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Cartas a Tora CXXXVIII

Viernes, 05 de Julio 2019 - 13:20

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

El otro día, el portero tuvo una fricción con la inquilina del 55, que fue a reclamarle que un tubo de agua estaba roto y no se lo componían, con lo que su vivienda se inundaba un  día sí y otro también. A consecuencia de ello, el portero se enojó, gritó en medio del patio que los inquilinos no apreciaban su esfuerzo ni sus sacrificios, y decidió darles un informe de lo que había sido su gestión al frente de la vecindad.

Por supuesto, el no lo escribió. Obligó a uno de sus guaruras, que había terminado la secundaria, a que lo hiciera y luego se lo aprendiera de memoria, porque el no “tenía ganas de estropearse la voz leyendo tantas palabras”. Y mandó preparar el patio para la ceremonia.

Colgaron todo lo que te puedas imaginar; listones, banderitas de colores, papel picado (Del Día de Muertos, pero igual adornaban), cortinas viejas y hasta sábanas que le prestaron las del hotel de junto. Mandó poner un disco de la “Marcha Triunfal” (Pero el guarura se equivocó y puso la “Danza Macabra”), y se dirigió al estrado más alto que pudo conseguir.

Los vecinos estuvieron todos, hasta los bebés del 38, que acababan de llegar de la maternidad, arreados y controlados por los guaruras y por las multas que dijeron les iban a poner a los que no fueran. El portero dijo “Señoras y señores”, y cedió la palabra al guarura que tenía la secundaria.

El muchacho se lo había aprendido todo (Eran como 10 páginas), y aunque con frecuencia se le olvidaba y tenía que consultar su “acordeón” (No es instrumento musical, es un medio para resolver exámenes para los que no has estudiado, y que aquí se aplicó a conciencia) logró decirlo todo sin que le silbaran.

Les recordó que, gracias a él, el patio se  barría cada tercer día, que estaba muy pendiente de que les entregaran el gas a tiempo, que los daños a las instalaciones se reparaban enseguida (Esto lo dijo mirando a la señora del 55, que no respondió porque los guaruras la tenían amordazada), que les había hecho una fiesta para recibir el Año Nuevo (En realidad, los vecinos pagaron la fiesta; el sólo les prestó el patio); y había logrado establecer tan buen ambiente en la vecindad que sus guaruras confraternizaban con las muchachas, y hasta había nacido algún  bebé de tan buenas relaciones que tenían.

El aplauso, dirigido por sus contlapaches (Ya te imaginas quiénes son, ¿verdad?) fue largo y estruendoso. Y hubiera durado media hora, de no ser porque el chavo del 7 (El que es abogado y enemigo del portero, ¿te acuerdas?), se levantó y dijo que no había hablado de los lavaderos, que construyó a costo muy elevado y que se deshicieron en cuanto abrieron el agua; ni del programa “Un Día Sin Baño”, que no solo no ha resuelto el problema de los malos olores, sino que sólo ha servido para enriquecer al dueño del “King’s”, que quién sabe quién será; y que tampoco mencionó el agujero que había en el patio, y que ha estado a punto de cobrar tres vidas; ni de los turnos organizados a horas punta para usar las escaleras sin  pasar por el patio, y que sólo sirven para que los vecinos choquen entre sí y se insulten desde temprana hora; ni de la tolerancia que tiene con los cuartos de azotea, donde permite que vivan tres o cuatro muchachos (Masculinos y femeninos) en espacios para una persona; ni de los abusos de todo tipo que comete la Flor (y su prima) cada vez que le da la gana.

Ahora sí se enchiló el portero, y tomó el micrófono y dijo a los vecinos que a la Flor no la tocaran porque se deshojaba, y que si el le concedía algunas libertades era porque le daba la gana, y que nadie tenía derecho a meterse en sus asuntos personales. El chavo del 7 le iba a contestar, pero su mamá le señaló al guarura feo, que le estaba apuntando con una cerbatana, y le dijo “Calladito te ves más bonito”. Y el chavo no tuvo más remedio que sentarse.

Inmediatamente después, el portero hizo una señal, y los guaruras empezaron a  dispersar a los vecinos, diciéndoles que se metieran en sus viviendas y no salieran hasta el día siguiente, a menos que tuvieran una emergencia (Hubo cuatro, debidas a excesos de alcohol). Y el portero se encerró con la Flor (y su prima) a celebrar “el ejercicio democrático que acababa de celebrar”.

Yo no sé qué pensar de todo ésto. ¿A ti qué te parece?

Te quiere

Cocatú


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Número 33 - Septiembre 2019
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