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Facundo Cabral, justo a tiempo

Viernes, 17 de Julio 2015 - 16:30

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Luisa Ruiz

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Si por algún hueco del universo pudieras asomar el rostro y nos permitieras escuchar tu última composición, los acordes de tu guitarra y tu voz sonarían sin ecos como lluvia fresca en el verano y caería sobre el hombro del mundo la resignación pronta de tu ausencia.

A cuatro años tu partida resuena y me invento la apología última de la vida que no alcanzaste a escribir:

“Mi muerte fue dictada por la mano divina porque los dioses no tenían ganas de que yo viviera el mañana. Ya de dolores tuve muchos y de sinsabores escribí  versos, de lágrimas se llenaron mis tazas de café y los tarros de cerveza.

“Colmé de surcos con pasos agigantados o de pies juntillas los inmensos caminos que recorrí. Ya de amigos se habrían llenado mis soledades y de poemas y textos mis libretillas. Ya de risas y carcajadas sonoras se desbordaron mis tertulias  y de romances hermosos mi cama. Mis deseos complacidos y mis sueños realizados, mis palabras esparcidas y mi voz entregada sin recelo a la tierra. Mi libertad liberada y mis brazos abiertos atraparon inmundicias, pesares, el regocijo y la quietud.

“En el trayecto y el alboroto de mi algarabía por vivir compartiendo los frutos que la experiencia me regalaba, se me pegaron los bichos, me comieron los mosquitos, me caminó encima una cucaracha, me senté en mil hormigueros, me atacaron las abejas y me comí sin querer, un demonio llamado cáncer.

“A nada le huí porque todo era mío y a lo mío siempre le abracé y le consentí.

“Para ser honesto, a ése demonio también quise tenerle amor y quise abrazarlo fuerte pensando que podía apachurrarlo y así desaparecería para siempre.

“Pienso que mis días a partir de mañana anunciaban otros pesares, otro sabor en las lágrimas, otros dolores, una calvicie inminente y una ceguera total. Anunciaban los siguientes días que pronto estaría postrado porque mis piernas no habrían de sostenerme más y con angustia pienso, mi voz se habría silenciado.

“De haber vivido mañana, mis huesos y mi cuerpo lánguido habrían quedado expuestos en compañía de una respiración entrecortada esperando la muerte. Lúcido y sano abrí la puerta a mis amigos y también la cerré a placer para quedarme en compañía de mi amiga la soledad.

“Estando postrado y a merced de mi demonio caprichoso, la puerta habría estado abierta en contra de mi voluntad para darle paso a un séquito de personas que se arremolinarían, muchos de ellos, esperando solo llevarse de mi lecho la última escena de mi vida.

“Quizá se habría publicado mi imagen como nadie habría querido verme porque los seres humanos gustan de sentir lástimas que uno no necesita. Sin yo saberlo, habrían hecho un montón de homenajes a los que ni siquiera habría podido asistir.

“Una escena fastidiosa he dibujado, sin embargo sé que eso habría sido más temprano que tarde y los dioses decidieron que yo caminé suficiente, que respiré todo el aire que fui capaz.

“Una voz divina me dijo que eso de quedarme acostado, desintegrándome en vida, no era para mí. Una mano me llevó bruscamente, sí, y tenía que arrebatarme rápido antes de que todo lo anterior sucediera”

El amigo que palmeaba mi hombro y acariciaba mi mejilla desde de un reproductor de música  se ha ido del mundo éste, no se ha ido de mi mundo que sigue buscando riqueza en sus palabras, que sigue inventando por él, canciones que nunca escribió. Yo nunca estuve en su mundo sin embargo, él dejó una pieza de su mundo en el mío.


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Número 35 - Noviembre 2019
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