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Felices vacaciones

Viernes, 19 de Abril 2019 - 09:00

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Julio Chavezmontes Messner

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Las iglesias vacías o casi vacías, y las playas llenas en estos días no son ninguna novedad.

Desde la Última Cena, Nuestro Señor Jesucristo dijo que San Pedro lo negaría tres veces, antes que el gallo cantara, y así fue.

Sin embargo, Pedro se arrepintió y vivió para dar testimonio de la resurrección de Cristo y para ser la piedra fundamental de la Iglesia.

De todos los apóstoles y discípulos de Jesús, solamente Juan estuvo a su lado en el calvario.

Así eran las cosas entonces, y así han seguido siendo; y no nada más en México.

¿A qué se referiría Juan Pablo II, cuando hablaba de un México siempre fiel?

Se refería al México real;  al que habita en el corazón de cada uno de nosotros.

Es verdad que este fin de semana, las playas estarán atestadas de gente ávida de divertirse.

Esta noche, (noche de Viernes Santo),  las discotecas estarán a reventar de “católicos” estilo yo.

Aquella tarde, hace más o menos 2,000 años, estábamos celebrando en familia la pascua, sin recordar que pocas horas antes, habíamos crucificado a Jesucristo, que según nuestra fe es Dios y hombre verdadero.

Jesús les pidió a los apóstoles que fueron al huerto de Los Olivos con él después de la cena, que se mantuvieran en vela y rezaran para no caer en la tentación.

La invitación a rezar, sigue vigente; pero nosotros, al igual que aquellos apóstoles, somos vencidos por el sueño por muy católicos que seamos (los que decimos ser).

Por eso preferimos las hamacas de una playa, que el “aburrimiento” de andar en procesiones y rezos.

Por eso hemos olvidado que fuimos capaces de levantarnos contra los  perseguidores de la Iglesia Católica en la Guerra Cristera, (1926-1929) y que estuvimos a muy cerca de ganar y derrocar al mal gobierno.

Sin embargo, estoy seguro que aun cuando hubiéramos ganado y depuesto a Calles y frenado a  Obregón, el México de hoy, no sería muy distinto del que somos ahora.

La Guerra Cristera se terminó hace 90 años.

Después de tanto tiempo, pocos sabrían de aquella lucha heroica, como pocos mexicanos saben que sucedió.

La combinación del tiempo y el olvido nos hubieran traído a este Viernes Santo de playas llenas e iglesias vacías.

En esta ocasión, creo apropiado transcribir y compartirles el artículo 3º de la Constitución Federal Mexicana de 1824, que a la letra dice:

Art. 3º. “La religión de la nación mexicana es y será perpetuamente la Católica, Apostólica, Romana. La nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquiera otra.”

¡Quién lo dijera!

Es toda una sorpresa, ¿verdad?

La conversión a la religión católica, por cierto,  era una de las condiciones impuestas por México a los gringos que pedían ser admitidos para residir en nuestros territorios del Norte en los primeros años de nuestra  independencia.

Es evidente que los gringos jamás se convirtieron al catolicismo, pero eso sí; se robaron California, Nuevo México y Texas.

No deja de darme  risa,  que muchísimas ciudades y poblados de esas provincias mexicanas, siguen llevando  los nombres de Nuestro Señor Jesucristo, de la Virgen María y de muchísimos santos de la Iglesia Católica.

Nuestra Señora Reina de Los Angeles;  Corpus Christi, San Antonio, Santa Bárbara, San Clemente, San Jacinto, San Luis Obispo y un larguísimo e inamovible etcétera.

En este Viernes Santo, no me preocupan las apariencias de frialdad religiosa, con playas llenas  e iglesias vacías.

Sé que la fe de nuestros padres, permanece encendida en muchísimos hogares, y que a la hora de la hora, somos un pueblo compasivo, esperanzado y de una innegable fe.

Somos un pueblo dispuesto y presto a levantarse cuando hace falta; un pueblo que le echa agua a los frijoles para compartir con hermanos en dificultades, o se hace cargo de los hijos de algún vecino fallecido; un pueblo capaz de erigirse en auto-defensas, o de levantarse de plano en armas,  cuando las promesas incumplidas  o los abusos  de los políticos nos llenan el saco de piedritas.

En Mexico nunca sucede nada, hasta que sucede; porque aquí, el valiente vive, hasta que el cobarde quiere.

La Villa de Guadalupe es la mejor evidencia de la realidad espiritual de México.

Guadalupe fue nuestra primera bandera de libertad;  fue la bandera de los zapatistas y de los Cristeros.

Cuando me preocupa el olvido de nuestros valores, y la degradación planificada, fruto de la agenda global introducida a escondidillas en nuestras leyes e instituciones,  me consuela el ejemplo de San Dimas, que es el  primer santo canonizado de la Iglesia Católica.

Aquel ladrón bueno, crucificado junto a Jesús,  que compartió con Él su tormento y muerte, le dijo:

  • Señor: Acuerdate de mí, cuando estés en tu reino.

Y Jesús le respondió:

  • En verdad, en verdad te digo, que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.

Cristo  vino a salvar a todos y cada uno de nosotros, de manera individual; no a granel.

Cuando pienso en las playas llenas, recuerdo la parábola del publicano y el fariseo.

El fariseo no salía del templo; daba limosna ostentosamente; se sabía la ley de Dios de memoria, pero NO tenía compasión.

En cambio el publicano, era humilde, sincero, arrepentido y generoso. Era un pecador, pero capaz de AMAR.

Los fariseos y doctores de la ley que crucificaron a Jesús, practicaban una religión de fórmulas y protocolos,  y se la pasaban en los templos, pero SIN AMOR.

Como dice San Pablo en su maravillosa 2ª Carta a los Corintios: Si no tengo amor, no soy nada.       

En este Viernes Santo, quiero recordar la definición de Santo, que hacia Nelson Mandela:

“A saint is a sinner who keeps on trying.” (1)

Que Dios bendiga a nuestra patria que lo ama, y que nuestra Madre la Virgen de Guadalupe,  siga siendo nuestra bandera, nuestro consuelo y nuestra guía.

Felices vacaciones.

  1. Santo es un pecador que no se rinde.

Lo importante no es NO caer,  sino levantarse  siempre.

 


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Número 34 - Octubre 2019
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