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El día de la unión (de los críticos vs. Kuno Becker)

Viernes, 28 de Septiembre 2018 - 15:00

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Luis Felipe Jurado

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  • La cinta sobre el terremoto de 1985, se hunde en un tsunami de críticas

Los que (sobre)vivimos el terremoto del 19 de septiembre de 1985 tenemos una visión entre pesadillesca e idílica del evento y la época en que ocurrió, quizá porque nos jactamos de ser la generación que se levantó de entre el polvo de la destrucción, como el ave fénix y porque, afortunadamente, pasaron más de 30 años para que se viviera otro sismo tan destructivo. Kuno Becker – uno de esos extraños misterios del espectáculo, porque no es ni muy guapo, ni muy talentoso, ni muy inteligente y mucho menos carismático – realizó una producción que intenta homenajear al pueblo mexicano que se unió en esos eventos y por desgracia, fracasa en el intento.

El día de la unión (2018) es una cinta que si hubiera sido producida en 1985, estaría en la marquesina del Cine Regis el día del sismo que representa, es decir, se desplomó en toda su gloria. Por desgracia, la crítica no requiere un muy profundo análisis y hasta un estudiante de 1er. semestre de Comunicación, en su primer día de clases, podría darse cuenta que lo mejor que tiene son la secuencia del terremoto y la muy cuidadosa ambientación. Cuenta con un elenco totalmente desperdiciado, excepto Armando Hernández, que por el contrario, parece despertar del coma histriónico que sufre desde De la calle (2001, Gerardo Tort) y logra una actuación coherente y sin sobreactuar. Becker, desafortunadamente, no tiene brújula y cae en el error más común en los actores que se autodirigen y tiene, junto a Aurora Papile, uno de los desempeños más pobres del trabajo. Decía Woody Allen que en estos días, cualquiera con un poco de sentido común puede dirigir una película, ya que con tantos especialistas tan buenos que existen no se necesita ni siquiera saber el oficio. El problema es que aparentemente, Becker creyó ser experto en todo y fracasa duramente en… todo: No funciona la edición, el guión está mal escrito y lleno de clisés, la dirección es confusa, atonal y anticlimática, y sobre todo, en cuestión de relaciones públicas, parece que el también actor encontró su verdadera tragedia.

Hace unos días, el youtuber y crítico de cine Kristoff Raczynski, despotricó contra la película diciendo que “Kulo Becker” – como llamó al hombre orquesta – lo único que buscaba era sacar dinero de la desgracia ajena y que era un asco. Ni tardo ni perezoso, el aludido, se enfrascó en una guerra de tuits con el comunicador, exhortándolo a suicidarse. Posteriormente, al ser cuestionado por esta situación, dijo de forma muy grosera, que él le contestó a su agresor para generar ruido y así conseguir que más gente se fijara en la cinta. La extraña forma en que dice que está haciendo campaña para que conozcan la cinta, no parece dar mucho resultado, porque por lo menos cuando yo asistí, la sala estaba vacía, aunque había algo de gente en el cine pero viendo otros filmes.

Ahora, si bien Raczynski no es el único que ha hecho una crítica mala – yo, por ejemplo, estoy haciéndolo en este momento – resulta sospechoso que haya sido precisamente hacia él que explotó. Uno de los primeros que defendió a Kuno fue el chismólogo Daniel Bisogno, quien en el programa Ventaneando y en su columna de periódico, comentó que él, Becker y Raczynski estudiaron juntos actuación y que fueron grandes amigos. Lo raro es que precisamente su “ex-amigo” haya sido el que lo atacó, además que – bendita casualidad – semanas antes había participado en otro enfrentamiento similar con su coprotagonista, Armando Hernández, lo cual se supo cuando circuló un video de los dos peleando, en este caso, porque en el tráiler preventivo de la cinta se habían usado escenas que correspondían al terremoto del año pasado. Igual que con lo ocurrido con Kristoff, al ser interrogado por la prensa, dijo que fue algo planeado para hacerle “publicidad” a su opus mierdum. Además, para rematar, su actitud hacia los periodistas deja mucho qué desear, mostrándose grosero, prepotente y evasivo. Lo que aparenta con esta extraña campaña promocional es que, o Raczynski le hizo el favor de hablar mal de El día de la unión y se enfrascaron en una pelea armada para ganar notoriedad o que El ego del protagonista de Goal! The Dream Begins (2005, Danny Cannon) no le permite aceptar que fracasó triste y dolorosamente en el intento de hacer una versión azteca de World Trade Center (2006, Oliver Stone) y terminó realizando el remake millennial de Trágico terremoto en México (1987, Francisco Guerrero), aunque esta última – y no es sarcasmo – con todo y sus limitaciones, resulta una obra maestra en comparación.

El penoso desastre ha inspirado varias producciones, con mayor o menor fortuna, como Trágico terremoto en México, 7:19 (2017, Jorge Michel Grau), El niño y el Papa (1986, Rodrigo Castaño), Terremoto en méxico (2000, Matías Gueilburt), El sueño de Luisa (2010, cortometraje, Carlos Dávila), Bajo los escombros (2005, cortometraje, Carlos Dávila), El día de los albañiles 3 (Y dónde te agarró el temblor) (1987, Gilberto Martínez Solares), entre otras, de las cuales, hasta el momento, la que lo refleja de mejor manera es esa dolorosa joya, llamada No les pedimos un viaje a la luna (1986, María del Carmen de Lara). Tristemente, no ha llegado la definitiva, la que sea emblemática, como Rojo amanecer (1988, Jorge Fons) lo es al 68. Y triste es también que El día del temblor se desplomó como un edificio que tenía en sus entrañas la carrera de Kuno Becker.

 


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Número 30 - Junio 2019
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