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La importancia de la crítica literaria

Viernes, 24 de Julio 2015 - 16:00

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Juan Mireles

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La crítica literaria se hace indispensable en nuestro país dada la cantidad de libros que se publican cada año, entre las editoriales independientes y comerciales, así como el nacimiento de las editoriales cartoneras, que están captando a un sector importante de autores que no han encontrado acomodo en otros espacios o porque simplemente les parece una mejor opción, debido a sus convicciones, para dar a conocer su trabajo.

Hay una importante presencia de autores nuevos en busca de espacios para publicar sus obras. El internet ha ayudado en gran parte a que esta expansión alcance a más y más escritores y poetas que están desperdigados por el mundo. El internet los ha conjuntado.

Es decir que con esta proliferación de autores, el mercado editorial ha tenido que abrir nuevas plataformas para colocarlos. Así aparecen editoriales con publicaciones digitales, cartoneras, algunas más sofisticadas que otras; editoriales independientes que buscan publicar a los escritores que por una u otra cosa no entran en la línea editorial de las llamadas casas grandes.

Todo esto va en referencia al hecho de que es cada vez más complicado ser un escritor inédito que uno publicado.

Esta democratización literaria no está del todo mal; es decir, todos tienen derecho a escribir y a publicar sus trabajos; por ello, en un sentido estrictamente literario, conviene pensar en que hoy más que nunca se necesitan críticos.

El crítico es aquel que ayuda a separar lo que vale la pena leer y lo que no. Quien lleva la antorcha dentro de la caverna. Una especie de guía que nos responderá las preguntas de por qué vale la pena leer y qué obras son imprescindibles.

Sin los críticos caemos en el riesgo, no ahora, sino en el futuro, de ya no saber qué literatura vale la pena conservar y qué otra carece de los elementos suficientes para mantenerse entre los lectores.

Todo será una amalgama de obras buenas y malas sobre las que los lectores caminarán. Siendo así, grandes autores desconocidos junto con sus obras correrán el gran riesgo de quedar dilapidados entre los “demasiados libros”.

Es cierto que el entierro de obras importantes ha ocurrido siempre. Solamente hay que pensar en autores como Rafael Bernal o Gustavo Sainz que para la mayoría de los lectores pasaron desapercibidos. Sin embargo, hubieron editores y críticos que no los dejaron morir y por ello podemos encontrar sus obras, todavía.

Si bien en años anteriores había demasiados libros, no se puede comparar con lo que estamos viviendo ahora, donde la cantidad de obras que aparecen anualmente, no logran sino hacernos pensar que hay más escritores que lectores: hay mayor cantidad de gente con ganas de decir cosas que otras por escucharlas.

Porque el lector también se nubla con tal cantidad de libros. La pregunta básica de toda persona que quiere empezar a leer es, ¿qué leer? ¿Por dónde empezar? Llegar a una librería es sumergirte en un barril sin fondo. ¿Dónde caer? En estas preguntas muchos potenciales lectores se pierden, desde ahí se origina el problema de la lectura en México.

Si carecemos de voces críticas, de peso, que no estén interesados en las relaciones públicas culturales sino que su opinión sea por un sentido de amor a la propia preservación de la buena literatura, entonces habrá que pensar muy seriamente en dejar la adulación cursilona y el aplauso hipócrita o la lambisconería entre escritores para empezar a separar la buena de la mala literatura. Es una de las opciones que hay para comenzar a ejercer verdaderas críticas literarias.

Si deseamos que la literatura mexicana mantenga y supere sus estándares, debemos recuperar la crítica; y la posición de la obra sobre el autor y no al revés como sucede ahora.

La obra es la tiene que hablar por el autor. Su literatura le dará su lugar en el mundo literario.

La fascinación por el nombre del autor y el de la figura de éste, es uno de los grandes males por lo cual la crítica literaria se ha ido desvaneciendo. No sobra decir que la crítica es formativa y provoca la creación de mejores obras, mejores autores.


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