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CARTAS A TORA CLXXXIV

Viernes, 26 de Junio 2020 - 09:15

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

    Fíjate que los vecinos andaban todavía inquietos con lo del agujero y el “Santuario” que inventó el portero, y con frecuencia los veías en los pasillos hablando del tema. El portero pronto se dio cuenta, y empezó a verse muy preocupado… hasta que se le ocurrió una idea.

    Ya ves que los sábados nos pasan películas. Pues el portero discurrió hacer un “Magno Festival de Cine”, y todos los días, a las cuatro de la tarde, empieza la función. Pasan tres y hasta cuatro películas. Los vecinos, encantados, aunque las películas muchas veces ya las han visto; pero no les importa.

    Empezaron con “Nosotros los Pobres” y “Ustedes los Ricos”, que siempre tienen muy buena acogida. Los muchachos del 41 fueron los primeros en llegar, y se sentaron junto a los del 37. Ese señor, que es muy bronco, no quería estar cerca de ellos; pero su esposa dijo que la primera fila le gustaba mucho, y no se movió. Bueno, pues los del 41 aguantaron todas las tragedias que pasan en la película como los machos que no son; y el del 37 se tuvo que ir, porque no podía contener los sollozos, sobre todo cuando el protagonista le pega a la niña y luego se golpea con desesperación la mano que cometió el infame acto.

    Otro día nos pasaron “La Casa Chica” (lo de “chica” no es por el tamaño de la casa en sí, sino porque es la casa donde el protagonista tiene a “la otra”. Ya sabes lo que “otra” significa en estos casos, ¿no? Si no lo sabes pregunta, porque en ningún diccionario lo vas a encontrar). Aquí, todas las viejas se pusieron en contra de esa “otra” (que aquí, entre nos, a mí me parecía muy decente), y discutieron hasta bien entrada la madrugada. Solo la del 34 se retiró pronto y muy discretamente (a mí se me hace que ella es la “otra” en un caso similar, porque de vez en cuando viene un señor a quedarse unos días y luego se va, y nunca sabe uno si es un primo desgraciado o una visita confianzuda. Pero no me gusta meterme en esas cosas, porque luego se lleva uno cada sorpresa…).

    El domingo, como fin de fiesta, pasaron “Madre Querida”. Eso fue el acabose. Lloraron hasta los niños (pero porque se olvidaron de ellos, y no les daban de cenar). La Flor, que vino como invitada especial, echó un discursito sobre el papel de la mujer en la sociedad (ajustándolo a lo que ella es, como es lógico), y fue muy felicitada. La Mocha las regañó a todas, y les dijo que en vez de estar tantas horas comentando una película se fueran a sus viviendas a cumplir con sus obligaciones. No sabes cómo la abuchearon.  La enfermera del Seguro Vecinal tuvo que atender a dos o tres que sufrieron desmayos de emoción (nunca había yo oído cosa semejante; pero sí, les tuvo que poner una inyección para que reaccionaran y pudieran caminar hasta sus casas. A la del 47 le pegó el marido cuando llegó, porque ya tenía ganas de acostarse y no había con  quién).

    Pero no creas que fue gratis. A la entrada les recogían a todos los pañuelos, y a punto de empezar la función pasaban a venderles pañuelos de papel, que al final recogían en grandes tambos de basura. El del 28 protestó por lo que consideraba un  abuso; pero el portero contestó que era por higiene, porque si les permitía usar sus propios pañuelos iban a hacer “un tiradero” en los botes de basura; y si eran pañuelos de tela, no iban a alcanzar los tendederos para secar tanto “trapo” (así dijo: “trapo”). A mí me pareció una actitud muy hostil, y hasta despótica; pero los vecinos se tragaron sus dichos como si fueran pastillas de limón, y obedientemente pagaron sus pañuelos. ¿Y sabes? Terminado el festival, ya se habían olvidado del agujero del patio y hasta del “Santuario”. No cabe duda que el portero es inteligente.

Te quiere,

Cocatú

 


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Número 35 - Noviembre 2019
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