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Comprar el mundo

Viernes, 12 de Octubre 2018 - 15:00

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Juan Mireles

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Experimentar la libertad. Quererla con nosotros. Desear más allá de los lineamientos que se nos han impuesto. Escapar de la realidad. Fugarse.

La libertad, ese producto.

Hoy dicen “vende experiencias”. Vende otras formas de experimentar. Que compren lo que no saben que tienen. No saben dónde buscar.

Nos aproximan a lo que nos han arrebatado.

Vende viajes, vende productos pero no desde el objeto mismo ni desde la fotografía de uno u otro lugar, sino hazlos sentir que están ahí: haz tu producto vivible y ponle un precio, el que quieras, no importa: pagarán lo que sea con tal de no estar en ese trabajo que los oprime, en esa ciudad accidentada que los va secando.

Esa cuadratura. Esa forma de vivir única que nos han dicho tantas veces que debemos seguir, porque es lo conocido, es la herencia, porque así son las cosas, porque la libertad nos han dicho es el trabajo –explotado, mal remunerado, mecánico, gris-, es la familia y la esposa o el esposo, hijos, hijas, auto, casa y un perro o un gato -el bien hacer que dicta una moral rancia y decadente-, y después la repetición de elementos hasta el cansancio.

Entonces alguien dice orgulloso: “yo trabajé toda mi vida, sin descanso”: ¡Qué pena!

Eso es la vida, nos han dicho, y se acaba pronto.

Véndeles aire, lo comprarán: ya casi no tienen. Ve cómo se hartan y fatigan unos a otros, ve cómo se matan por un poco de espacio, ve cómo luchan para llegar temprano a su esclavismo. Ve cómo defienden lo establecido. Ve cómo juzgan a los “rebeldes”. Ve cómo se asombran de los que entienden su libertad.

Véndeles todo lo que por naturaleza les corresponde.

Dicen que la gente “pide” tal o cuál producto, que la gente “necesita” comprar esta y otra cosa, que el “mercado” dicta las pautas de la industria, pero después se ponen listos y nos hablan de que el secreto está en “crear necesidades”, y esto hace más sentido: nos arrebatan la idea de libertad para después vendérnosla.

¡Qué maravilla! ¡Qué listos!

Viaja, viaja siempre y en todo momento. Vive otras formas. Vive otras maneras de entender el mundo. Vive templos. Vive naturaleza. Vive a los otros. Vive otros idiomas. Vive el traslado. Vive, grábalo y exhíbelo. Vive e invita a más y más personas. Pero antes paga. Paga el mundo que siempre ha sido tuyo y que unas mentes brillantísimas dividieron de tal manera que sus partes fueran consumibles.

Sí, vivamos esa libertad. Compremos islas. Compremos países. Compremos sociedades. Compremos todo. Vivamos el producto mundo. Qué más da: estamos en la era donde la libertad se ha cosificado.

Hoy la libertad es carísima. La libertad en la actualidad es el producto más codiciado por las mayorías, donde me incluyo, porque simplemente no la tenemos.


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Número 31 - Julio 2019
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