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Cartas a Tora CXL

Viernes, 19 de Julio 2019 - 13:10

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

Hubieras visto el borlote que se armó en la vecindad por un suceso pequeño, pero que tuvo muchas consecuencias. Casi diría que fue un acto político de gran envergadura.

¿Te acuerdas que por el hoyo del patio los vecinos tienen que emplear las escaleras para pasar de un lado a otro? Y como hay mucho tránsito en las mañanas, a las horas punta, el portero hizo que unas escaleras fueran de bajada y otras de subida. Pero hay algunos vecinos que no siguen esa norma. Especialmente la muchacha del 46, que llegó hace poco. Siempre se le hace tarde para trabajar, y para ganar tiempo baja por la escalera de subida, atropellando a todo el mundo mientras se peina o se pinta los labios o se pone “spray”,. El otro día roció con “spray” al del 18, y se le pegaron las pestañas en tal forma que no pudo abrir los ojos en todo el día.

Así que los vecinos fueron a quejarse con el portero, y este ordenó a sus guaruras que no le permitieran a la muchacha bajar por ahí. Pero cuando ella se enteró, fue a ver al portero; y yo no sé lo que le dijo, que le dio permiso de usar la escalera como quisiera y cuando quisiera. Entonces los vecinos se enojaron, y protestaron.

¿Te acuerdas de la gorda aquella que bajó cien kilos para casarse? Pues como ya se casó, los volvió a subir. Y los vecinos la sentaron en el rellano de la escalera, con lo que nadie puede pasar. Además, pusieron carteles protestando por “el favoritismo del portero hacia una recién llegada”; tocaron pitos y tambores, y armaron tal escándalo que el gendarme de la esquina vino a ver qué pasaba; pero no pudo hacer nada, porque todo el problema era que nadie podía usar la escalera y tenía que dar la vuela hasta la otra.

Lo peor fue cuando el portero quiso subir a la enfermería. Resulta que la Flor lo dejó plantado ese día, y entonces él quiso subir a que la enfermera le diera “cuidados paliativos”, pero los vecinos no le permitieron pasar. El portero decía quera era urgente, que se sentía “a las puertas de la muerte” por la falta de esos cuidados; pero los vecinos no transigieron. Entonces, el portero mandó a sus guaruras que los atacaran; y los muchachos se lanzaron contra ellos blandiendo los puños (Porque no tienen más armas); pero los vecinos contestaron con los pies, y los hicieron rodar escalera abajo. Entonces, el portero alegó que tenían que subir todos a atender sus heridas; pero los vecinos, firmes en su posición. El portero ordenó que conectaran una manguera y les echaran agua, y tampoco. Con fuego no se atrevió a atacarlos, “no le fueran a  quemar las pestañas a él y a sus guaruras”.

Para la noche, los ánimos se habían  caldeado a tal punto que el portero  empezó a pedir pistolas prestadas, con balas de verdad. Pero la situación se resolvió por sí sola. ¿Y sabes cómo? La muchacha llegó algo tarde, en coche con chofer, y anunció que se iba, porque había conseguido un departamento “más bonito y que le iba a costar mucho menos” (Menos que nada, porque ella no lo iba a pagar); y un rato después salió con sus maletas y se fue en el coche.

La manifestación se resolvió por sí sola, y el portero pudo subir a recibir sus “cuidados paliativos”. Pero resultó que la enfermera tenía un compromiso esa noche, y había salido (Como muchos otros vecinos) brincando por la azotea a las vecindades de al lado, y el portero se quedó con un palmo de narices (Que de por sí las tiene bastante prominentes). A los muchachos los curaron los mismos vecinos, pues ya han establecido con ellos relaciones bastante cordiales. El único perjudicado fue el portero, que tuvo que pagar en el hotel de la equina para recibir sus cuidados paliativos (La frase se hizo famosa en la vecindad, y a cada rato se la andan diciendo unos a otros).

Yo quedé muy contento al ver que, por primera vez, los vecinos se alzaron para exigir sus derechos; y los supieron defender. Ojalá la próxima vez sea por algo que valga más la pena.

Te quiere

Cocatú



Número 32 - Agosto 2019
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