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Cartas a Tora CXXXC

Viernes, 03 de Mayo 2019 - 13:05

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

Según el Reglamento de la vecindad, la puerta se cierra a las 10 de la noche; y a los que llegan más tarde, el portero les tiene que abrir. (De ahí su nombre: portero viene de puerta).

Por supuesto, él no se desvela esperando a los que llegan; y puso a uno de sus guaruras (El más jovencito, un muchacho bastante agradable) a esperarlos. Pues una noche se quedó dormido, y los del 56 llegaron a altísimas horas de la noche (Como quien dice, a bajísimas horas de la madrugada), y no los oyó. El portero se tuvo que levantar a abrir, e hizo el consabido berrinche. Cuando el portero lo regañó, contestó que tiene que entrar muy temprano a la secundaria, y que ya no puede más.

Entonces, el portero puso un cartelón en el patio diciendo que la puerta se cierra a las 10. Y que el que llegue tarde, que lo espere su pariente más cercano, porque él no tiene por qué esperarlo.

Los vecinos se molestaron, y le dijeron que cancelara esa orden. El portero se negó. Empezaron a discutir, y ya iban a llegar a las manos (Y a los pies) cuando apareció el chavo del 7 (El que es abogado, ¿te acuerdas?), y dijo que los vecinos tenían razón, que el Reglamento los apoyaba. El portero contestó que el Reglamento se lo pasaba por el Arco del Triunfo. Aquí entre nos, yo no sé lo que es el Arco del Triunfo,  pero debe ser algo muy grave porque todos empezaron a gritar y a acusarlo de grosero.

El portero llamó a sus guaruras, e inmediatamente llegaron todos con sus armas (Que son de juguete, pero de todas formas impresionan). Los vecinos se asustaron, uno corrió a llamar a la policía; y el portero, satisfecho de ver el giro que tomaban las cosas, dijo que allí mandaba él, y sólo él.

Entró el policía de la esquina con otro que no es policía ni nada, pero que tiene uniforme (Es mensajero de un banco), y se organizó una nueva discusión, más ruidosa que las anteriores. Finalmente el chavo del 7 sacó una pistola (Esa sí era de verdad) y dió dos disparos al aire. Ora sí se hizo el silencio. Y el chavo dijo al portero que el Reglamento estaba por encima de él, que él no podía modificarlo a su antojo; que para eso tenían que reunirse los vecinos, hacer una asamblea y cambiar lo que quisieran del Reglamento, pero siguiendo un orden y en forma civilizada. Dijo tantas palabras raras, que el portero y los guaruras se vieron intimidados. Y los vecinos, peor. El chavo dijo que allí la autoridad máxima era el Reglamento y que el que lo rompiera podía ser destituído y hasta ir a la cárcel.

El portero repitió lo del Arco del Triunfo (Que ya confirmé que es una grosería, pero no te la explico porque no quiero ofenderte), pero se quedó pálido (Lo de la cárcel le impresiónó, porque allí no hay Arco del Triunfo que valga, por más que él se las eche de macho y de “muy muy”, que quién sabe lo que signifique, pero se oye bonito). Luego quiso salirse por la tangente (Una línea imaginaria, pero equivale a decir “escabullirse”),pero el chavo no ,lo dejó, diciendo que tenían que resolver el problema allí mismo. Por fin, el portero accedió a que los guaruras los esperen hasta que lleguen, turnándose para no hacerles la encomienda tan pesada; y que en el futuro verían la posibilidad de instalar fuera timbres a todas las viviendas, para que cada quien responda por sus parientes. “Eso sí”, les dijo, con una sonrisa torva y cínica, “Les va a costar, porque ni modo que yo los page todos”. Los vecinos, envalentonados, contestaron que no les importaba. Y cada quien se fue a su casa, con una gran sonrisa. Sólo el portero iba furioso, pues lo habían derrotado (No sé por qué piensa eso. Lo que hicieron fue llegar a un acuerdo entre todos, pero eso a él no le gusta).

En la azotea, todos nos alegramos. Sobre todo la gatita rubia, que está embarazada (Otra vez, y no sé de quién), y ya no puede saltar de una azotea a otra; pero todos los días sale (Por eso no sé quién es el responsable), y a veces regresa tarde y se tiene que quedar en la calle, en algún  rincón oscuro. En fin, las cosas se van resolviendo poco a poco. Hasta la próxima.

Te quiere

Cocatú


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Número 34 - Octubre 2019
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