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(Des) Encanto 2 y el fantasma de los Balcanes

Viernes, 25 de Octubre 2019 - 10:50

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Luis Felipe Jurado

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La región de los Balcanes, donde estaba la ex-Yugoslavia, es una zona que desde hace más de 100 años se ha encontrado en constantes conflictos, los cuales amargamente, no parecen tener fin. La música y los bailes de su población son muy contrastantes, aparentemente son muy alegres pero en el fondo se puede sentir la tristeza que evidentemente deben sentir. En Underground (1995), la obra maestra de Emir Kusturica, se hace una metáfora sobre lo dividido que está esta zona. Es una obra cargada de dolor y sarcasmo, que une estos dos estados de ánimo. Y el regreso de la última creación de Matt Groening parece estar demasiado salpicada de eso.

(Des) Encanto (Disenchantment), cuenta las aventuras de la Princesa Tiabeanie alias "Bean", quien en compañía de Elfo y Lucy, un demonio menor, se enfrentan a diferentes aventuras, las cuales tienen que ver básicamente con el alcoholismo del trió, su compleja familia y el hecho de que en el reino en el que habitan, hay constantes invasiones por ser uno de los más ricos.

La segunda temporada de la serie, en lugar de cerrar las líneas dramáticas que se abrieron al final de la anterior (la mamá de Bean es una traidora, que hechiza al pueblo entero, transformándolos en piedra; Elfo muere y la Reina Oona es arrojada al mar con una piedra en el cuello, etc.), se enredan todavía más. Ahora, de pronto, aparece otro reino, Steamland, plagado de inventos y avances “tientíficos”, que tiene una organización que por alguna causa aún desconocida, parece querer destruir a Dreamland, el reino del padre de la desencantada princesa.

A diferencia de la temporada anterior, en esta la comedia se vuelve un tanto más bizarra e incómoda. Sin caer en la incorrección política del todo, se burlan de todo lo que se puede. En un capítulo, Bean escribe una obra pero no puede representarla porque en el teatro no se aceptan mujeres; en otro, unas sirenas le hacen masajes al trío y la chica le pregunta a una de ellas si hace esas mordidas en el lóbulo de la oreja, a lo que la masajista le contesta que ha chupado muchos oídos. En la siguiente escena, Elfo le pregunta a Tiabeanie por qué tiene las orejas irritadas. Lo curioso es que se acentúan los aspectos más melancólicos de los personajes, sin que esto signifique que se busque el melodrama. Todos observan al mundo desde sus sentimientos, desde la pérdida, la soledad y la falta de amor. Son egoístas pero no porque sean malas personas, sino porque están cansados de la vida.

El humor sigue siendo más cercano al de Monty Phyton que al de The Simpson o Futurama, las obras más conocidas de Groening. En un momento, un caballero le grita a la gente del pueblo que están en peligro, que no salgan de sus casas, a menos que quieran ver algo asombroso. Como en Monty Phyton and The Holly Grail (1975, Terry Gilliam y Terry Jones), el absurdo es parte de su cotidianidad. Sin embargo, hay mucho de la obra del autor en la serie, como lo son las mujeres empoderadas, los alcohólicos, los científicos y sabios, los guardianes de la ley imbéciles, los pícaros sinvergüenzas que salvan el día (como Bender, Bart o Lucy), etc. Sin embargo, (Des) Encanto utiliza de forma muy inteligente algo que las otras dos series no: la música.

Las otras sagas creadas por Groening cuentan con temas reconocibles, quizá de los mejores hechos para la televisión en muchos años. En The Simpson, Danny Elfman (Batman, 1989; Batman Returns, 1992) crea una melodía que recuerda a la entrada de The Flintstones, conocida en México como Los Picapiedra, que narraba la vida de una familia disfuncional, igual que la parentela amarilla. El de Futurama, de Christopher Tyng toma prestada la esencia de la música de Pierre Henry (un compositor que experimentaba con instrumentos eléctricos para sacar sonidos que hicieran pensar en universos futuristas), para trasladarnos a ese mundo absurdo, lleno de avances tecnológicos tan idiotas e inútiles como lo son los de hoy en día. El paso que se da en (Des) Encanto es todavía mayor. Mark Mothersbaugh, creador de la famosa banda ochentera, Devo, inventores del New Wave, género que marcó toda la década, toma prestado los sonidos de Goran Bregovic, músico Serbio, cuya música que emplea sonidos gitanos, llenos de vitalidad y nostalgia, fue usada por Kusturica en varios de sus trabajos, llegando a la fama precisamente por Underground.

Si uno escucha la música de la última creación de Groening, no puede sino darse cuenta de que los parecidos con la de la obra maestra de Kusturica no son casuales:

Simplemente, lo que une a las dos hermosas creaciones es precisamente lo que da título a la segunda: El desencanto por la vida, por el amor, por la familia, por las pérdidas absurdas, por la repetición de eventos. Para todos los seres que habitan la serie, incluso las más grandes aventuras llegan a ser rutinarias y cansadas, sin embargo, a pesar de lo patéticas de sus existencias, se aferran a seguir adelante y a todas las cosas que los hagan sentirse vivos. Como en la cinta de Kusturica.

Cuando escribí en este mismo espacio hace tiempo sobre la temporada 1

(https://www.ruizhealytimes.com/cultura-para-todos/el-desencanto-de-los-simpson), comentaba que los críticos la consideraban menor que los otros universos de su autor, sin embargo, en esta segunda, llega aún más lejos que sus antecesoras porque ahora ya cuenta con su propia mitología, además que se siente más madura y crítica que las otras dos. Acá no sólo se analiza a la familia y la sociedad, sino que muestra el cansancio y sin sentido de la existencia. Como esa felicidad amarga que se siente en la música de los Balcanes, deja una sensación agridulce al finalizar cada capítulo. Y eso la hace mil veces superior a Futurama o The Simpson.

Una serie madura, salida de uno de los más enigmáticos animadores de la actualidad.


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Número 34 - Octubre 2019
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