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Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico o las cadenas invisibles

Viernes, 05 de Junio 2020 - 12:20

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Luis Felipe Jurado

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Después del incidente de George Floyd y el reinicio de las protestas raciales en Estados Unidos, fue curioso que Anonymous, el grupo clandestino de hacktivistas más influyente del mundo, reapareciera después de muchísimo tiempo de permanecer en silencio. Su retorno se dio debido a que no les gustó la radical respuesta del gobierno del país, encabezado por Donald Trump y comentaron que empezarían a develar documentos que no les favorecería para nada. La primera revelación fue un PDF con una supuesta libreta de contactos (Black List o directorio) perteneciente a un tal Jeffrey Epstein, quien involucraba en sus negocios a muchísimos famosos y entre ellos, al mismísimo presidente naranja de EEUU. El problema es que Epstein estuvo involucrado en uno de los más escandalosos casos de corrupción y pedofilia que se haya dado en el mundo. Y si quedaban dudas de quién ch%”$!2 es ese señor, Netflix presenta una docu-serie basada en las gracias de este hombre, Jeffrey Epstein: Asquerosamente rico (Jeffrey Epstein: Filthy Rich, Lisa Bryant).

Dividida en 4 capítulos, el documental se centra en las investigaciones que se venían intentando cerrar desde mediados de los años 90 en contra del enigmático millonario, mismo que entre otros negocios, fue socio de Victoria Secret. En ellas se encuentran diferentes casos de abuso a mujeres, la mayoría menores de edad, pero poco a poco se va destapando la cloaca de una probable red de prostitución y pedofilia, que tiene como probables clientes, entre otros, al Príncipe Andrés de York. El problema es que a pesar de que se realizan varios intentos por llevarlo ante la justicia, siempre hay algo que entorpece o tira los casos.

En términos técnicos, el trabajo no aporta nada novedoso, incluso, se puede decir que es bastante convencional en la forma en que se presenta, muy en la línea de la empresa o del canal ID, pero a diferencia de otros trabajos similares, su ritmo es muy ágil y debido a lo extenso de la información, quizá hubiera requerido uno o dos entregas más. Los testimonios de las víctimas son conmovedores, aunque la revelación de información se siente un poco fragmentada, como si el documental intentara no correr demasiados riesgos legales.

Uno de los motivos por el que se pudo llevar a juicio al millonario fue el surgimiento del movimiento #MeToo, el cual permitió que algunas de las incontables afectadas por el oscuro empresario pudiera alzar la voz libremente, gracias a que al posicionarse en redes el asunto, se volvió prácticamente imposible que Epstein se saliera con la suya. Sin embargo, de forma muy sospechosa y conveniente, el perverso pedófilo apareció muerto en su celda, aparentemente por su propia mano.

Los documentos filtrados por Anonymous involucran entre los conocidos del millonario a gente como Phill Collins, Mick Jagger, Naomi Cambell, Edward Kenedy, Bernie Eclestone, Alec Baldwin, Charles Spencer (hermano de Lady Di), Kevin Spacey, entre muchos más. El documental, así como las listas, incluyen a dos presidentes de Estados Unidos, Bill Clinton y Donald Trump, los cuales fueron a su isla privada en varias ocasiones y tuvieron nexos con él por años; sin embargo, ambos dicen que rompieron vínculos con él desde mucho tiempo atrás. Incluso, en el telefilme se juega con la teoría que alguno de ellos tuvo que ver con el extraño suicidio de Epstein. No obstante, no va más allá de insinuarlo, pero no sería raro, dado las veces que esto ha ocurrido en la historia, además de lo conveniente que sería, debido a que si el criminal hablara de más para buscar un trato, muchos de los que estuvieron coludidos con él, podrían acabar acompañándolo en su celda.

En sí el trabajo de Lisa Bryant no comenta nada fuera de lo común; por desgracia, no es la primera ni la última vez que se habla del tema. Es curiosa la manera en que el caso se asemeja a otros que han dado la nota en los últimos años, específicamente desde mediados de los noventa. Lo de Epstein tiene muchos puntos en común con, por ejemplo, el clan Trevi/Andrade. También hay un abusador de menores que las esclaviza y chantajea para obligarlas a estar con él, hay una cómplice que fue una más de sus víctimas, a las cuales utiliza para reclutar a otras más. Y lo más doloroso, de igual forma es un secreto a voces y hay gente poderosa detrás, que no sólo lo solapa, sino que se aprovecha de ello.

Hace unas semanas, la serie de TV, La ley y el orden: UVE, retrató a su manera el caso, enfocándose en las dificultades existentes para poder llevar a juicio al millonario. Al ver los dos capítulos que se hicieron sobre esto, uno pensaba en otros más antiguos, que trataban temas similares, en los que los que tienen la superioridad económica y de poder, actúan al favor de los delincuentes, por miedo de perder dinero, prestigio y sobre todo, su vicio preferido. Y tristemente, es algo más que común y que no pierde vigencia en la vida real. Al final, a pesar de que la realizadora intentó dar un mensaje de esperanza, por desgracia, la realidad es otra cosa. No solo porque al final quedaron impunes todos los involucrados, sino porque el de Epstein es solamente una mancha más del tigre.

Los documentos de Anonymus se sumaron a grabaciones atribuidas a Michael Jackson, quien supuestamente le cuenta a su representante que tiene miedo de que lo maten y lo hagan pasar por un suicidio o una sobredosis de drogas, que son personas importantes y que él sabe quiénes son y a lo que se dedican. Destapa también que Justin Bieber pudo ser víctima de abuso infantil, que Ladi Di fue asesinada porque iba a descubrir información sobre el tráfico sexual de niños y toda la corrupción la familia real, entre otras cosas que según comenta el grupo de activistas, irán apareciendo en estos días. Todo esto, obviamente, involucra a una red de pedofilia de la cual quizá –y no sería raro– podría tener entre sus miembros a Donald Trump.

Sin duda, el que ambas cosas hayan aparecido casi al mismo tiempo no es una simple casualidad, y no me refiero a que pudo ser una campaña orquestada para poner el ojo en la producción de Netflix, sino a que es parte de lo que cada día se va presentando. En un mundo encerrado por la pandemia del Coronavirus, en el que internet, la televisión y el teléfono celular se han transformado en muchos casos en el único modo de tener contacto con el exterior, es lógico que lo que antes era poco observado debido el vertiginoso ritmo de nuestras vidas, hoy sea visto con más atención. Y es por eso que las cadenas que unen uno a uno a los abusos del poder y la economía pueden estar a la mira. El caso Epstein representa algo más que un simple caso de abuso a menores: representa que las cosas deben cambiar, que no hay nada nuevo y que todo se puede manipular.

Un documental fuerte pero muy necesario.

https://www.youtube.com/watch?v=I3fRavazDgQ

 


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