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Cartas a Tora CXXXI

Viernes, 10 de Mayo 2019 - 12:55

Autor

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Enrique Delgado Fresán

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Las cosas que hay que ver. Esta vez no sucedió en la vecindad, pero sí afectó a los vecinos. Vas a ver lo que pasó.

Ya ves que aquí al lado hay un hotel de paso (Ya sabes lo que es eso, no te hagas la de la boca chiquita). Pues resulta que últimamente no les ha ido muy bien, y a la Administradora (Léase regente, madama, madrota, etc.) se le ocurrió un plan para incrementar las ventas (Lo cual suena muy bien, pero en otro tipo de negocio). ¿Y sabes qué fue? Un festival. Así, como lo oyes: El Festival de Sodoma (Sodoma y Gomorra fueron dos ciudades antiquísimas, destruídas debido a los excesos y a la perversión de sus habitantes. El nombre del festival debió incluir los dos nombres, pero eso de Gomorra se prestaba a chistes malos y a insinuación de una enfermedad muy desagradable, y la Administradora no quería ni pensar en eso. Para que veas que, cuando quieren, esas personas son delicadas también). ¿Y en qué consistía el susodicho festival? (Palabrita de domingo, ¿no te parece?) El primer evento fue un concurso para nombrar a la Flor Más Bella del Lugar. Para ello, cada vez que llegaba un cliente, le daban un boleto; luego, un día determinado los clientes iban a votar con ese boleto para elegir a lo mejor del hotel. La que ganara sería declarada Reina de Sodoma (Con todo lo que eso implica). Luego se haría una rifa entre los votantes, y al ganador la Reina le obsequiaría tres servicios gratis, con  todos los “detalles” incluídos.

No sabes el entusiasmo que eso despertó. Todos los señores de la vecindad, con honrosas excepciones, fueron a a conseguir su boleto. Y también de otras vecindades y aún de casas aparentemente serias. Así que el hotel tuvo unos días de mucha actividad, y se hacían colas en la calle. La Administradora estaba muy contenta, disponiéndose a “administrar la abundancia”, como dijo en una ocasión. Y en tres días las pupilas se rindieron y dijeron que ya no querían más clientes, que se procediera a la rifa.

Para la rifa, pusieron un templete en la calle, y una urna en la que estaban los nombres de todos los clientes. Salieron todas las muchachas con sus mejores galas, y hubo banda de música y todo. ¿Pero sabes qué fue lo más sorprendente? Que todas las viejas de la vecindad se presentaron, echando porras para que ganaran sus maridos. ¿Te imaginas? Hasta el tránsito se interrumpió, y llegaron policías para desviarlo y dejarles hacer la ceremonia en paz (Es que varios policías figuraban en la urna también , con su grado y todo). Antes de la rifa se presentó la Flor cantando y bailando, y hasta hubo un numerito en que incluyó a las muchachas, que resultó muy aplaudido. Pero las viejas, que estaban muy impacientes, insistieron en que se procediera a la rifa. Y allá va la Administradora, pidiendo “una mano inocente” para sacar el nombre del ganador. Hubo muchas voluntarias, pero finalmente se decidieron por una niña de poco más de un año, que metió la manita en la urna y sacó tres o cuatro papelitos. Pero el ganador tenía que ser uno, de modo que devolvieron los papeles a la urna, y la niña volvió a meter la mano. Fue hasta la tercera o cuarta vez que sacó solamente un papelito.

¿Y sabes quién fue el ganador? Adivinaste: el portero. No sé cómo le hace para ganar siempre.

Las viejas se fueron desilusionadas, diciendo que había habido mano negra y discutiendo cómo hacer para descubrirla. Y los viejos, de puro coraje, se fueron todos a la cantina, donde estuvieron chupando (No son moscas, pero chupan) hasta el día siguiente.

La noche siguiente, la Administradora anunció con bombo y platillos que el portero iba a recibir su premio. Y allá entró el ganador, sonriendo y saludando a la multitud que se había congregado, y se encerró con la ganadora hasta el día siguiente (Lo que no vieron los curiosos fue que uno de sus guaruras entró por la ventana para ayudarle a cobrar el premio).

Bueno, mi amor, hasta la próxima.

Te quiere

Cocatú


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Número 33 - Septiembre 2019
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