Se encuentra usted aquí

Cartas a Tora XXXVII

Viernes, 19 de Mayo 2017 - 16:00

Autor

hitchcock-profile.png
Enrique Delgado Fresán

Compartir

Querida Tora:

Todos están muy agitados en la vecindad, porque el agujero en el patio sigue igual. El “Administrador” no encuentra a nadie que venga a taparlo y a componer el drenaje. Ha venido mucha gente pero, según el “Administrador”, cobran demasiado o no están  capacitados para hacerlo. Y mientras, las azoteas se congestionan con el paso de la gente y las escaleras se están destrozando con tanto subir y bajar. Se han caído algunos escalones completos con el paso de la gente, y el muchacho del 41 y su amigo tienen muchísimo trabajo en las horas pico para pasar a las mujeres, sobre todo a las que usan tacones de aguja o están muy gordas. A algunas las tienen que cargar entre los dos. También hay algunos señores que quieren que los pasen y yo no sé si es por flojera o porque quieren sentirlos sin que se hable mal de ellos.

Para colmo, hubo una semana de vacaciones y los niños no pudieron usar los baños de las escuelas. Hubieras visto qué desesperación de algunas madres, que cada media hora tenían que llevar a algún escuincle al King's y comprarle una paleta o un refresco para que las dejaran pasar al baño.

Fueron a ver al “Administrador” y éste les dijo que mejor fueran a ver al presidente del Consejo. Y cuando tocaron en el 7 no salió el chavo, sino su mamá, a decirles que su hijo se había pasado el día y la anoche anteriores buscando gente para resolver el problema, y estaba muy agotado; que fueran a ver al “Administrador”. Regresaron con éste, pero ya se había ido a buscar “un maestro de obras que le habían recomendado”. Entonces se les ocurrió ir a ver a la mocha, a ver si podía ayudarlos"; pero ella dijo que lo único que podía hacer era organizar una serie de rogativas en el patio o una peregrinación a un santo muy milagroso, pero estaba muy lejos y tenían que alquilar camiones y hacer penitencia por el camino, lo cual no le gustó a nadie.

Por fin regresó el “Administrador”, diciendo que había conseguido un buen equipo para hacer la obra, pero iba a tardar tres semanas en venir a trabajar. ¿Y mientras?, preguntaron todos. Mientras, iban a organizar mejor el funcionamiento de los baños. En una ocasión les había dado una contraseña para saber cuándo le tocaba a cada uno usar los baños, pero eso no funcionó. Ahora iban a hacer unas credenciales con fotografía para permitirles la entrada determinados días a determinadas horas, con un color que indicara cuál era su turno.

Los problemas empezaron desde las fotografías, pues muchos se las tomaron con sus teléfonos celulares; pero el Administrador (ya me cansé de ponerlo entrecomillado) dijo que eso no servía, que tenían que tomárselas con el señor de la esquina, para que fueran todas del mismo tamaño y con el mismo fondo. Los vecinos se resistieron, pero acabaron por ir. Luego les pusieron un pedacito de papel lustre de color diferente; pero eso sólo causó problemas, porque cualquiera le cambiaba el pedacito de papel para poder usar el baño cuando le convenía. Y la fotografía también la cambiaban. Entonces incluyeron la huella del pulgar derecho y mandaron enmicar las credenciales para evitar fraudes.

Pero resulta que un día llegó la Flor del Mal a ver al chavo del 7 y pidió usar el baño. El guardián no la dejaba pasar; pero ella le dijo que si se lo permitía, dejaría la puerta del baño abierta para que viera todo lo que quisiera. ¿Y qué crees que pasó? Que en vez de sentarse a ver, el guardia vendió boletos entre los vecinos para que fueran a verla. La cola llegaba hasta la calle y la vieja del 12 armó un escándalo por “el mal ejemplo que estaban dando a los niños”. Tuvo que intervenir el Administrador y quitarle al guardián todo lo que había recaudado, “para dárselo a una viejecita que ya no podía trabajar”.

La mocha fue a felicitarlo por emplear ese dinero mal habido en remediar necesidades de “gentes sin recursos”. Pero lo que hizo el Administrador fue dárselo a “una pobre mujer que trabaja en el hotel de la esquina y ya casi no tiene clientes”. Y es que esa mujer, allá en su lejana juventud, lo introdujo a ciertas prácticas masculinas, de las cuales se volvió fanático, por lo que le está muy agradecido. La mujer se lo agradeció como ella sabe hacerlo. La verdad es que a él no le apetecía mucho, pero lo aceptó como obra de caridad. Y luego, ella le dijo que quedaba a la recíproca “para cuando estés muy necesitado y no tengas con qué”.

A la Flor del Mal la ovacionaron cuando salió del baño y se fue muy contenta al King’s con su novio (ya le dice así al chavo del 7, aunque a la mamá se le retuerzan las tripas cada vez que la oye) a tomar “Bocoles with Habanero Sauce Sprinkled with Chinicuiles”, que estaban muy sabrosos (según dijeron después).

Total, que lo único que ha sucedido es que cada vez les ponen más obstáculos para usar los baños. ¿Tú sabes lo que se tarda el guardián en ver si la credencial es correcta, si la foto se parece a quien la trae y si las huellas digitales coinciden con el registro que tiene? A veces, para cuando acaba la revisión, el vecino ya no tiene necesidad de entrar al baño (con lo cual todos salimos ganando, dijo el portero).

Bueno, te dejo. Qué bueno que tu no tienes estos problemas que, realmente, te amargan un poco la vida. Hasta la próxima.

Te quiere,

                Cocatú


Leer también


Número 33 - Septiembre 2019
portada-revista-33.jpg
Descargar gratis

No te pierdas ningún artículo

SUSCRÍBETE A NUESTRO NEWSLETTER