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Cartas a Tora CXXIV

Viernes, 15 de Marzo 2019 - 13:55

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

Acabamos de tener un caso… bueno, un chisme, que trajo en jaque a la vecindad durante varios días. Resulta que la señora del 34 empezó a recibir mensajes en su celular, insultándola. Le decían unas cosas horribles. Ella estaba medio molesta (¿Te imaginas? Medio molesta, nada más, y hablaban mal de ella, de su mamá, de sus hijos y hasta de su abuela). Y ella decía que era gente ociosa, que así se divertía, y que lo que le decían era como pataditas de mosca. Pero todas las viejas estaban pendientes de las novedades; y lo primero que hacían al levantarse, antes de darle el desayuno a sus hijos o a su señor, era ir a ver qué nuevas atrocidades le habían dicho. Y se reían mucho con aquellos mensajes. A veces, la del 34 ya ni los quería leer, y eran las otras las que le obligaban a abrirlos.

Un día le llegó un mensaje muy anodino. Se conoce que al remitente se le habían acabado las groserías, o ese día no estaba inspirado, y todas las viejas estaban muy desilusionadas. Pero al final decía “Recibe mis bendiciones, tú y toda tu familia” ¡Eso sí que la enchiló! Y se puso a gritar que con qué derecho le enviaba bendiciones una persona a la que ni siquiera conocía; que eso era un insulto imperdonable, y que se iba a desquitar. Las viejas pasaron todo el día gritando contra aquel desgraciado, pidiendo su cabeza; y si no era posible la  cabeza, por lo menos sus atributos de género.

En la noche, cuando llegó el chavo del 7, la vecindad era un hervidero de viejas desmelenadas y frenéticas que se le fueron encima exigiéndole que pusiera fin a aquel abuso, a aquella vergüenza. ¿Y por qué a él? Porque trabaja en la Delegación (ahora se llaman de otra manera, pero a ellas no les importa). Él intentó en vano calmarlas; pero logró que la del 34 le hiciera una relación de lo ocurrido; y con toda tranquilidad le pidió su celular, y dijo que iba a estudiar el caso. El día siguiente salió muy temprano y regresó a media tarde, diciendo que ya tenía la solución. En la Alcaldía (es el nuevo nombre de la Delegación, pero se les hace difícil decirlo) hay un experto en celulares que logró rastrear el origen de las llamadas; y todas provenían de un mismo teléfono que se hallaba en la vivienda número 33 de la vecindad.

Lo peor era que en la vivienda número 33 vive la hermana de la señora del 34.

La insultada le gritó a la hermana que bajara, que le iba a reclamar delante de todos los vecinos. Y la aludida bajó; le dijo que le chocaba que la del 34 siempre estuviera haciéndose muy modosita (no sé por qué, porque también tiene un lenguaje muy florido), y se le ocurrió mandarle esos mensajes para que supiera lo que se siente; pero como vió que no le hacían mella sus insultos, se le ocurrió enviarle bendiciones, que esas ni siquiera las conoce de nombre. La del 34 se le echó encima, y no le arrancó las trenzas porque el chavo del 7 le puso una llave que la inmovilizó por completo. Y a la otra la agarraron 3 vecinas que, si no, se echa a la hermana.

El  chavo dijo que le iban a imponer una multa a la ofensora: mil pesos por cada palabrota empleada, y cinco mil por las bendiciones. Hicieron la cuenta, y ni en diez años podría pagarla, aunque trabajara de sirvienta 18 horas diarias. La mujer se echó a llorar, dijo que sus hijos se iban  a morir de hambre, que su marido la iba a abandonar (cuando en realidad, sólo viene cada ocho días a ver si no se ha muerto alguien) y que su mamacita se iba a quedar más paralítica que antes. Esto fue lo que en verdead le pudo a la del 34, porque entonces la iba a tener que cuidar ella; y le ofreció el perdón, con la condición de que le hiciera la comida durante una semana completa, incluyendo sábado y domingo. Y le dió un menú impresionante por lo variado y caro de los platillos. La  hermana aceptó, y se fueron las dos a comprar los ingredientes que necesitaban.

Ahora se pasan las dos todo el día cocinando juntas, y se tratan con un cariño que no se ve todos los días. La más contenta es la mamá de ellas, que ya hasta sonríe, a pesar de su parálisis.

Parece que eso de las bendiciones se convirtió en realidad.

Te quiere

Cocatú



Número 28 - Abril 2019
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