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Cartas a Tora CL

Viernes, 27 de Septiembre 2019 - 08:00

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

         Otra vez el portero. Parece mentira, pero no entiende. Esta vez, sin decir nada, se puso a construir algo en un rincón del patio. Los vecinos se intrigaron, pero él dijo que no diría nada hasta que estuviera terminado; y los trabajadores cubrieron todo, para que no pudieran ver nada. Por fin, la obra llegó a su término, y el portero anunció su inauguración para el domingo siguiente.

         Hubo una ceremonia y un sentido discurso del portero (Faltaría más. Con lo que le gusta hablar…). Luego, descubrió la obra. ¿Y sabes qué es? Un baño individual. Es pequeño, pero tiene azulejo bonito, brillante y luminoso. Y como si fuera poco, tiene un aparato que al ponerle una moneda, toca música apropiada para la ocasión. Y echando otra moneda en otra ranura, perfuma el ambiente con diferentes aromas florales.

         Huelga decirte que a los vecinos les encantó, y que se felicitaron de tener un portero tan progresista. Y enseguida quisieron empezar a usarlo. Pero el portero no lo permitió. Dijo que la inauguración tenía que ser solemne y republicana, y hasta le negó el acceso a la del 44, que su hijo tenía una urgencia y “Es muy rápido”, según dijo la señora. El portero no se conmovíó, y le dijo que se fuera a su vivienda. La pobre mujer se puso el niño al hombro y echó a correr. Afortunadamente, llegó a tiempo.

         El portero hizo entrar a uno de sus guaruras, el guapito, que ya se veía un poco apurado. Y es que le había dado a tomar algo para que no lo dejara mal en tan importante ocasión. Acercándose a la puerta se escuchaba el “Himno a la Alegría”, lo que hizo exhalar a todos un “¡Ah!” de satisfacción. Y cuando salió el muchacho, el ambiente olía a violetas y rosas combinadas en excelente proporción.

         Los vecinos se amontonaron para usarlo, y de ese momento en adelante siempre hubo en el patio una cola para tomar un  turno (Lo que aprovecharon los guaruras para sacar unos centavitos vendiendo las fichas al mejor postor). Una señora, la del 58, compraba todos los días varios turnos y se estaba allí, aspirando los diferentes aromas e impacientando a los demás.

         El portero también lo usaba porque, aunque tiene baño privado en la portería, quería impresionar a los vecinos “siendo como todos, uno más entre la multitud”. Y no sabes la importancia que se daba, como si lo que hacía fuera algo fuera de este mundo. Hasta que un día uno de los ninis que vive en la azotea encontró la manera de entrar al aparato de la música, ¿y sabes lo que pasó? Que cuando entró el portero el domingo, estando el patio lleno de gente, empezó a sonar la “Marcha Fúnebre” a todo volumen. Y a poco salió el portero pálido y desencajado, se encerró en la portería y estuvo tres días estreñido. Y de nada sirvieron los chiquiadores de ruda que le puso la enfermera; ni los tecitos que le mandaron las vecinas. Que, dicho entre nos, se reían a más y mejor con lo que le ocurría. Hasta la Flor (Y su prima) le vino a dar masajes “esotéricos” para su mal, que lo único que lograron fue darle un buen dolor de estómago.

Cuando por fin  se alivió (En la portería, porque no quiso exponerse a otro fracaso público) juró que “Nunca volvería a echar margaritas a los puercos” (Yo lo oí, no creas que me lo contaron) y ordenó que dejaran de limpiar el baño nuevo.

Con el tiempo, el agua empezó a salirse por las junturas de las cañerías. Luego, un vecino se llevó un azulejo; otro, las llaves del lavabo (Que se oxidaron enseguida); la del 58 se llevó el aparato expedidor de aromas, pero no le duró más de dos horas, porque se le acabaron las pastillas y ella no sabía dónde comprar más. Y así, poco a poco, el espléndido baño quedó hecho una ruina más, como los  baños viejos y los lavaderos, obstruyendo el patio y causando molestias a todo el mundo.

Y el portero, furioso porque su inversión no le había redituado nada, amenazó a todos con  imponer Dos Días Sin Baño. Pero todavía no lo ha hecho.

Vamos a ver qué se le ocurre después.

Te quiere

Cocatú


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Número 34 - Octubre 2019
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