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Cartas a Tora CXXXIV

Viernes, 31 de Mayo 2019 - 13:05

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

         Te voy a contar de la señora del 27, que no se llevaba con nadie, y apenas saludaba en el patio a algunas vecinas. Resulta que la del 26 se la encontró un día en el King’s (por lo que ya sabes y no hace falta repetir) y le invitó un refresco. Se les hizo tarde platicando, pidieron algo para cenar, y a la del 27 le llamó la atención una “Gordita en Salsa Catarinada”, y la pidió para ver lo que era.

         Nada más de olerla, dijo “Esta es la salsa que hacen en mi pueblo”. Quiso ver a la persona que la hacía, y cuando vino le preguntó “¿Eres de San Catarino el Bajo?”. “Dios me libre”, contestó la otra, “Soy de San Catarino el Alto”. Son dos pueblos que están muy cerca uno de otro, y hasta son medio parientes. Estuvieron platicando hasta medianoche, rieron, lloraron y quedaron en verse muy seguido. Las vecinas regresaron a la vecindad muy contentas, la del 27 le dijo a la del 26 que le iba a hacer un poco de “Salsa Catarinada”, pero con mejores ingredientes que los del King’s, para que viera lo que era bueno.

         Se la hizo, y a la del 26 le encantó, les dijo a todas sus amigas de la salsa, y la del 27 tuvo que hacer un poco más para ellas. Total, que fueron tantos los pedidos, que la empezó a vender. Estaba muy contenta, porque la pensión que le quedó de su difunto apenas le alcanza para malcomer, y ahora podía hasta tomarse un refresco de vez en cuando.

         Hasta que se enteró el portero. Enseguida fue a verla y le dijo que estaba empleando las instalaciones de la vecindad (estufa, cocina y espacio de ventas, léase patio) para enriquecerse, y que no era justo, que tenía que pagar “algo” (no lo quiso llamar impuesto, pero eso era), que se destinaría a mejorar el lugar común. La señora se resistió. Entonces, el portero le sugirió que le hiciera un litro diario de salsa para el King’s (sin cobrarla, por supuesto), y que le permitiría seguir con su negocito. La señora aceptó, y en el King’s subieron enseguida el precio de las “Gorditas con Salsa Catarinada”, que se siguen vendiendo muy bien.

         En eso, la empleada del King’s se fue, porque se encontró a un catarinito de arriba que le ofreció no sé qué, y el portero exigió a la del 27 que le hiciera 3 litros de salsa diaria. La señora ya no se daba abasto, y no podía atender a sus clientes de la vecindad; no tenía tiempo ni de dormir por atender al portero, las vecinas empezaron a enojarse con ella y hasta a murmurar. Ella se enojó mucho, y le dijo al portero que no podía seguir así, que tenía que pagarle la salsa. El portero se enojó, le dijo que no tenía uso de suelo, que no estaba registrada como Pyme, que no pagaba Seguro Social, que estaba faltando a todas las reglas elementales del comercio y de la industria. La señora se quedó como quien ve visiones, y no supo qué contestar. Entonces, el portero dijo que a partir del día siguiente serían cinco litros diarios de salsa.

         La señora no durmió esa noche, y el día siguiente salió muy temprano y volvió hasta en la noche, sin entregar al portero los cinco litros de salsa que le correspondían. El portero fue a reclamarle, pero ella ni siquiera le abrió la puerta. El portero llamó a sus guaruras, y les dijo que la mañana siguiente iban a entrar a la vivienda a como diera lugar, que se prepararan.

         Efectivamente, el día siguiente a las 10 de la mañana (nunca se levanta antes de las 9), el portero y sus guaruras se dirigieron al 27. Pero la del 26 le informó que la señora se había ido muy temprano, llevándose todas sus cosas. El portero gritó, insultó a la del 27, a la del 26 y toda su familia, a las vecinas cercanas y a las del otro patio; pero se tuvo que regresar a la portería con el coraje (se pasó el día tomando te de boldo que, según la enfermera, es muy bueno para el hígado).

         Luego supimos que la señora del 27 tomó una vivienda en una vecindad cercana, y que se dedica a vender salsas (no sólo la catarinada, sino otras también), y que le va bastante bien. Ya gana mucho más de lo que le dan de pensión.

         A veces se acerca, espera a que salga el portero, y le trae un vasito de salsa a la del 26, que sigue siendo su amiga. A mi me da mucho gusto, porque esa amistad fue lo que la hizo reaccionar y emprender un negocio. Quién lo iba a decir, ¿verdad?

Te quiere

Cocatú


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Número 33 - Septiembre 2019
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