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CARTAS A TORA CLXXIV

Viernes, 17 de Abril 2020 - 01:15

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

    No entiendo a esta gente. Te lo he dicho varias veces, pero es que no hay manera. Y vas a ver por qué.

    Ahora vive en el 28 un matrimonio con un hijo ya más que adolescente. Son muy serios, y hasta ahora no dan dado mucho de qué hablar. La señora saluda a las demás, pero no convive mucho con ellas. El caso es que, un día, el muchacho le pegó a la madre. Fue solo una bofetada, pero a mí se me hizo una falta muy grande de respeto. ¿Y sabes por qué fue la cosa? Porque no le dio dinero para irse con los cuates.

    Esa noche, cuando llegó el padre, la señora le pasó la queja. El hombre montó en cólera (se oye bonito eso de “montar en cólera”, ¿verdad? Parece como si la cólera fuera un brioso caballo que te va a llevar muy lejos). Pero no, esta cólera no era un caballo, pero sí llevó al hombre bastante lejos: agarró al chavo, lo estrelló contra la pared y le dijo que a la madre no se le pega ni con el pétalo de una rosa, por cursi que le pareciera la frasecita. Y cuando lo hubo domado, le dio el dinero que necesitaba para irse con los amigos.

    Unos días después volvió el señor haciendo eses y cantando a voz en cuello. Era temprano, porque los compañeros de trabajo habían tenido un agasajo a mediodía, y él no quiso seguirla. Entró a su vivienda y la señora no estaba. Entonces sí que enloqueció. Salió a buscarla vivienda por vivienda. Por fin, la encontró con varias señoras, tomando café y contándoles lo mucho que su esposo la quería y cómo le había dado su lugar ante el hijo majadero, y al verlo, quiso que pasara a tomar café con ellas. Pero el señor no solo se negó, sino que la agarró por el chongo, la arrastró fuera y la metió a su vivienda a empujones. Todas las viejas corrieron tras ellos, pero les dio con la puerta en las narices; y se quedaron afuera, escuchando los guamazos que le daba (Guamazo – palabra de misterioso origen que significa golpe). El chavo volvió en ese momento, pasó entre las acongojadas vecinas, se plantó ante el padre y le preguntó: “¿No que ni siquiera con el pétalo de una rosa?”. “A tu madre”, le contestó él. “Las otras viejas son otra cosa”.

    Hasta eso, que la paliza no fue tan grave, porque solo le rompió un dedo. Pero para su mala suerte, fue el dedo con que le quitaba la cerrilla acumulada en las orejas en el transcurso de las semanas. Resultado: el señor se fue quedando medio sordo. Él trataba de limpiarse las orejas, pero sus dedos son muy gruesos, y no le llegan tan adentro como el de la señora.

    El chavo estuvo medio pensativo varios días, pero como andaba cortejando a una chava de otra vecindad, pronto olvidó el incidente. Sobre todo, cuando ella le dio el sí y ya se sintió seguro. Así anduvieron una temporada, hasta que un día la fue a buscar a su casa y le dijeron  que no estaba; montó en la misma cólera que el padre, y cuando la vio llegar acompañada por un muchacho se le fue encima por andar haciéndole de chivo los tamales (no sé cómo sean los tamales de chivo, pero por aquí tienen muy mala fama). Luego se aclaró que era un compañero de la escuela que la acompañó porque salieron muy tarde de un examen, pero él ni siquiera se disculpó, y le dijo a la chava que si lo quería, ya sabía a lo que se exponía. Total, que ya están hablando de casarse. ¿Qué la chava no piensa? ¿No sabe que la gente no cambia, y que en cualquier momento puede hacerle lo mismo? Pero cuando empiezan a hablar de boda, es como si les diera amnesia y solo se acuerdan de lo bonito. Merecido se lo tienen.

    Pues a ver cómo les va. La madre está muy contenta; el padre le dijo que si quiere ser feliz, se le imponga desde el primer momento, y que no le pase nada.

    Por la azotea, todo anda normal, pero hay más ratas. No sé si las están echando de otras vecindades o es que se reproducen más; pero a veces es imposible salir a ver la luna, porque ellas andan correteando toda la noche y se te echan encima por cualquier cosa. Un día voy a tener que organizar a todos los gatos para ver si acabamos con ellas. Y a ver si quieren, porque les tienen mucho miedo.

    Bueno, mi vida, espero que te encuentres bien. Salúdame a tu madre (y lo digo sin segunda intención).

Te quiere,

Cocatú

 


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Número 35 - Noviembre 2019
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