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De Pavarotti, Domingo, pilotos e historiadores

Viernes, 27 de Septiembre 2019 - 10:40

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Luis Felipe Jurado

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Hace un par de semanas tuve la oportunidad de ver el documental de Ron Howard, Pavarotti (2019), un sincero homenaje al que muchos consideran el mejor cantante de ópera de la historia, por encima de Enrico Caruso. El filme narra la trayectoria del artista desde que es descubierto hasta su muerte, poniendo énfasis en su capacidad vocal y su técnica, así como en sus labores filantrópicas. Sin duda, lo más atractivo del documental es que permite ver cómo podía un hombre como él lidiar con la fama, siendo sabido que era prácticamente el rockstar del ambiente operístico. El filme está realizado con el impecable estilo de Howard, quien tiene mucha experiencia en espectáculos destinados a provocar sentimientos exacerbados en el público, como The Da Vinci Code (2006), Apollo 13 (1995) o A Beautiful Mind (2001) y por eso no es extraño que aunque ha paso algo de tiempo desde su estreno, sigue en la cartelera en algunas salas, algo poco común al tratarse de un filme de exhibición limitada. Es un emotivo retrato de un artista que supo cómo ganarse al público y a la gente que lo rodeaba, que pensaba que lo más importante era vivir la vida y sobre todo, que supo manejar su fama de forma muy inteligente. Es una película imperdible.

Sin embargo, si un defecto se le puede encontrar al material es el que elige no profundizar en el gusto del artista por las mujeres. Una decisión polémica en estos días, debido a la polarización que existe sobre el abuso de poder en los medios que ha generado el movimiento #MeToo. Y si bien eso no hace que la obra sea un fracaso, en cierto modo se entiende la medida de evitar este tema y tratarlo de forma superficial, ya que a final de cuenta se trata de un homenaje a un hombre con un talento sorprendente, que tenía en la filantropía y el amor a todas las personas del mundo su principal fuerza, aunque algunos críticos y analistas del medio no lo vieron demasiado bien. En este sentido, no solo se comprende sino que se aplaude que se haya tomado esa determinación, de la misma forma que la espléndida Bohemian Rhapsody (2018, Bryan Singer) escogió no hablar mucho de los excesos que rodeaban a Freddie Mercury.

Uno de los entrevistados que aparece en pantalla es el tenor Plácido Domingo, quien fue uno de los mejores amigos y eterno rival artístico del tenor italiano. Al momento de verlo es inevitable pensar en lo ríspido de la situación en la que se encuentra el cantante hispano-mexicano, que en días recientes fue acusado por diversas mujeres de acoso sexual. Debido a esto y como ocurre siempre que se sabe de un caso así, el Santo Oficio – perdón; Internet – decidió que era culpable aunque no hay una acusación formal en su contra todavía y ya le han cancelado varias presentaciones, perdió su puesto vitalicio en el Metropolitan Opera House de Nueva York y más. Hasta este momento, por desgracia, se han sumado ya 11 mujeres, que si bien en ningún caso han dicho que hayan sufrido un abuso físico o que el artista haya intentado bloquear sus carreras, lo cierto es que a pesar de que va a recibir la Batuta Dorada el próximo 6 de octubre en México, que en Europa no le han cancelado ninguna fecha y que han salido a su defensa diversas personalidades como el director Zubin Mehta, es seguro que su prestigio profesional va a tardar en recuperarse o se perderá para siempre. Esas son las reglas del salvaje nuevo mundo en el que vivimos. Hay que recordar que si bien gracias a movimientos como el #MeToo se ha logrado dar a conocer a depredadores tan terribles como Harvey Weinstein, también se ha afectado a otros, como el finado Armando Vega Gil, quien optó por el suicidio al temer que su vida profesional se hundiría para siempre aunque no hubo ninguna denuncia formal en su contra. Sean culpables o inocentes, resulta que el Internet juzga, gracias a que lo políticamente correcto (que en la mayoría de los casos resulta “incorrecto”) permite que se hagan acusaciones anónimas para “defender” a las víctimas. Y sí, el castigo es el desprestigio y una serie de madrazos vía twitter. La doble moral es la ley de nuestros días.

Por un lado, se homenajea a Pavarotti mientras que por otro, se sanciona a Domingo. El escenario, seguramente, si el primero estuviera entre nosotros aún, sería lo contrario y se le reputaría por sus constantes infidelidades, mientras que si el segundo estuviera muerto, se le recordaría por su contribución al arte de la ópera y sus consabidos actos altruistas, como su participación en la búsqueda y rescate de sobrevivientes tras el terremoto de 1985 en México, entre otras cosas.

Curiosamente, los que halagan al difunto repudian al vivo, igual que lo que ocurrió con #LadyBomba y el historiador Pedro Salmerón. Ambos cometieron el error de expresar airadamente su pensamiento sobre acontecimientos muy diferentes pero que por desgracia, los llevaron a perder el trabajo. Pero mientras los que apoyan al Presidente pedían la cabeza de la hoy ex piloto de Interjet, los seguidores de los ahora partidos chiquitos le aplaudían el chascarrillo. Lo contrario ocurrió con Salmerón, al que los “chairos” apoyaron airadamente, mientras que “los fifís” pedían que lo crucificaran en el Zócalo de cabeza. De más está decir que es triste el que no se sabe qué es más importante, si la labor de una persona o sus pecados personales. Si el escenario ideal fuera el dejar de lado la vida personal y concentrarse en la obra de un creador, incluso Adolfo Hittler podría ser recordado como un gran novelista. En el caso contrario, entonces habría cada vez menos artistas porque todos, hombres y mujeres que se dedican a cualquier expresión artística, tienen en mayor o menor medida, cola que les pisen. El debate se queda en la mesa.


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Número 34 - Octubre 2019
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