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Cartas a Tora CXV

Viernes, 11 de Enero 2019 - 15:35

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

Estoy muy triste por una cosa que pasó el otro día. La verdad, fue algo que ni siquiera podía imaginar. Pero sucedió.

Ya sabes que aquí hay muchos niños, casi todos muy traviesos. Pero algunos son terribles, como el del 43, por ejemplo. Y tiene un  grupo de congéneres que lo siguen a todas partes y lo obedecen en todo. ¡Y apenas tiene 9 años!  El sábado pasado estaban jugando con cohetes, a pesar de que está prohibido por los reglamentos de la vecindad. Pero el portero y sus guaruras, como si jugaran con agua (Que también está prohibido, porque puede haber escasez). Con los cohetes,  lo más terrible que había pasado fue que asustaran a alguna vecina distraída echándole un cohete en la cocina.

En la azotea, casi todas las gatas estaban asustadas por el ruido tan grande, y algunas casi lloraban (En la forma que lloran los gatos). Entonces apareció el gatote negro. Ya sabes, ese que se las tira a todas. Yo creo que quiso demostrar que era muy macho, con el fin de tener una noche de sultán, y bajó a andar con los niños. Estos al principio lo quisieron echar; pero como él no obedecía, se pusieron todos a aconsejarse y a reírse en voz baja. Uno fue corriendo a buscar algo en su casa; otro fue a traer unos cordones, y al cabo de unos minutos, se volvieron a reunir. El del 43 tomó un pedazo de carne que trajo el del 38, y con eso envolvió un cohetón que aún tenían. Luego, entre varios sujetaron al gatote, le pusieron la carne (Con el cohetón incluído) en la boca, y le metieron la cabeza dentro de una caja, que amarraron con cordones. El pobre (Sí,  aunque me caiga mal) se debatía entre sus garras (Las de los niños. Es un decir), pero antes de dejarlo ir, prendieron la mecha del cohetón. El gato anduvo de un lado a otro, pegándose en las paredes, cayéndose y levantándose, mientras ellos se reían por lo bajo… Hasta que, de pronto, como dice la canción “lo que tenía que pasar pasó”, y  el cohetón estalló, y le voló al gato la cabeza. Así como lo oyes.

No te imaginas cómo se rieron. Algunas de las viejas, que habían visto todo por la ventana de la cocina, también se rieron. La Mocha, no; ella, que también vió todo, se puso a gritar y a llamarlos asesinos, cobardes, gente sin corazón, y no sé cuántas cosas más. Los niños se rieron todavía más. Y las viejas le decían “Era un animal”, “Fue una travesura”, “No le hicieron daño a nadie”, y cosas por el estilo. La Mocha pedía un castigo ejemplar para los niños y se fue a ver al portero. Pero éste dijo que la cosa no tenía importancia, y que si no cerraba la boca la iba a encerrar. La Mocha se fue a levantar un acta en la Delegación por  “la salvajada que habían hecho”; ´pero volvió al poco rato, diciendo que no le habían hecho caso, porque “tenían cosas más importantes que hacer”.

En la azotea, todos estábamos impactados por el suceso, y corríamos en cuanto se nos acercaba algún niño; sobre todo, si nos querían dar un pedazo de carne. Ese día nadie comió. Algunas de las gatas se pusieron a lengüetear los restos del gatote, que hasta me conmovieron un poco. La gatita rubia, no; ella se limitó a maullarle desde lejos, como lamentando su partida.

¿Pero sabes qué fue lo peor? Que yo me alegré. No de lo que le hicieron, sino de que hubiera desaparecido, porque había pervertido a todas las gatas. Ya se peleaban por sus atenciones; y si les hacía unos bebés, hasta se lo agradecían; y le guardaban los mejores pellejos que les daban. Y a mi eso me parecía espantoso, porque las había hecho olvidar la moral y los…

Vas a decir que los animales no tienen moral. Y tienes razón. Pero algún sentido de la propiedad deben tener. Y si no, que lo aprendan. No es posible vivir así, a lo que venga y como venga, con tal que te satisfaga y sin importar las consecuencias. Pero si los seres humanos no lo hacen, los animales menos.

Perdóname. Me estoy metiendo en cosas que no entiendo. Porque no los entiendo a estos seres humanos. ¿Qué buscan?  ¿Qué quieren? ¿Por qué hacen lo que hacen? Ese niño del 43, ¿qué puede esperar de la vida, si se porta como se porta? Creo que la única que tuvo razón en todo este asunto fue La Mocha. Pero todos se ríen de ella.

No quiero inquietarte. Te extraño como no sabes. Y a nuestro planeta, también. Con todos sus defectos e inconvenientes, lo extraño.

Te quiere

Cocatú



Número 28 - Abril 2019
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