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Cartas a Tora CXXIII

Viernes, 08 de Marzo 2019 - 13:00

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

A pesar de todos los nombramientos que hizo el portero en días pasados, la vecindad ha estado tranquila. Por fuera, porque por dentro… Un caso fue el del 37, un señor muy atravesado, muy echado pa’lante, y que tiene bastante pegue entre las viejas de aquí. El hace como que no lo sabe, pero se pasea por el patio con aires de conquistador  de barrio (eso es lo que es, ni más ni menos); y en cuanto puede, se enreda (es un decir) con alguna señora de más o menos buen ver (de aquí y de otras vecindades). Pues ese señor dio la nota hace unos días.

Resulta que un día, ese señor llegó a su casa, sacó un papel y le dijo a su esposa: “Fírmame aquí”. Ella preguntó de qué se trataba, y él respondió que no le importaba, que firmara. La vieja no quiso, y él se empeñó en que firmara sin ver. Discutieron un poco, y por fin él le dijo: “Soy tu esposo. Llevas mi apellido. Te mantengo de todo. Lo que yo diga es por el bien de los dos. ¿No me vas a creer?”. Pues la vieja creyó, y le firmó.

Unos días después llegó un actuario (o no sé qué, pero con alguna autoridad), y dijo a la señora que se fuera, que ya no podía vivir allí. La vieja se enojó,  gritó, pataleó; le pegó al individuo ese, por lo que le pusieron una multa, y el funcionario trajo a dos hombres (eran dos cargadores del mercado cercano) que la sacaron de la casa y la depositaron en un basurero que estaba en la calle y que, milagrosamente, no se habían robado.

Todos los que estaban en ese momento en la vecindad,  incluyendo al portero y sus guaruras, salieron a ver qué pasaba, protestando contra el funcionario ese y sus secuaces; y ya se iban a echar encima de él, cuando éste sacó un papel y lo leyó. ¿Y qué crees que decía? Que la señora estaba divorciada y ya no tenía derecho a habitar el domicilio conyugal. ¡Qué escándalo se armó! La señora decía que estaba casada, y bien casada, pero el fulano ese le enseñó un papel que decía que estaba divorciada, y tenía su firma. Entonces, ella cayó en cuenta. Era el papel que el marido le había obligado a firmar sin ver. ¡Había caído en una trampa!

Fue a la Alcaldía a protestar, pero no sirvió de nada. Contrató un abogado para que dijera la verdad; pero el papel estaba firmado por ella, y no hubo nada que hacer. El divorcio era efectivo y final.

Al principio, algunos vecinos le ofrecieron un lugarcito en su vivienda. Pero conforme pasaron las semanas empezó a estorbar, y tuvo que irse a vivir al hotel de la esquina. Allí, la confundieron con lo que no era, y acabó siendo lo que ya era. Pero, por lo menos, tenía dónde dormir y podía echarse un taco de vez en cuando. Porque el marido siguió paseándose por el patio con aires de triunfador; y luego llevó a vivir a una vieja a su casa, pero no se casó con ella. Dijo que ya estaba escarmentado, y que los vecinos hicieran lo que quisieran.

¿Y sabes lo que hizo un día? Fue al hotel a “pasar un rato con su esposa”. Pero le dijo “Tú a mi no me cobras. Ya sabes qué soy y cómo soy. Agradece que aún me acuerde de ti”. Y ella tuvo que pagar hasta el cuarto, ¿te imaginas? Encima, le quedó agradecida; y cada vez que ve al marido en la calle le sonríe y le hace un movimiento insinuante con las caderas. Al grado que un día iba el señor con la vieja que tiene ahora; y le dijo que se fuera a la casa, porque él tenía algo que hacer, y se metió con la esposa al hotel. En fin, hay gente que nunca aprende.

Como la gatita rubia. Mucho gemir cuando murió el gatote negro; y ahora anda derrapando por un gato gris más desgraciado que el negro, que ya le hizo ocho hijos de un jalón (por lo menos, no la ha tenido embarazada tanto tiempo como el otro, que la pobre apenas puede moverse). Y yo me pregunto: ¿Qué diferencia hay entre la gatita rubia y esa mujer? Solamente que una camina en dos patas y la otra en cuatro; pero en el fondo son lo mismo. Pero entre nosotros también hay casos así. Estás enterada de eso, ¿verdad? ¿O tu mamá te sigue ocultando las cosas de la vida? Por cierto, salúdame a tu mamá. Aunque le amargues el día.

Te quiere

Cocatú


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Número 33 - Septiembre 2019
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