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Cartas a Tora CXXVI

Viernes, 29 de Marzo 2019 - 13:10

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

¡Ay, manita! Hay cosas que verdaderamente no tienen… Perdón,  iba a decir una palabrota. Bueno, en rigor, no. Pero en este país, lo que es una palabra noble y que indica muchas cosas buenas, se convierte a veces en una majadería. Y no lo entiendo. Y me molesta. Pero, bueno, vamos al grano.

Llegó a la vecindad una señora sola, que siempre se viste de oscuro y tiene una horrible expresión de amargura. Al principio nadie se le acercaba. Pero la  curiosidad las venció, y empezaron a dirigirle la palabra y… Con el tiempo, averiguaron que esa mujer tenía una hija; y que la niña desapareció un día; y por más esfuerzos que hicieron la policía y ella (Más bien, ella), no apareció. Contrató a un detective privado, que le sacó hasta lo que no tenía, y tampoco. Pasaron años, y ahora se ha resignado, pero vive con la ilusión de que la niña aparezca algún día.

¿Y qué crees? Apareció. Un  día llegó a la vecindad una muchachita con cara de susto y preguntó por la señora Fulana de Tal. Le indicaron cuál era su vivienda, y allá fue la muchachita. Yo la seguí, a ver qué pasaba. Y que llega a la vivienda, toca y le abre la señora. En cuanto la vió gritó “¡Hija!”, y la abrazó. La chica no sabía qué hacer, pero al fin se echó a llorar y le dijo “Mamá”.

Resulta que se la había robado una tía, que no tenía hijos y penaba por ellos. La tía se murió, pero antes le dijo a la muchaza quién era su verdadera madre, y dónde vivía. No me preguntes cómo supo la dirección, porque no sé.

La vecina de al lado se enteró, corrió a felicitarla y se puso a gritar lo que había pasado. Llegaron todas las vecinas; sólo faltó la del 56, que estaba durmiendo la mona. Al rato llegaron los señores, y se unieron al alboroto. Uno sacó unas botellas de tequila, otro los refrescos, la del 54 trajo unas enchiladas, la del 37 una cazuela de pancita, y entre todos organizaron un convivio de lo más alegre. Hasta el portero y sus guaruras participaron. La chica contó una y mil  veces todo lo ocurrido; dijo que la tía la trataba muy bien, pero que ella se acordaba de que tenía una madre, y que la añoraba mucho, por lo que fue muy felicitada.

El festejo terminó bien entrada la noche, cuando la chica y su madre ya se caían de cansancio, y todos se fueron a dormir muy contentos.

Lo grave ocurrió el día siguiente. El portero se presentó en la vivienda de la señora y, como quien no quiere la cosa, le dijo que le tenía que pagar X cantidad de dinero por el festejo que había organizado en el patio; que el patio era propiedad comunal, y ella lo había usado como si fuera propio y, por lo tanto, debía a los vecinos una lana. La señora le dijo que no tenía dinero, que ella no había organizado nada, que fue una cosa espontánea, y mil cosas más. Pero el portero, erre que erre (¿Te fijas qué bonita manera de decir que la seguía fastidiando?). Por fin, le dijo que no era necesario tener dinero, que le podía pagar de otra forma. Y si no ella, su hijita.

Yo me enojé y corrí a llamar a una de las vecinas. Bueno, para que me entiendas: yo no puedo llamar a nadie; lo que hice fue correr donde estaba una vecina, en el mismo pasillo, y le rasguñé (Un poquito) la pierna. Ella se enojó; me quiso pegar, pero yo salí corriendo y dejé que me alcanzara donde estaban la señora y el portero discutiendo (¿Ves qué listo soy?) La señora oyó lo que pasaba, y montó en cólera ( Ya te explique antes que “cólera” no es un caballo, ¿verdad?); se le echó encima al portero y lo empezó a cachetear. Otras vecinas vieron lo que pasaba, y corrieron a ayudarla. El caso es que el portero se salvó porque sus guaruras (Los ocho) acudieron arma en mano a defenderlo. Pero también a ellos los  cachetearon.

El caso es que el portero lleva tres días sin salir al patio. Y en cuanto se abre la puerta de la portería, el perro del señor del 1 (El que se comió la pistola de un  guarura cuando lo de la tenencia de mascotas, ¿te acuerdas?) empieza a ladrar con acento ominoso (Recurre al diccionario, porque no estoy muy seguro delo que significa, y así me ilustras). Pero no se volverá a acercar a la señora ni a su hija, porque el del 1 les prestó el perro.

Por eso estoy enojado, porque en cuanto una persona (En este caso, el portero) tiene un poquito de poder, quiere abusar de los otros. ¿Verdad que no tiene…eso?

Te quiere

Cocatú


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Número 34 - Octubre 2019
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