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Cartas a Tora CLIV

Viernes, 01 de Noviembre 2019 - 10:10

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

El portero descubrió que un muchacho que vive en un cuarto de azotea se estaba dedicando a cultivar unas plantitas como las que tuvo la enfermera una temporada, y se enojó mucho; porque dijo que esas plantitas servían para hacer curaciones, y este chavo las vendía para fumárselas. Pasó varios días pensando qué hacer: correr al chavo de la vecindad, tirar sus plantitas a la basura, quemarlas, denunciarlo a la policía… pero nada le gustaba.

Por fin, un domingo a mediodía citó a todos los vecinos a una junta urgente. Se reunieron muchos, y parecían muy contentos. Entonces, el portero sacó un sobre grande, se los enseñó y dirigiéndose al chavo, a quien habían colocado en primera fila, le dijo que había conseguido la dirección de su mamacita, allá en el pueblo, y que esa carta contenía una relación de lo que estaba haciendo, que estaba muy mal hecho porque afectaba la salud de todos los que fumaban sus plantitas y, sobre todo, de los niños; que ya había varios casos de niños que enloquecían de repente o se volvían agresivos o insultaban a sus padres; que eso no se podía tolerar y que solicitaba su ayuda para meter al orden a su hijo. Luego se calló, esperando la reacción del público.

Esta no se hizo esperar, pero se limitó a murmullos y a miradas de soslayo al chavo, quien se puso a conferenciar con sus cuates (no son gemelos; es otra forma de decir “carnal”). Al cabo de unos minutos, los muchachos se retiraron sin dignarse ni siquiera mirar al portero.

El portero estaba enchiladísimo (no, no lo iban a guisar. Se explica solito, ¿no?). “Pero para que vean que no amenazo en balde”, dijo, “ahorita mismo pongo la carta en el correo, con copia para su abuelita”. Y la entregó a uno de sus guaruras, con la orden de ponerle timbres y echarla al buzón.

Los vecinos se retiraron enseguida, hablando en voz baja. La verdad la mayoría se iban riendo, diciendo que no iba a pasar nada. Y así fue, por un tiempo.

Un día, el chavo de la azotea fue a un pizarrón donde ponen avisos de interés para todos, y engrapó unos papeles; luego le puso un foco que los iluminara bien, cogió un altavoz e invitó a los vecinos a que los leyeran.

¿Sabes lo que decían? Los copio para que te enteres; pero corrijo un poco (más bien, un mucho) las faltas de ortografía y de redacción para que los entiendas. Ahí te va:

“Hijito. Me da harto gusto que tengas tu propio negocio. Yo sabía que tu la ibas a hacer en la capital. Con el dinero que me mandas, vivimos mejor que nunca, y el Erasto y su primo el Güero ya están juntando pa’ los pasajes pa’ ir a ayudarte. Y si quieres, mándame unas plantitas, que nosotros tenemos aquí unas tierritas (ya las conoces, las de arriba del monte) que no se usan pa’ nada, y a lo mejor podemos plantarlas aquí. Si algo sabemos, es de agricultura. Acuérdate qué elototes sacaba tu papá, lástima que lo mataran por andar de coscolino que, si no, ya seriamos dueños del pueblo. Pero yo confío en que vengas tú y acabes con el cuadro; o que pongas a todos a cultivar tus plantitas. Quién me iba a decir que mi muchacho iba a salir tan bueno pa’ los negocios. Adiós, Cuídate. Tu jefa. Ah, tu abuelita dice que le reces mucho a San Judas Tadeo pa’ que las cosechas se te den bien. Otra vez adiós”.

El portero quiso arrancar la carta, pero el chavo y sus cuates no lo dejaron; y cuando les echó encima a sus guaruras, les pegaron  a todos; luego volvieron los guaruras con palos  y piedras, pero el portero les dijo que no fueran salvajes, que eso lo iba a resolver él de una manera civilizada; y le ofreció al muchacho pagar unas copias para que las distribuyera entre todos, pero que quitara la carta del pizarrón. Así se hizo, y los vecinos se acercaron al chavo para ver cómo podían entrarle al negocio. Pero el chavo no quiso; dijo que ese asunto era idea suya, y que así quería conservarlo. Sin embargo, los niños del 57 ya se robaron unas semillitas de las plantas y las sembraron en unas macetas que tienen en la azotehuela, donde nadie las ve, y ya empieza a asomar un tallito verde. En fin, ya veremos qué pasa.

Por lo pronto, la agitación terminó en la vecindad, y ya parece que no hubiera pasado nada. Pero quién sabe lo que vaya a pasar.

Te quiere

Cocatú


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Número 34 - Octubre 2019
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