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Cartas para Tora CXIII

Lunes, 24 de Diciembre 2018 - 15:25

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

El otro día hubo un accidente en la vecindad. El muchacho del 57, que es muy formal, muy estudioso y muy responsable, fue atropellado en el patio …¿por qué crees? Por una silla de ruedas. Así dicho, no parece cosa muy grave, pero es que en la silla de ruedas iba la señora esa que te digo que es XXXGrande, y le cayó encima, totalmente encima, de modo que apenas se le veían la cabeza y un poquito del torso; brazos y piernas, totalmente inmóviles.

Muchos vecinos acudieron a levantarla, pero no lograban moverla ni un centímetro, y hubo que buscar un malacate. El pobre chico apenas si podía respirar, porque tenía el pecho oprimido por… por lo que ya te imaginas. Una vecina, nueva por cierto, y que apenas conocemos porque siempre tiene llamados (En televisión. Dicen), se ofreció a darle respiración de boca a boca porque hizo un curso de primeros auxilios por Internet. Los vecinos (Hombres, se entiende) empezaron a dar de brincos, porque la chica está muy buenota (Perdona la palabra, pero así la clasificaron en cuanto la vieron). Y cada vez que ella soplaba, ellos pujaban o se retorcían; y algunos prefirieron encerrarse en sus viviendas para que no los oyeran gruñir. 

La señora XXXGrande, muy apenada, se movía para quitarse de encima, pero con eso sólo lograba aplastar más al muchacho, que ya hasta lágrimas le salían de los ojos. Algunas vecinas quisieron ayudar a la… a la buenota, pues, pero ella no lo permitió porque, según dijo, si no le daban la respiración en la forma adecuada podrían reventarle los pulmones. 

Total, que el chico se reanimó un poco y, coincidiendo con un movimiento ascendente de la señora, peló chicos ojotes y....

¿Te fijaste en lo que dije? ¿Cómo se pueden pelar los ojos? Ni siquiera tienen  pelo. Bueno, tienen algunos vellos alrededor, pero ni modo que se quiten las pestañas. Al contrario,  todas quieren alargárselas o tener más. Algunas mujeres (Y algunos hombres también, hay que decir la verdad) sí se depilan las cejas, pero luego se las pintan, ¿tu crees? Doble trabajo.

Y luego, ¿cómo van a ser chicos unos ojotes? Un diminutivo y un aumentativo calificando al mismo sustantivo al mismo tiempo. Decididamente, esta gente tiene cosas incomprensibles. Pero así son, y ni modo. Tienes que acostumbrarte a ellos. ¨Porque eso de “chicos ojotes” sí tiene sentido, una vez que te lo explican, como espero haber hecho yo  contigo. Que si hubieras venido conmigo, no tendría necesidad de explicarte nada. Pero esa es otra historia.

Al ver los chicos ojotes, la muchacha se puso a soplar más fuerte, más fuerte, y de repente la señora empezó a decir “¡Ay! ¡Ay!”. Creímos que algo le dolía, y todos acudimos a consolarla (Yo nada más podía lamerle la mano). Pero ella seguía “¡Ay! ¡Ay!” e intentaba doblarse para apoyarse en el suelo y  rodar, pero no lograba más que magullar más aún el cuerpo del chico. Y de pronto, en el colmo de la angustia, la oímos gritar:

“¡Socorro! ¡Están atentando contra mi virtud!”

Todos nos quedamos patidifusos (¿A que no conocías la palabrita?), y algunas viejas lanzaron grititos de horror. Una hasta le dió una cachetada al muchacho, que lloraba ya a mares; y lo empezaron a insultar.

En eso llegó el malacate, y enseguida engancharon a la XXX, la levantaron y la depositaron en su silla, para alivio de todo el vecindario. Luego fueron a atender al chico. La… la buenota, pues, le dijo al oído “Vamos a terminar lo que empezamos”. Pero él murmuró “Hoy no”, y tuvieron que ponerle oxígeno.

Dos días estuvo el muchacho encerrado en su vivienda, y si no se murió de hambre fue porque la hija de la XXX le llevaba comida. La XXX  no iba porque no cabía por la puerta (La de su vivienda la tuvieron que ampliar para que pudiera pasar), pero en cuanto vio al chavo en el patio fue corriendo (Es un decir) a preguntarle si estaba  bien, si no se le había roto algún hueso o alguna otra cosa. El contestó con la cabeza que no, y corrió para que no lo tocara. Pero ella lo espera todos los días a la hora en que se va  y cuando llega del trabajo, y le platica, y le platica y le platica. El se escurre lo más rápidamente que puede y se encierra en su vivienda.

En cambio, la muchacha (Ya sabes cuál, no tengo que decir como la llaman), si se lo encuentra en el patio se voltea y ni siquiera lo saluda, Después del entusiasmo con que lo ayudó a sobrevivir… No, si te digo que estos seres son medio extraños. Yo, por lo menos, no los entiendo. ¿Y tu?

Bueno, mi amor, ya me tengo que ir, porque es la hora en que la del 16 nos echa algo para comer. Y sus pellejos son los mejores de la vecindad. Hasta la próxima.

Te quiere

Cocatú


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Número 35 - Noviembre 2019
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