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Entrevista al Actor Juan Antonio Edwards

Viernes, 03 de Junio 2016 - 19:00

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Claudia Blix

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¿Quién es Juan Antonio Edwards?

Soy un cuate que está medio loco, vivo en otra dimensión, y estoy en este medio un poco por casualidad y otro poco por mi mamá, ella hubiera querido pertenecer a este mundo, y  de alguna manera sí perteneció porque fue pintora de cabecera de los Avila Camacho y estudió con Diego Rivera, la vena artística siempre ha estado en mi familia,  mi abuelo materno escribía obras de teatro y las presentaba en la sierra, era dentista y no le gustaba estar en un mismo lugar, le hizo a mi mamá instrumentos de magia y ella era la maga del show.

Mi papá era gringo, fue héroe de guerra, y estuvo en un campo de concentración, era medico, y en un poblado de la sierra de Oaxaca conoció a mi mamá, este matrimonio duró hasta que murió mi padre cuando iba yo a cumplir 17 años.
 

¿Cómo americano qué fue lo que te heredó en cuanto a temperamento  tu papá?

El orden, lo cuadrado y lo honrado.

Mi mamá era diferente, muy decidida, por ejemplo logró conocer a Pedro Infante, mis padrinos de bautizo fueron Cantinflas y como se escribía con la duquesa de Alba, ella fue mi madrina de bautizo por poderes, con Cantinflas tuve relación y con la duquesa de Alba me carteaba pero nunca la llegué a conocer, mi mamá sí la conoció.

A los tres años mi mamá me metió como actor en una película llamada Santa Claus que la protagonizó el actor José Elías Moreno, ahí mi madre se presentó con todos los productores, y luego hice Días de otoño con Pilar Pellicer y López Tarso; también tuve una participación en una película de Luis Buñuel que se llamaba El ángel exterminador a los cinco años de edad.

En las películas de antes te consentían mucho, ahora eso ha cambiado.

Me acuerdo que hice otra película Cri Crí el grillito cantor, y recuerdo que Gabilondo me decía: “Si te sale bien la escena te voy a regalar un carrito”, Cri cri tenía un ángel del tamaño del mundo, otra película que recuerdo en la que participé fue El santo contra los marcianos.

Trabajé con Ricardo Montalbán y Tin tan, se hacían películas gringas aquí en México, también hice un capítulo de la serie de Tarzán.

¿Qué diferencias encuentras de trabajar con americanos o mexicanos?

El tipo de trabajo gringo es más exacto, y el mexicano resuelve muy rápido, por ejemplo si los americanos piensan que las nubes no están como quieren, se corta la grabación hasta el siguiente día, en cambio los mexicanos dicen: “Ahorita ponemos las nubes a ver cómo y ya”.

Pero en cuanto al cine de antes en cualquier país se respetaban las jerarquías, y hoy en día ya se acabó ese respeto. En los últimos años no he hecho cine.
 

Hablemos de teatro, cuéntame de la obra de teatro 11 y 12 que hiciste con Chespirito y que duró 17 años.

Primero te cuento como conocí a Chespirito, estaba yo en Colombia filmando una película y escuché un anuncio en el que decían que se presentaba El show del chavo, y empecé a buscar a Edgar Vivar y a María Antonieta de las Nieves en los mejores hoteles porque los conocía, fui al hotel para cenar con ellos, y llegaron Roberto Gómez Bolaños y Florinda Meza a la cena.
 

¿Qué impresión te dio Chespirito al principio?

Era muy serio, no hacía muchos comentarios y cuando los hacía le salían con humor, un cuate muy culto, la mayoría de los genios o son serios o son neuróticos, son diferentes a todas las personas.

Decía: “Yo escribo lo que yo quiero, a la hora que quiero, en el momento que me obliguen hacer algo los mando por un tubo”.

¿Cómo era tu relación con Chespirito?

Buenísima, de mucho cariño entre Florinda, Roberto y yo, una amistad que duró muchos años.

En una ocasión yo leí el libreto de la obra 11 y 12 y le dije a Roberto que estaba muy buena, que la deberíamos de hacer, pero él no quería hacer teatro, decía: “Eso de hacer lo mismo todos los días no es para mí”.

Al principio no había mucho público para la obra, dábamos funciones con veinte personas, Florinda decía que estábamos perdiendo mucha lana, yo le decía a Roberto que aguantáramos que esto iba a pegar, y quedamos en que llegábamos a las 100 representaciones y a ver qué pasaba, y fue aumentando poco a poco el público, y un día antes de las 100 representaciones estaba agotada, de ahí fueron 144 funciones agotadas consecutivamente, de martes a domingo.

Los únicos actores que dimos todas las funciones por 17 años fuimos Roberto y yo. 

¿Alguna vez te aburriste de hacer todos los días el mismo papel?

No, era un papel que escribió Roberto para Mauricio Garcés y era divertido.

¿Qué piensas de la cultura de ir al teatro en la actualidad?

Llevamos tres generaciones que se ha perdido la cultura del teatro, hasta los años ochentas más o menos, se vestían formalmente.

Ahora ha cambiado, se visten como quieren los que van (y eso no importa con tal de que vayan), ojalá la gente llevara a sus hijos más, en lugar de que estén entretenidos con un iPad.

Por estadística el 70% de los habitantes de este país nunca han ido al teatro.

¿En qué otras obras de teatro te ha gustado actuar?

El avaro de Moliere, la misma obra la hice con dos actores diferentes, primero la hice con López Tarso, y luego con Inclán, en la primera yo hacía del novio de la hija y en la segunda hacia del hijo del avaro.

La obra del Diario de un loco, la perseguí por muchos años, la vi con el actor Carlos Ancira varias veces, y cuando yo la puse me trate de olvidar de Ancira para darle un toque personal, para no imitarlo, por qué es peligrosísimo que te estés comparando con un señor que fue un genio.

Me traje al personaje del loco del año 1830 al 2016, un día la presenté con jeans y al productor Gerardo Quiroz le gustó y me pidió que siempre la presentara así, otra cosa que cambié fue que en mi propia versión salen más actores.

Otra obra que me marcó fue El principito la hice a los 11 años, la estuve presentando como dos años en las secundarias.

CONTINUARÁ…


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Número 34 - Octubre 2019
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