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Cartas a Tora CXLIV

Viernes, 16 de Agosto 2019 - 13:00

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

El portero anda muy activo. Ya te imaginarás por qué. ¿No? Pues porque quiere irse con la Flor (y su prima) a Acapulco. No quiere llevar a la prima, pero quién sabe lo que ella diga.

La idea le vino porque los vecinos empezaron a protestar de que el Seguro Vecinal estaba en muy malas condiciones: el piso era una porquería que ya ni lavándolo con ácido muriático se aclaraba, las persianas se estaban cayendo, la enfermera siempre estaba dormida y lo único que recetaba eran chiquiadores de ruda. Y le exigieron mejorar las condiciones generales del Seguro.

Al principio se negó, claro. Pero luego vió en eso la oportunidad de  hacer el anhelado viaje. Y, claro, pidió una cuota especial. Con tal de contar con un buen Seguro, los vecinos accedieron y algunos a regañadientes y otros con buena voluntad, la entregaron (Con excepción de los del 56, que como siempre están incróspidos, ni se enteraron de lo que les pedían).

Total, que en dos días (La Flor quiere irse de viaje ¡¡YA!!) empezaron los trabajos. Trajeron varias cajas de loseta, que nadie vió porque estaban cerradas; algo que parecían persianas, dos o tres estantes de diversas formas y bastante arruinados, un  sillón largo y negro que parece de psiquíatra de película, un banquito, tres macetas con ruda y otras dos con quién sabe qué plantas, que se veían muy sospechosas.

Era loseta en pedazos, que encontraron en alguna demolición. Debo decir que los que la instalaron (Los guaruras en sus ratos libres, que son la mayoría) hicieron un buen trabajo uniendo los pedazos, y aquello parece una alfombra oriental de muchos colores. Lo que parecía persianas son persianas, pero también tuvieron que pegar las láminas; y no pueden abrirlas ni cerrarlas, porque se parten, Los estantes los pintaron de negro, porque así no se notan las imperfecciones. El sillón es para el uso exclusivo del portero cuando necesite sus cuidados paliativos, y es nuevo. Y las macetas las colocaron junto a la ventana, donde les de el sol y las puedan regar sin mojar nada. El aspecto en general es bastante bueno

Como ya te imaginarás, todo lo consiguió el portero a precios irrisorios, y hasta regalado. Lo único que pagó, y a buen precio, fue una de las macetas. Lo sé porque una noche le vinieron a cobrar; y como los que llegaban eran unos perfectos desconocidos, me fui a una ventana de la portería y me enteré de todo. Me da pena que abuse de los vecinos, pero pensé que, con todo y todo, el Seguro Vecinal estaba mucho mejor que antes. Y me dije “Bienvenido que los estafen, si con eso mejoran su vida”.

Me equivoqué de medio de medio (No sé cuáles son esos medios). Al día siguiente de la instalación varios vecinos fueron  a quejarse de dolor de cabeza o de estómago; y uno dijo que le dolía el corazón. ¿Y sabes lo que la enfermera les dió? Chiquiadores de ruda. Según dijo, no había alcanzado para más medicinas que las tres macetas y una hierba del sapo, que es muy buena para bajar de peso. La señora esa que bajó 100 kilos y luego los volvió a subir vino corriendo; pero las dosis que le ha dado no le han servido de nada. Entones la enfermera, con mucho misterio, le dio unas hojitas de la maceta que había costado tan cara: le dijo que la pusiera a secar, que la machacara y que la metiera en un papel de cigarro y se la fumara…

Justo lo que te imaginas. Era marihuana. Al que le dolía el corazón le dió como para tres cigarros. Ninguno de ellos se ha curado, pero por lo menos se pasan las tardes tranquilos, viendo visiones que luego comparan entre sí, a ver quién las tuvo más bonitas.

El portero y la Flor no se fueron a Acapulco sino a Los Cabos, que está mucho más lejos. Y volvieron muy contentos. Sobre todo la Flor, porque se empeñó en llevarse a la prima “para que la sustituyera cuando se sintiera muy cansada”. Lo que ocurrió todos los días, porque ella se iba desde temprano a nadar, y regresaba arrastrando la lengua (Es un decir, por supuesto). La prima también volvió muy contenta, porque era la primera vez que viajaba en avión; pero el portero tuvo que ir al Seguro por sus cuidados paliativos.

En fin, la vida sigue sin mayores novedades. En la azotea tampoco ha pasado nada digno de mención, salvo que la gatita rubia ya está otra vez embarazada. Pero eso, en realidad, no es novedad.

Te quiere

Cocatú


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Número 34 - Octubre 2019
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