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CARTAS A TORA CLXXX

Viernes, 29 de Mayo 2020 - 11:15

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

Otra vez se armó el mitote en la vecindad (Mitote. No sé si la encuentres en el Diccionario Inter-galáctico, pero significa mucha gente gritando, sea de júbilo o de coraje. Más o menos). Y es que una noche, los del 39 tenían fiesta, con bastante gente, muchas botellas, poca comida y  música a todo volumen. Ya era la una de la mañana, y el mitote seguía en todo su apogeo. Entonces, algunos vecinos empezaron a llamar a la puerta para pedirles que no hicieran tanto ruido, pero nadie les hacía caso. Por fin, los vecinos fueron a llamar al portero. Y ahí empezó el verdadero problema.

    Primero, el guarura de turno les dijo que no podía atenderlos porque tenía mucho trabajo. ¿Cuándo se ha visto que el portero trabaje a esas horas? Si acaso, trabaja de 11 a 12 de la mañana. Como los vecinos insistieran, el portero en persona les gritó desde adentro que no molestaran. Y a la tercera vez se levantó en paños menores (mínimos, mejor dicho), dejando a la Flor en la recámara, y salió a decirles que no fueran desgraciados, que era hora de estar dormidos.

    Todos estaban de acuerdo en eso, claro, y le pidieron  que callara a los del 39. Pero él respondió que les había dado permiso de hacer la fiesta, y les dio la espalda. Los vecinos empezaron a gritar, a decirle que eso estaba en contra del Reglamento, que exige que no haya ruido después de las 10 de la noche. ¿Y qué crees que hizo el portero? Se regresó, echando chispas por los ojos, y les dijo “que él se pasaba el Reglamento por el arco del triunfo”, que allí el que mandaba era él, y que nadie tenía derecho a exigirle responsabilidades estúpidas.

    Al principio, los vecinos se quedaron impresionados, pero luego la señora del 7 y la Mocha (Mujeres, al fin) se le encararon y le exigieron que cumpliera con  su deber. El portero se enojó más todavía, pero cuando verdaderamente se enchiló fue cuando alguien le aventó un chicle masticado y le dio en un ojo. Entonces llamó a sus guaruras. Y salieron los ocho, pistola en mano, con chinampinas y todo, a amenazar a los vecinos. Pero alguien les gritó que eran unos vendidos y que mejor fueran a amenazar a los de la fiesta. El del 37, que es muy bruto, le quitó la pistola a un guarura y le apuntó al portero, que se puso pálido y por poco azota allí mismo (claro que sabe que las pistolas son de mentiras, pero de todos modos les tiene miedo), y no tuvo más remedio que ir a tocar a la puerta del 39 (pero antes se tuvo que poner algo decente, para no ir enseñando sus “miserias”, como dice la señora del 37).

    Les abrió el “jefe de la casa”, más mareado que un barco en alta mar, pero al ver las caras amenazadoras y las pistolas, se le bajó la borrachera y se le encendió un foquito en el cerebro, y llamando a algunos invitados, les dijo que se trajeran unas botellas y unos vasos, y convidó a todos a echarse unos ”alipuses” (esto seguro que no lo encuentras en el Diccionario; pero ya te figuras lo que es, ¿no?). Algunos se rehusaron, pero en cuanto les insistieron aceptaron; y se sentaron en el pasillo y en la escalera, a platicar, a cantar y a echar gritos de júbilo. Los del 56 hasta se pusieron a bailar una de sus tiempos.    

    Total, que a las siete de la mañana se fueron los últimos a dormir, y los más cumplidos, a trabajar. Cuando el portero llegó a la portería, la Flor ya se había ido, pero no le importó mucho, porque cuando está bebido muchas cosas no le funcionan y prefiere dormir. Los guaruras fueron los más amolados, porque el portero no les permitió beber “mientras estuvieran trabajando”, y tuvieron que conformarse con el olor de las “cubas”.

    Lo bueno fue que no hubo pleitos ni insultos, y todos se retiraron muy contentos de la “hospitalidad” del señor del 39. A ver si no se les hace costumbre. Yo lo siento por los niños que tienen  que ir a la escuela el día siguiente. Pero luego me di cuenta de que a ellos no les importa: la mayoría durmieron como si nada; y los que no pudieron hacerlo, sacaron los videojuegos y allí se pasaron  la noche, sin regaños de sus papás.

    Bueno, te dejo. Piensa en lo fácilmente que el del 39 resolvió el problema. A mí no se me hubiera ocurrido.

Te quiere,

Cocatú

 


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Número 35 - Noviembre 2019
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