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Cartas a Tora CXXXII

Viernes, 17 de Mayo 2019 - 13:05

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

No cabe duda que el portero es un hombre muy inteligente. Si aplicara esa inteligencia al bien, otra cosa sería. Pero como no lo hace… Juzga, si no.

         Pasó en el King´s. Ya sabes que él es el dueño del restaurant, aunque nadie lo sabe en la vecindad. Pues resulta que al King´s le bajaron las ventas. Los vecinos lo aprovechan para ir al baño, porque en la vecindad tienen turnos muy estrictos para usarlos; y los del King´s les exigen que haya consumo para permitirles usar sus baños. Te acuerdas, ¿verdad? Pues como ya les sale muy caro tener que pagar cada vez que se les ocurre ir al baño, han empezado a buscar otras fondas más baratas, aunque estén más lejos. Consecuencia: las ventas bajaron.

         Entonces , el portero discurrió hacer un Festival de Enchiladas: verdes, rojas, negras, amarillas, de chipotle, potosinas, suizas, suecas y hasta francesas. Los vecinos empezaron a ir, espoleados por la curiosidad. Y les encantaron. Pero como al portero no le basta con un poquito y quiere todo, les llevó a los cocineros unos frasquitos, diciéndoles que les añadieran un poco de alguno de los dos “para darles mejor sabor”. Así estuvieron unos días, y notaron que la gente afluía en mayores cantidades. Nadie sabía lo que tenían esos frasquitos. Pero yo sí, porque vi al portero y a sus guaruras cuando los llenaron: uno tenía un diurético; y el otro, un purgante. Y así ocurrió que iban a comer, una familia completa, y en la noche iban a cenar, cosa que nunca había ocurrido, porque les salía muy caro. A veces se les veía preocupados, comentando por qué tendrían tantas urgencias; pero no se les ocurría imaginar siquiera la realidad.

         Total, que el portero se compró una televisión más grande y una botella de whisky caro, y andaba muy ufano.

         Una noche llegó una señora con un muchacho muy jovencito y empezó a hablar con él. El se mostró arisco, y hasta grosero. (No se lo que le dijo, porque estaba yo ocupado con  unos pellejos que me echó la del 3, que son de los mejores que se pueden conseguir en la vecindad). La señora hasta se le hincó en pleno patio. El portero se alarmó y le dijo que sí, pero que se fuera. El muchacho se quedó. Eso sí me intrigó y me acerqué, y oí que el portero le decía que le daría trabajo, pero que no dijera nada del “supuesto” parentesco que los ligaba. Y se lo llevó al King´s, a que trabajara en la cocina.

         Pasaron unos días; y cuando iba al King´s, el portero ni le dirigía la mirada. Sin embargo, el muchacho parecía estar muy agradecido; y una vez que fue el portero a cenar, quiso darle lo mejor de la casa, y a sus enchiladas les puso un chorrito (No unas gotas, fíjate bien) de cada uno de los frasquitos.

         El día siguiente, el portero no salió ni al patio, porque estaba “indispuesto”. Yo creo que se imaginó algo de lo que había pasado, porque fue al King´s y les gritó a todos los empleados; y luego los obligó a acabarse los dos frasquitos, con lo que el King´s tuvo que cerrar un par de días. El empleado nuevo dijo que estaba mejor con su mamá, y renunció.

         El whisky no le duró mucho al portero, porque aprovechando un rato que salió, los guaruras hicieron una fiesta privada con la Flor (y su prima), y se la acabaron. El se enojó muchísimo, pero no pudo hacer nada, porque la Flor le dijo que si los castigaba, ella lo castigaría a él.

         En la azotea las cosas andan muy tranquilas, y por eso no te he contado nada de aquí. Los animales son menos conflictivos que los humanos.

Te quiere

Cocatú



Número 32 - Agosto 2019
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