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Cartas a Tora CLVI

Viernes, 15 de Noviembre 2019 - 10:05

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

Fíjate que los vecinos se acordaron de que el hoyo en el patio seguía descubierto y empezaron a murmurar. El del 37, que es muy broncudo, dijo que debían ir a exigir al portero que lo cubriera, porque era muy peligroso. Los ánimos se caldearon un  poco y ya se estaba formando una comisión para presentar la queja.

Los guaruras fueron corriendo a decirle al portero lo que pasaba; y este, que estaba muy ocupado con la Flor, dijo que había que entretenerlos con algo. No tardó en surgir una idea (del guarura guapito, por cierto) consiste en hacer un concurso de bebés. Y antes de que la comisión acabara de formarse salió la convocatoria. Los vecinos se entusiasmaron, y corrieron a  acicalar a sus bebés, porque el concurso sería ese mismo día, en la tarde.

No sabes el ambiente tan festivo que se armó. Desde las dos de la tarde (el concurso era a las cuatro), ya estaban todas las madres con sus retoños en el patio, impacientes y alegres. Y a la hora en punto aparecieron el portero y la Flor (en su papel de juez absoluto) a poner en marcha el concurso.

Hubo varias categorías. En la de bebés que ya caminaban hubo muchos concursantes, pero ninguno llegó a la meta, porque todos se distraían y se iban a jugar con los perros o los gatos que estaban en el patio. A mí me atrapó el del 37,  que es igualito a su padre, y me dio una soba que ni te acuerdes. Nada más porque yo no quise arañarlo ni morderlo (al fin es un bebé), pero en cuanto pude arañé al papá.

La categoría de “Gateantes y Reptantes” estuvo muy divertida, porque tropezaban unos con otros, se amontonaban, se peleaban, se pegaban y manoteaban al mismo tiempo. Hubo que separarlos por la fuerza.

La de “Bultos con Patas” fue la más peliaguda, aunque todo lo que tenían que hacer era descubrirlos para que vieran cómo movían las piernas. Yo creo que todos eran iguales; sin embargo, hubo una selección muy rigurosa. Ahí se dio un incidente que estuvo a punto de estropearlo todo, porque el bebé más chico del 37 (¿quién, si no?) le dio un patadón al guarura que lo estaba calificando que le puso un ojo moro, y hubo que llamar a la enfermera para que le pusiera un bistec en el ojo y le bajara la inflamación. A ese lo descalificó enseguida; pero al ver la expresión de la madre y de toda la familia, le retiró el castigo.

Llegó el momento del fallo, recibido con porras y gritos de “¡Adelante, bebé!”, “¡Tú puedes!”, “¡Hazle honor a tu familia!” El portero estaba lívido, pensando que los perdedores lo iban a linchar. Pero la Flor, que es tan lista, dijo que todos los bebés merecían el premio. Eso ya estaba preparado, a mí que no me digan, porque inmediatamente sacaron unas paletitas y les dieron una a cada bebé. El del 37, que le tocó de chamoy, la escupió y hasta la vomitó, sin  tener en cuenta “La urbanidad y cortesía que exigía un momento tan solemne”, según dijo el portero. Y a todos se les dio un diploma por “El entusiasmo y el civismo demostrados en la gran fiesta (así, con la repetición tan horrible) de ese día”.

Todas se fueron felices a sus viviendas, y enmarcaron los diplomas. La del 37 lo colgó en la puerta, para que todos los que pasaran por el pasillo lo pudieran ver, y dejaran de decir que “sus bebés eran unos monstruos insoportables”. Allí estuvo el diploma, hasta que la lluvia y el viento lo destruyeron. Pero para entonces, los bebés ya habían pasado a la siguiente etapa de su evolución.

Y tú, ¿cómo has estado? ¿Le diste mis saludos a tu mamá? ¿Qué te dijo? Nomás gruñó, seguro. Conste que yo estoy haciendo lo posible porque me quiera. Pero si no lo logro, vas a tener que escoger entre ella y yo. Pero eso será cuando regrese, no te preocupes. Por lo pronto acuérdate que

Te quiere

Cocatú


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Número 35 - Noviembre 2019
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