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El Arte no es función de nada

Lunes, 24 de Junio 2019 - 13:10

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José Enrique Gómez Álvarez

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Es muy común que se defienda que el arte tenga que tener una función social determinada. Así, se busca que las artes, las bellas artes, tengan que cumplir necesariamente papeles sociales o educativos. Cuando se desvían de esos propósitos deben rechazarse. Platón, por ejemplo, cuando habla de ciertos poetas señala:

-Es manifiesto, por tanto, que el poeta imitativo no está destinado por naturaleza a ese elemento del alma ni su ciencia se hizo para agradarle, si ha de ganar renombre entre la multitud, sino para el carácter irritable y multiforme, que es el que puede ser fácilmente imitado.  -Manifiesto. -Con razón, pues, la emprendemos con él y lo colocamos en el mismo plano que al pintor, porque de una parte se le parece en componer cosas deleznables comparadas con la verdad y de otra se le iguala en su relación íntima con uno de los elementos del alma, y no con el mejor. Y así fue justo no recibirle en una ciudad que debía ser regida por buenas leyes, porque aviva y nutre ese elemento del alma y, haciéndolo fuerte, acaba con la razón a la manera en que alguien, dando poder en una ciudad a unos miserables, traiciona a ésta y pierde a los ciudadanos más prudentes (1).

Dicho, en otros términos, que debe de servir para la verdad y si aleja de ella es despreciable. Eso es un tremendo error. En sí mismo las artes no sirven para nada, es decir, no son instrumentos de nada como tal. Cuando se ha intentado instrumentalizarlas se les convierte en esclavas de las ideologías y del poder en turno. Que el arte puede servir para protestar, por ejemplo, es una verdad obvia. De cualquier forma, podemos protestar con lo que sea, sin que por ello convierta el objeto o la acción en el fin propio de ella.

Algo análogo sucede con la Filosofía. Ese intento de hacera pasar como un instrumento para algo le hace flaco favor. La reflexión filosófica es fin en sí misma; busca reflexionar sobre las características últimas de la realidad por el hecho de adentrase en el conocimiento de la misma, sin que se convierta en algo útil. Es inquietante quererla justificar por su utilidad. Es comprensible que para efectos laborales se realice eso, pero estrictamente la filosofía como tal, busca el conocimiento por el hecho de saber. Que lo anterior puede servir para algo, pues es quizás cierto, pero accidental al filosofar.

El arte puede gustar o disgustar, eso no se discute, pero no busca como tal hacer algo para otro fin. En ese sentido a alguien le puede parecer aberrante ciertas manifestaciones del arte contemporáneo, porque “no instruye al pueblo”. Esas son ideas peligrosas. El arte se sirve a sí mismo y puede producir, o no placeres o reflexiones con los que se interactúa. El arte así puede gustar o no, pero no es ningún papel externo al mismo lo que lo justifica.

  1. La República, 605a-b Tomada de: http://www.xtec.cat/~mcodina3/Filosofia2/la%20republica.pdf

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Número 35 - Noviembre 2019
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