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Chernobyl: HBO sobreviviendo a la catástrofe

Viernes, 24 de Mayo 2019 - 13:10

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Luis Felipe Jurado

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La explosión de la planta nuclear de Chernóbil en 1986 es quizá uno de los momentos de la historia que marcan un antes y un después en nuestra civilización. Son momentos en que dejamos de lado los prejuicios y buscamos empatía con las personas que estuvieron presentes en la tragedia. A partir de ese accidente comenzaron a hacerse más estrictos los protocolos atómicos y también aceleró el desmantelamiento de la antigua Unión Soviética (URSS) que había iniciado un año antes con la llamada Perestroika. Han pasado más de 30 años de la tragedia y aun hoy en día siguen habiendo afectaciones entre los habitantes no sólo de los alrededores de la zona de Prípiat, ciudad que fue abandonada como resultado de ser el lugar más cercano de la planta, sino en prácticamente toda Europa. Y ese evento es el que narra Chernobyl, la nueva serie de HBO Go.

Basada en el libro Voces de Chernóbil, de la periodista Svetlana Alexiévich, la miniserie de 5 capítulos se centra en 3 personajes – un miembro del politburó ruso que era algo así como el Congreso por estos lares y un par de físicos nucleares – que intentan detener el incendio provocado por la explosión, así como contener la radiación y al mismo tiempo, averiguar cuáles fueron las causas de la tragedia. Por otro lado, se muestran los efectos causados en la población a causa del accidente y se critica la cretina actuación de los altos mandos del país, que buscan por todas las causas de evitar que su pueblo y el mundo se enteren de la situación.

La serie tiene el característico cuidado formal de todas las producciones del canal. Tiene un guión sólido y una reconstrucción de época tan minuciosa que si no supiéramos que es imposible filmar en Prípiat, uno creería que están ahí, además que incluso hasta el tipo físico de los actores llega a engañarnos. Quizá el único punto gris de la producción sea el hecho que por ser un producto realizado por manos norteamericanas, esté totalmente hablado en inglés. Si el idioma del producto fuera el ruso, el exceso de realismo haría creer que estamos ante una realización de la ex URSS. Sin embargo, esto pasa a segundo plano.

La crítica al sistema y el absurdo al que se llegaba con tal de mantener en pie el orgullo del Partido Socialista y la patria es salvaje. Incluso una figura tan respetada como Mijaíl Gorbachov (recibió el Nobel de la paz, en 1990, por abrir el bloque a occidente) queda reducida al papel de un mero burócrata que busca principalmente no ser crucificado a consecuencia del incidente. Si uno ve alguno de los cientos de documentales existentes sobre el suceso, se percatará que dejando de lado ciertos detalles, la fidelidad a los hechos es tal que llega a ser terrorífica, como una dolorosa y real historia de horror. Se pueden ver crudamente los efectos de la radiación en los afectados, además que se simplifica el lenguaje científico sin por esto caer en lo excesivamente didáctico. Entre el segundo y tercer capítulo se cuenta la anécdota de los famosos buzos que intentaron abrir unas exclusas de agua que corrían debajo del reactor 4, en el que ocurrió el hecho, sabiendo de antemano que seguramente, en unos días estarían muertos por haberse expuesto a la radiación. Es una de las escenas más emocionantes y dolorosas que se han visto en la televisión en mucho tiempo, más todavía por saber que fue algo que ocurrió en la vida real. Y como ese, hay otros momentos que llevan a la compasión, la rabia, la solidaridad o la indignación hacia esas personas que estuvieron involucradas en los acontecimientos. Quizá esta cercanía hacia lo ocurrido se deba a que al ser una serie norteamericana y la ya no existir la URSS, se puede tener una visión crítica que no se alcanzaría de otra manera, pero al mismo tiempo, el mensaje es universal y no extrañaría que por ahí exista un discreto mensaje a Donald Trump y sus idiotas políticas ambientales (que debería ser más directo porque con el IQ tan bajo del Presidente de EU, dudo mucho que se dé por enterado).

Como comentaba más arriba, han pasado más de 30 años de la tragedia y las heridas siguen abiertas. En México, para no ir más lejos, aún hoy se sigue teniendo miedo de que ocurra algo similar en Laguna Verde, Veracruz, la única planta nuclear del país, edificada 10 años antes que el incidente de Chernóbil. En ese momento se hablaba de que si en un país como la ex Unión Soviética ocurrió algo así, en este país, muy dado a las deficiencias y la corrupción, ¿por qué no podría pasar? – lo cual, dicho sea de paso es algo infundado, ya que nuestra central nucleoeléctrica es una de las más seguras del mundo y lo sé porque un familiar mío la ha visitado por trabajo. Esa fue la lección que dejó el fatídico 26 de abril de 1986, que en cualquier momento, el fantasma de la muerte puede aparecer y más si se suma el factor humano.

HBO tiene enfrente un reto muy difícil, que es el de mantener al público que capturó desde hace casi 10 años con la recién finalizada Game of Thrones. Muchos ya empezaron a emigrar debido a su desastrosa 8ª temporada (no por mala o buena sino por decepcionante) y otros, seguramente, a partir de este domingo sólo están ahí gracias a esta realización, que tendrá tan solo 5 capítulos y cuando este texto aparezca, irá por el 4º. Sin duda la televisora la tiene difícil pero si lo que venga al terminar Chernobyl tiene la mitad de su calidad, el reto estará superado.

Una mini serie conmovedora, que requiere de un hígado demasiado fuerte y que es indispensable ver. Es una lección de historia demasiado dolorosa.

 


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Número 33 - Septiembre 2019
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