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Cartas a Tora CXII

Viernes, 14 de Diciembre 2018 - 10:20

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

            El otro día llegó un  inquilino nuevo, y desde el primer momento causó sensación. ¿Sabes por qué? Porque nadie sabía si era hombre o mujer (Yo tampoco lo sé, pero a mi no me importa). Fueron los vecinos a preguntarle al portero, pero éste les dijo que a él sólo le importa que pague su renta puntualmente y que se llama Guadalupe. Pero Guadalupe es nombre de mujer y también de hombre (Pero más de mujer, por aquello de la Virgen).

            Viste pantalones (Puede ser hombre o mujer) y una  sudadera o playera grande (Lo mismo), y siempre de color verde (Eso no indica nada) ¿El pelo? Más largo que muchas mujeres y más corto que muchos hombres. ¿Maquillaje? Eso se discute mucho, y hasta les preguntaron a los del 41su opinión. Los muchachos dijeron que quién sabe, que no se le notaba nada, pero que ahora había verdaderas maravillas en afeites de todo tipo; que la cara igual podía ser de una mujer tosca o de un hombre blandito, y eso no significaba nada. ¿Curvatura del cuerpo? La ropa no deja adivinar más que el ángulo del codo, que combina igual con los genitales masculinos que con los femeninos.

            Lo único que quedaba era verlo (O verla) desnudo (O desnuda). Mira, para no estar escribiendo en masculino y luego en femenino voy a escribir en neutro, porque me choca estar usando tantas palabras. ¿Pero cómo lo iban a lograr? ¿Por las buenas? ¿Pidiéndole que se bajara los pantalones? ¿O bajándoselos cuando estuviera descuidado (Aquí entre nos, te diré que nunca está descuidado, y se fija en quién camina detrás él o a su lado, como si temiera algo). Ya tuvieron un problema similar, ¿te acuerdas? Cuando llegaron unas japonesitas y quisieron averiguar si de veras tenían el mono atravesado. Inventaron muchas cosas para verlas, y quedaron siempre en ridículo. Ahora no podían emplear los mismos métodos de esa vez. Tenían que ser más inteligentes.

            A los del 12 se les ocurrió  colgar a uno de sus hijos pasándole una cuerda por las axilas y descolgarlo hasta la puerta de su baño. Esperaron pacientemente a que el individuo ese se fuera a bañar (Tuvieron que esperar varios días). Por fin, un sábado se presentó la ocasión y empezaron a descolgarlo. Pero el chamaco no pudo evitar que el peso lo venciera, y empezó a escurrirse por el lazo, de modo que la cuerda le subió los brazos y amenazaba con llegarle el cuello,. A ruegos (Y manazos) de la atribulada madre, el padre lo subió y se les frustró el método.

            Otro sábado descolgaron un teléfono celular en modo de video, pensando que al no tener cuello el teléfono no habría ningún problema. Pero sí lo hubo, porque la ventana estaba  cerrada. Ya desesperados, los vecinos movieron la reata para que el teléfono se columpiara y luego rompiera el vidrio de la ventana (Ya no les importaban las consecuencias) y filmara al señor de verde. Pero calcularon mal, y el teléfono entró por la ventana del vecino de enfrente y filmó a su ocupante en amigable coloquio con una de las muchachas del hotel (No quiso pagar el cuarto, y se la llevó a su vivienda).

            El señor-señora (Lo que más te guste) se dió cuenta de lo que pretendían, se enojó y se fue de la vecindad, dejándolos con un palmo de narices (¿Por qué se dirá así? ¿Qué tienen que ver las narices con una desilusión, por violenta que ésta sea?)

            El que salió ganando fue el señor del 12, que vió la oportunidad de hacer un negocio, y le vendió el video al que se llevó a la muchacha a su vivienda, diciéndole que si no se lo compraba se lo entregaría a su esposa (Esa señora tiene un genio espantoso, y no quiero imaginar lo que le haría al marido).

            Yo vi todo desde la azotea y, a diferencia de los vecinos, sí logré ver al señor-señora desnudo. Pero no voy a decirte lo que era, porque es pura curiosidad malsana. Y, además, no te importa. Perdóname que lo diga con esas palabras, pero es la verdad. Y, por encima de todo, yo quiero protegerte de todas las cosas feas que tiene la vida.

Te quiere

Cocatú



Número 32 - Agosto 2019
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