Se encuentra usted aquí

Cartas a Tora CXXVII

Viernes, 05 de Abril 2019 - 13:20

Autor

hitchcock-profile.png
Enrique Delgado Fresán

Compartir

Querida Tora:

Creo que lo que te a contar hoy te va a encantar. Es decir, si no has cambiado de carácter gracias a la influencia de quien tu sabes, y que cada día me parece más nefasto, diga tu mamá lo que diga (Y que me perdone la señora).

¿Te acuerdas de una señora, ya grandecita (Abuela y todo) que tiene sobrepeso (Por no decir otra palabra que a muchas ofende, aunque no sea grosería). Pues  resulta que un día amaneció en el hoyo del patio. ¿Y sabes por qué? Porque se quiso suicidar. No te esponjes. Ese no es el final de la historia. Se quiso suicidar porque dijo que sólo era una carga para la familia (En eso tenía muchísima razón), pues no ayudaba en nada y sólo consumía. Si vieras las comidas que hacía, de 8 ó 9 platos cada una,. Y, además cada media hora tenían que llevarle un piscolabis (Que bonita palabra, ¿verdad? Lástima que ya casi no se use). ¿Te imaginas el gasto que eso representaba? Además, como casi no se podía trasladar, tenían que llevarla entre varios (Uno solo no podía con la silla de ruedas), y hacerle todo, porque ella estaba tan pesada que  casi no se movía. Bueno, pues una noche le entró una depresión espantosa, quiso acabar con todo y se lanzó al hoyo. Lo malo es que había llovido, y el hoyo estaba casi lleno de agua. Al ver fracasado su intento, se echó a llorar, y no permitía que la sacaran, pues se empeñó en ahogarse; y se hundía en el agua, pero la angustia de la muerte la hacía salir a flote. Y así estuvo toda la mañana, intentando matarse sin resultado.

Estaban en eso cuando llego un inquilino nuevo, un señor, abuelo  también, que se acercó a la multitud que la rodeaba; y en cuanto la vió, dijo “¡Qué cara tan hermosa tiene usted, señora!”. La mujer quedo patidifusa (Lo mismo que piscolabis: nadie la usa ya); y apenas se alejó el señor, la señora dijo “Tengo que bajar de peso”. Se levantó por sus propias fuerzas y corrió a ver a los del 41, a que le recomendaran un  buen gimnasio. Al principio no podía ir, y hacía sus ejercicios en casa (Te juro que la vecindad se estremecía cuando se ponía a saltar);y al cabo de unas semanas, había bajado ¡nada menos que 100 kilos! Todavía estaba un poco llenita, ¡pero que diferencia!. Por lo menos, ya se le veían los ojos y las manos, y el cuerpo tenía forma de mujer (Madurita, pero mujer). Lo malo era que el inqilino nuevo no se dejaba ver, porque sale muy temprano y regresa muy tarde. Pero ella se empeñó en que viera su transformación, y se estaba en el patio hasta que entraba; entonces, se ponía en su camino y le hacía plática. El señor cayó como un conejo en un lazo, y se estaban platicando hasta altas horas de la noche; y no importaba si los hijos y los nietos de la señora la iban a llamar. Ella no hacía el menor caso. Ya hasta pensaban en ir a ver al señor y pedirle que por favor no le hablara a su abuela, porque ya la gente empezaba a murmurar. ¿Pero crees que no les interesó que murmuraran? Al contrario, yo creo que lo fomentaron. El caso es que, una noche, la señora se quedó a dormir en la vivienda del señor. ¡El escándalo el día siguiente, cuando la vieron salir rebosando energía y vitalidad! (Con decirte que el gimnasio la contrató para una publicidad de “Antes y después”, y la gente les aumentó hasta un 50%.

En la casa se organizó un drama de película de los años 40 ’, en que la mamá exigía que el señor “cumpliera con sus obligaciones”, sin darse cuenta de que todas las noches le cumplía a la señora. El más sensato fue el padre de familia, quien pudo dejar dos de sus trabajos, porque ya no tenía que  ganar tanto para alimentarla, y todos los niños alcanzaban a más de una tortilla, y como están en pleno crecimiento, pues les venía muy bien; y le pidió al señor que se raptara a la abuela y se la llevara muy lejos, muy lejos.

La pareja estuvo a punto de huir, pero lo pensaron  y decidieron hacer las cosas como deben hacerse, y el señor fue a pedir la mano de la señora. Que se la dieron enseguida, y sin condiciones,  para que se casaran cuanto antes. Y ahora viven los dos juntos, rodeados de hijos y nietos; y ya la señora no se cuida tanto la boca. Pero yo le recomiendo que no se deje llevar por la gula, porque se va a poner como antes, y va a tener necesidad de suicidarse cuando ya no le alcance el gasto que le dan. (Se lo recomiendo quitándole varios platillos de la comida; porque como el señor no viene a mediodía, la señora se despacha a gusto. A veces me los tengo que comer yo, y pronto voy a empezar a rodar).

¿Te gustó la historia? A mi se me hizo muy bonita, Espero estés contenta. Y léesela a ese tal por cual, a ver si se aburre y te deja en paz un rato.

Te quiere

Cocatú



Número 32 - Agosto 2019
portada-revista-32.jpg
Descargar gratis