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El ropero de la abuelita

Martes, 27 de Febrero 2018 - 15:00

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Elizabeth Cruz Ramírez

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El mes dedicado a la celebración del amor y la amistad, llega a su fin y para cerrar con broche de oro daremos un vistazo a esa expresión amorosa que hace tiempo se utilizó para conquistar corazones: la carta con sus diferentes tipos, usos y evolución, así como su fiel emisario: el correo.

En la escuela aprendemos algo tan básico como que la carta es un medio de comunicación escrito por un emisor (remitente) y enviado a un receptor (destinatario) cuya existencia data a partir del invento de la escritura; la historia en Wikipedia nos revela que algunas cartas de la tradición babilónica fueron fechadas en 1800 a.C. y que, en la época grecorromana las cartas se escribían con tinta en hojas de papiro que se enrollaban y ataban con cordones, lo cual marca también los inicios de un sistema de correo. En México, durante la época prehispánica, el correo (que se deriva de correr) consistía en personas que iban de una localidad a otra y no fue, sino hasta 1907, que el general Porfirio Díaz inauguró el emblemático edificio del Servicio Postal Mexicano cuyas funciones se han visto mermadas con la aparición del correo electrónico pero que aún sigue brindando servicio, además de ser un atractivo turístico.

Además de ser un ícono romántico, las cartas son un documento que sirve de sustento histórico por su contenido; por ejemplo, antes de la modernidad, los científicos intercambiaban cartas y de esa forma, hacían divulgación e intercambio científico. Los políticos, artistas, intelectuales, activistas y amantes también han utilizado el intercambio de cartas como algo de lo más común durante siglos, entre otros personajes célebres.

Una carta se redacta considerando ciertos elementos importantes como son: encabezado (fecha, y datos del destinatario), saludo (una frase breve que puede ser coloquial o formal según el asunto de la misiva), cuerpo de la carta (exposición del tema a tratar), despedida (se realiza al final como remate del documento) y firma (nombre y en su caso, rúbrica del remitente). Existen tantos tipos de carta como asuntos se nos puedan ocurrir; entre otros: carta de recomendación, carta renuncia, carta poder, carta solicitud, carta notarial. En el caso de una carta personal, el lenguaje es más coloquial y se caracteriza por su carácter íntimo pues la intención es expresar un sentimiento, cualquiera que este sea.

Los avances tecnológicos nos han permitido acortar distancias para comunicarnos entre distancias largas; sin embargo, para quienes no gozan de los recursos necesarios, todavía sigue siendo funcional el envío de una carta y también, hoy existen sistemas de mensajería más veloces y de esta forma, el correo electrónico ha llegado para quedarse por muchas generaciones y los mensajes empiezan a convertirse en evidencia sustentable ante una auditoría administrativa o un asunto jurídico, lo que en argot de oficina significa “tener un respaldo” pues todo queda por escrito y el historial de intercambio de mensajes queda registrado en el mundo virtual. Amo los correos electrónicos pero la emoción que producía el sonido del silbato del cartero del barrio no tiene comparación, lo tangible nunca estará pasado de moda aunque seamos unos chuchos cuereros de la tecnología.

Para finalizar, les comparto unos extractos de las cartas más memorables de la historia:

De: Groucho Marx

Para: Jack y Harry Warner (Warner Bros.)

Fecha: 1946

“Queridos Warner Brothers. Al parecer hay más de una forma de conquistar una ciudad y de mantenerla bajo el dominio propio. Por ejemplo, hasta el momento en que pensamos en hacer Una noche en Casablanca, no tenía ni idea de que dicha ciudad perteneciera exclusivamente a ustedes. Sin embargo, pocos días después de anunciar nuestra película recibimos su largo y ominoso documento legal en el que se nos conminaba a no utilizar el nombre de Casablanca…”

De: Lewis Carroll

Para: Gertrude Chataway

Fecha: 1876

“Mi muy querida Gertrude: Usted estará apesadumbrada al oír la extraña enfermedad que tengo desde que se fue. Mandé buscar al doctor y le dije: “Deme una medicina, porque me siento cansado”. Él me replicó: “¡Estupideces! Usted solo necesita dormir”. “No es esa clase de agotamiento. Mi rostro trasunta cansancio”, dije. A lo que él añadió: “¡Oh!, es su nariz la que está cansada”. “No, no es la nariz. Quizá sea el pelo”, reflexioné…”

De: Jack, El Destripador

Para: El detective de Scotland Yard George Luck

Fecha: 1888

“Desde el infierno. Señor Lusk, le adjunto la mitad de un riñón que tomé de una mujer y que he conservado para usted. La otra parte la freí y me la comí; estaba muy rica. Puedo enviarle el cuchillo ensangrentado con que se extrajo, si espera un poco. Atrápeme cuando pueda, señor Lusk.”

De: John Dillinger

Para: Henry Ford

Fecha: 1930

“Mr. Ford Permítame que le felicite. Fabrica usted los mejores coches para huir de la poli tras un atraco.”

De: Ernest Hemingway

Para: Marlene

Fecha: 1947

“Te estás poniendo tan hermosa que tendrán que sacar fotografías de tu pasaporte de 2,7 metros. ¿Qué es lo que realmente quieres hacer en tu vida? ¿Romper el corazón de todos por una moneda de diez centavos? Siempre podrías romper el mío por una de cinco centavos, y yo pondría la moneda.”


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Número 30 - Junio 2019
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