  apenas a dos veces la velocidad del sonido se ha requerido de Einsteins, Von Brauns, Heisenbergs, Marconis, Fermis y demás premios Nobel...

Yo me pregunto, si es razonable afirmar que nuestro planeta viaje por el espacio a 272 kilómetros por segundo, sin chocar, sin desviarse, sin variar jamas su ritmo, sin variar su trayectoria y sin chocar, y todo de pura casualidad...

La hazaña del Apolo XI en comparación con el vertiginoso viaje de nuestro planeta alrededor de la Vía Láctea siguiendo a nuestro sol, SOLAMENTE PUEDE SER UN GRAN PASO PARA LA HUMANIDAD, si se le mira con HUMILDAD.

La interrelación de las  cifras inimaginables  que rigen el funcionamiento del universo que habitamos, y que no es ni siquiera el único universo existente, es abrumadora.

Si a esto agregamos que millones y millones de galaxias, constelaciones, agujeros negros, gusanos de seda y una infinidad de otros cuerpos celestes, interactúan en perfecta armonía a velocidades vertiginosas e interdependientes, resulta honestamente IMPOSIBLE negar no solamente la existencia de una INTELIGENCIA ÚNICA, sino del AMOR que se expresa en una creación que no nos permitimos disfrutar.

¿La conquista del espacio?

Es mucho más importante emprender un viaje hacia el interior de cada uno de nosotros, y descubrir quiénes somos, además de permitirnos agradecer el don de estar vivos y amarnos de verdad, como es lo consistente con nuestras almas inmortales.


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Número 35 - Noviembre 2019
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