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Desmenuzando la comunicación

Martes, 05 de Abril 2016 - 16:00

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Elizabeth Cruz Ramírez

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Para quienes no están familiarizados con el estudio de la comunicación, escuchar a alguien decir que “todo comunica” equivale a una exageración. La comunicación, ese proceso tan simple que no es otra cosa más que un mensaje que un emisor transmite a través de diferentes medios a un receptor y cuyo efecto da lugar a la retroalimentación el cual realizamos todos los días a través de diversas maneras y no sólo utilizando medios de comunicación pues nuestros gestos, la ropa que usamos, el lenguaje que utilizamos, el medio de transporte que utilizamos y hasta lo que comemos emite un mensaje a los demás y es por eso que nos cuesta tanto trabajo evitar juzgar y al juzgar, etiquetar a los demás.

De alguien que vista de traje sastre, utilice automóvil y trabaje en una oficina podemos decir que es ejecutivo (a) y de acuerdo a la forma en que se exprese al hablar le pondremos la etiqueta de educado, pedante, amable, gentil o fanfarrón. De un joven que use el cabello largo y pintado de color, que tenga tatuajes en el cuerpo y utilice demasiados clichés al hablar podríamos decir que es un punk o un chico banda y se ganará la etiqueta de grosero, igualado, mal educado u otras. En un mundo en el que “según te ven, te tratan” las apariencias y los juicios están a la orden del día aunque sean erróneos o no coincidan con la verdadera esencia de la persona, de ahí los esfuerzos de campañas contra la discriminación de todo tipo: racial, religiosa, de género, de clase social, etc.; sin embargo, no podemos evitar vivir en un mundo de etiquetas, ¡vaya! hasta en Twitter se utilizan disfrazados de hashtags y en Facebook, solemos etiquetar a este o aquél y lo señalamos para bien o para mal.

En el mismo sentido de la comunicación y a pesar de ser etiquetados en una imagen en Facebook o de utilizar un hashtag para comunicar una idea en Twitter, vivimos en la era de la desconexión en contraste con el número de seguidores o amigos que tenemos en las redes sociales. Hace unas semanas durante un evento para padres, uno de ellos decía: “esta convivencia significa estar conectados, intercambiar ideas, compartir momentos y experiencias porque estar en línea significa estar conectados solo virtualmente” y entonces recordé que sí, que efectivamente hubo un tiempo en el que podías disfrutar del momento presente sin necesidad de publicarlo en una red social y no se caía el mundo ni dejabas de tener amigos (o seguidores) por esa situación. 

Del otro lado de la moneda, me parece fantástico poder acortar distancias y compartir en tiempo real con quienes no están cerca mediante plataformas como Periscope, Instagram, Skype, Hangout, Whatsapp, Twitter o Facebook y aquí, encontramos otro problema: la privacidad. Hoy podemos hacer del conocimiento público todo cuanto nos sucede o cuanto encontramos por la calle, todos somos susceptibles de ser fotografiados o videograbados o etiquetados (vuelta a las etiquetas) y ¿en dónde queda mi derecho a la privacidad? Y más aún, pareciera que los asuntos que antes se arreglaban entre dos, ahora deben ponerse a disposición del dominio público para obtener una sentencia. De tal forma que el vecino que deja mal estacionado su auto en el estacionamiento de condóminos o que tira la basura fuera del horario establecido será evidenciado y señalado a través de las redes sociales y quizá solo así reconozca su error y lo enmiende.

Pareciera que vivimos en una nueva era de la Santa Inquisición en dónde aquél que se atreve a violar las leyes es sometido al escarnio público y al estilo de la malvada Reina de Corazones pierde la cabeza al ser decapitado.

Quizá la comunicación y sus medios sirven para algo más que únicamente enterarse de los chismes del momento de los famosos y no tan famosos, quizá las redes sociales están cumpliendo con una función que los tradicionales medios de comunicación dejaron de cumplir: ser un canal de libre expresión, de denuncia ciudadana, de difusión de ideas creativas, de información, de reflexión e incluso, de conexión entre aquéllos que se encuentran lejos. Quizá las etiquetas no sean del todo negativas y tal vez y sólo tal vez estamos a tiempo de no enjuiciar sin antes conocer los motivos que cada uno tiene para actuar de tal o cual forma.

¡Se los dejo de tarea!


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