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Cartas a Tora CLIX

Viernes, 13 de Diciembre 2019 - 11:25

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

He dudado mucho si contarte esto que te voy a contar, porque es bastante desagradable. Pero lo voy a hacer, para que sepas lo que es la vanidad. Porque este asunto fue causado totalmente por la vanidad de una mujer, la vieja del 51.

Resulta que un día esta vieja no fue al tianguis, sino al supermercado. Su madrina le había regalado unos pesos, y quiso comprar donde compra “la gente bien”, como dijo más de una vez. Y entre lo poco que pudo comprar se trajo unos rollos de papel higiénico aromatizado con kiwi de Nueva Zelanda (Kiwi: fruta exótica que ya se está haciendo popular). Al llegar a la vecindad se puso a gritar lo que traía, y  regaló a las vecinas una o dos hojas del papel para que lo olieran. Unas opinaron que no olía a nada; pero otras dijeron que tenía un aroma exquisito y una de ellas, la del 17, se sentaba a ver las telenovelas con un rollo de papel en la mano (corrió a comprar una dotación, no se fueran a acabar) y se pasaba las horas oliéndolo.

Fue tal la fiebre que se apoderó de las vecinas que el chavo del 23, que es muy ingenioso y muy aventado, les dijo que él podía impregnar el papel higiénico común de diversos aromas. Y todas empezaron a pedir: “yo, de fresa. Yo, de plátano macho. Yo, de chirimoya”, etc., etc. Y el muchacho logró complacerlas a todas. Claro que se los vendía, y bastante caro, pero a ellas no les importaba, porque estaban felices.

El portero no tardó en enterarse, y fue a exigir al chavo que pagara impuestos “por emplear las instalaciones de la vecindad, que es un bien común, para lucrar en privado”. Pero a él no le importó, porque estaba vendiendo mucho, y las viejas lo trataban a cuerpo de rey. Y durante un  tiempo estuvieron  así, todos contentos.

Pero una noche los del 56 llegaron más intoxicados que de costumbre, y quisieron jugarles una broma a las vecinas. Molieron una buena cantidad de chiles habaneros y, aprovechando que el chavo del 23 salió al cine y dejó sus preparados junto a la ventana de la cocina, los mezclaron con ellos. Y luego se sentaron a esperar, junto a dos botellas de tequila.

 No se habían acabado ni la primera botella cuando empezaron a llegar las reclamaciones al chavo del 23. Venían las vecinas que apenas podían caminar, rozadas, con comezón, con ardores, con verdaderas ámpulas, exigiendo que les diera un  remedio para sus males y amenazando con  denunciarlo por “daños en propiedad ajena”. Estuvieron a punto de lincharlo; y si no lo hicieron fue porque las incomodidades que tenían les impidieron correr tras él. Porque el chavo puso pies en polvorosa, y no se detuvo hasta llegar a Pachuca. No sé por qué escogió esa ciudad, porque ahí no se le había perdido nada; pero solo ahí se sintió seguro.

 La más afectada fue la vieja del 17, que desde que se quedó sin los aromas le perdió el gusto a las telenovelas, y ahora solo ve “reality shows” que “la hacen vivir y sentir como millonaria”. El portero también se vio afectado, porque dejó de percibir los “impuestos” que el chavo generaba, y ya está maquinando qué nuevas cuotas imponer a los vecinos. Como puedes ver, todos salieron perdiendo.

 La gatita rubia también sufrió las consecuencias, porque se le ocurrió masticar una hoja de ese papel. Perdónala. Está embarazada (otra vez), y se le antojó mucho. No te  preocupes, no perdió a sus gatitos; pero nacieron como inquietos, sin  poder acomodarse en ningún lado.

Bueno, mi amor, te dejo. La del 17 ya me está echando unos pellejos (y son los mejores de toda la vecindad).

Te quiere

Cocatú


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Número 35 - Noviembre 2019
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