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Cartas a Tora CXX

Viernes, 15 de Febrero 2019 - 14:45

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

Otra vez hubo agitación en la vecindad. ¿Y por culpa de quién? Del portero,  por supuesto.

En el 42 viven dos hermanas, una viuda y la otra solterona, que vivían con el sueldo del marido de la primera, pero desde que la primera quedó viuda se quedaron sin ingresos. Entonces se le ocurrió a la buena mujer decir a las vecinas que, por medio de una pequeña cuota, ella les cuidaría sus hijos mientras se iban a trabajar, y así han estado funcionando desde hace unos meses.

El portero quiso aumentarles la cuota de mantenimiento, pero ellas se negaron, alegando que sólo cobraban lo indispensable para dar de comer a los niños, comprarles pañales, talco y todas esas cosas que los niños necesitan. “¿Y ustedes no comen de ahí?”, les preguntó. “Claro que sí”, le respondieron, “pero no lucramos con eso”. Y como el portero no supo qué significa “lucrar”, se fue con la cola entre las patas (no, no tiene cola. Es una figura gramatical tomada de lo que hacen los perros cuando los regañan. Pero se oye muy bonito). Sin embargo, dijo que les iba a hacer pagar la afrenta, y ha estado maquinando planes a cual más descabellado. Por fin se le ocurrió  decir que aquello era una fuente de corrupción, porque las mujeres esas se negaban a pagar, y las  vecinas las apoyaban, faltando a sus deberes civiles, y eso era CORRUPCION (con mayúscula, imagínate); y que, por lo tanto, se clausuraba la guardería clandestina (no sé por qué clandestina, pues todo el mundo sabía de su existencia).

Se armó el alboroto. Porque las del 42, además, enseñan a los niños a contar hasta el 10 (o el 20, no sé), los días de la semana, a comer con cubiertos, a no gritar, en fin, los desasnan un poco; y así no llegan al kínder en tan malas condiciones como los que no tienen esos servicios. Pero el portero sólo sabía decir CORRUPCION. Y cuando le dijeron que necesitan a alguien que les cuide a los niños para que pudieran  ir a trabajar, el contestó “Que los cuiden las abuelas”. “¿Y si las abuelas también trabajan?”. “Pues las bisabuelas”.

El caso es que empezaron a llegar las bisabuelas, o a sacar a los niños muy temprano para llevarlos con ellas. ¡Pero si vieras! Algunas venían en sillas de ruedas, otras en sillas sin ruedas y una o dos en camilla. Y a todas hay que cuidarlas como si fueran bebés, pues a veces no pueden ni tragar lo que les dan de comer. El caso es que han puesto candados en todas las ventanas y los encierran con llave, y se van con la mayor de las preocupaciones. El otro día, el chiquito del 14, que es muy travieso, abrió las llaves de la estufa. Y como le gustó el olor del gas, así las dejó. No pasó nada porque el papá se había ido de farra la noche anterior y llegó como a las 10 de la mañana, percibió el olor y apagó el gas; aunque tuvo que llamar al del 13, porque él no atinaba a cerrar las llaves. Pero, bueno, no hubo desgracias que lamentar, salvo la paliza que le dió a su hijito (que, en su borrachera, se la dio con un cojín; y ya te imaginarás cómo se rió el escuincle).

El caso fue que los del 37, que no tenían quien los vigilara, se descolgaron por una de sus ventanas a la azotehuela de la portería; y encontraron  unas botellas de tequila, y que se las toman. Allí los encontró la Flor, borrachos perdidos, risa y risa: los metió a la regadera, les lavó la boca con vinagre y con jabón, los hizo ingerir un buche de agua de colonia, los vistió con lo que pudo y los devolvíó a su vivienda. Pero la madre, al verlos con ropa ajena, averiguó lo ocurrido; y amenazó al portero con denunciarlo… ¿Por qué crees? Por CORRUPCION DE MENORES (con mayúsculas, también). Y todos los vecinos se sumaron a la amenaza, por lo que no tuvo más remedio que consentir en que la guardería siguiera funcionando.

El portero quedó muy enojado, además, porque los vecinos no quisieron pagarle las botellas de tequila que se habían tomado; ni siquiera porque les dijo que era un regalo de su abuelito, que lo quería mucho.

¿Qué te parece?

Te quiere

Cocatú


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Número 33 - Septiembre 2019
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