Se encuentra usted aquí

Crónicas del año cero (XV): la realidad inexistente de S. Hawking

Miércoles, 04 de Abril 2018 - 15:30

Autor

jaime_guerrero.jpg
Jaime Guerrero Vázquez

Compartir

stephen-hawking.jpg

Según la biografía de Stephen Hawking (SH), algunos de sus trabajos más importantes fueron el planteamiento de teoremas, junto con Roger Penrose, acerca de las singularidades espaciotemporales y la teoría de que los agujeros negros emiten radiación, la que hoy se conoce como radiación de Hawking. Igualmente, de este mismo trabajo, se desprendió la idea del “Big Bang” y la conjetura de que el universo terminará por ser tragado por estos agujeros negros. Sostuvo la necesidad de unificar la relatividad general con la teoría cuántica, una obsesión que compartió con muchos físicos alrededor del mundo. Pero también fue un hombre imaginativo y visionario. Vale la pena recordar tres apuntes de Hawking que parecen más cercanos a la ficción que a la ciencia:

1.- SH y la inteligencia artificial: Sir Roger Penrose es más conocido por su teoría de la mente[1] que por sus contribuciones  a la física y las matemáticas. Apoyado en los teoremas de incompletitud de Gödel, Penrose sostiene que la mente y el cerebro son dos entidades separadas. Sin entrar en muchos detalles, una derivación de esta “teoría” de la mente es que la inteligencia artificial (IA) no podrá ser tan inteligente como una persona, debido a que los sistemas algorítmicos nunca les otorgarán la capacidad de comprensión. Tal vez la palabra exacta no sea “comprensión” sino “consciencia”.

¿Qué opinaba SH al respecto? Si bien creía que la tecnología podía acabar con la pobreza, sostenía que el desarrollo de la IA debía ser controlado. La IA podía ser lo mejor o lo peor que le pudiera pasar a la humanidad. Si la IA no se controla, esta podría destruir a la especie humana. En su libro “Nuestra invención final”[2], James Barrat un cineasta y documentalista especializado, predice que en la década de 2020 las máquinas podrían desarrollar una inteligencia similar a la humana y dos décadas más tarde haría su aparición la superinteligencia artificial (SIA). A diferencia de Penrose, Hawking y Barrat, junto con un grupo muy grande de científicos, académicos, empresarios de Silicon Valley, ingenieros, programadores y blogueros en Estados Unidos, Europa y Asia han alertado sobre el desarrollo sin control ni dirección que se está dando en la IA. En este tema insistió SH en varias ocasiones.

2.- SH y el viaje a otros planetas: como se sabe, luego de la carrera espacial de finales de los 50, toda la década de los 60 y la parte inicial de los 70, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética abandonaron la idea de llevar personas a otros mundos. Hubo varias razones para ello, pero sobre todo influyeron los altos costos de los viajes y el hecho de que no se veía un beneficio en el corto plazo. Con la tecnología disponible, el viejo sueño de colonizar Marte en los años 80 (del siglo XX) quedó en el arcón de las cosas inútiles. Aún ahora, ese sueño parece irrealizable antes de la década de 2030. Sin embargo, SH insistía en que ante la contaminación, el agotamiento de los recursos y el crecimiento poblacional era indispensable que el ser humano regresara a la idea de colonizar otros planetas o, de lo contrario, la humanidad se extinguirá.

3.- SH y la realidad inexistente: en los últimos tiempos, ideas sin contexto de la comunidad científica han dado lugar a especulaciones de los escritores sobre la realidad. Muchos hablan de que el universo es en realidad una simulación. Para fortalecer esta idea apuntan datos más o menos inconexos, pero la idea ha sido sembrada en la mente de millones de personas y revistas. Sobre esto, SH y Leonard Mlodinow en su libro “El gran diseño” propusieron el término “realismo dependiente del modelo”, como una manera de decir que no podemos estar seguros de nada. El realismo dependiente del modelo se centra “en el papel de los modelos científicos de los fenómenos. Afirma que la realidad debe ser interpretada en base a estos modelos, y donde varios modelos se superponen al describir un tema en particular, existen realidades múltiples, igualmente válidas.” [3] De esta forma, no importa si esta realidad es, simplemente hay que adaptarnos a las reglas que tiene, como si fuera real. En el fondo, esta idea es perturbadora.

Con las personas calificadas por los medios como “sabias”, muy “inteligentes”, “excepcionales” o cualquiera otro calificativo que designe a personas sobresalientes, ocurre por lo general un doble fenómeno: por un lado, se les empieza a interrogar más allá de su campo de experticidad; por otro lado, el culto a la personalidad hace que esas personas opinen más allá de su ámbito de competencia. Es difícil encontrar a alguno de estos personajes sobresalientes que, interrogado fuera de su especialidad, conteste simplemente: “yo no sé de eso”.

Queda claro que Stephen Hawking no tenía ese tipo de humildad y en los últimos años, además de ser un físico muy dotado, se dedicó al trabajo de superestrella, opinando de otros muchos temas distintos al de su especialidad, pero ¿tiene algo de razón es los temas aquí planteados?


[1] Ver: La nueva mente del emperador, Mondadori, 1991, y Las sombras de la mente: hacia una comprensión científica de la consciencia, Editorial Crítica, 1996. Ambos de Penrose.

[2] Nuestra invención final de James Barrat, editorial Paidós, 2014


Leer también


Número 33 - Septiembre 2019
portada-revista-33.jpg
Descargar gratis

No te pierdas ningún artículo

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER