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Cartas a Tora CIV

Viernes, 12 de Octubre 2018 - 15:30

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

         El otro día se pusieron feas las cosas en la vecindad. Resulta que uno de los guaruras, uno bastante guapito (Según dicen todas las viejas, no vayas a creer que a mi me gusta o algo por el estilo) andaba requiriendo a una de las muchachas del 15. A los papás no les gustaba el muchacho porque es hijo del portero “según se dice, pero a saber de dónde habrá salido”. El caso es que le hacían la guerra todo lo que podían. Y tan mal se puso la cosa que la muchacha lloraba todo el día y el muchacho andaba serio y cariacontecido. Y un día se fueron. Así nomás, sin decir nada a nadie.

No es la primera vez que una cosa así sucede en la vecindad, pero los del 15 son muy serios, muy amigos de la formalidad; y eso les pareció una barbaridad. Salieron a buscarla por las calles cercanas, pero no se atrevieron a entrar al hotel de la esquina. ¿Y qué crees? Allí estaba. Lo supimos el día siguiente, cuando regresó y les contó a las amigas lo que había hecho. Algunas hasta le aplaudieron, pero ella estaba muy arrepentida. El muchacho ni se atrevía a entrar a la vecindad, pero el portero le dijo que si no entraba le descontaría el día, y como tiene madre y hermanos no pudo negarse. Los del 15 se pusieron a gritarle, y pronto se le unieron otros vecinos. Y todos se fueron exaltando, diciendo que todas las muchachas estaban en peligro, que era una amenaza para la tranquilidad de la vecindad y no sé cuántas cosas más. El papá le empezó a pegar, y pronto todos lo imitaron. El pobre muchacho quería defenderse, pero no le alcanzaban las manos para parar la lluvia de golpes. Otros papás que habían tenido casos similares quisieron vengar en él lo que habían sufrido, y lo persiguieron hasta la azotea. Allí lo alcanzaron, lo rodearon y lo bajaron al patio.  La bruja del 27 (Bruja por fea, no porque cabalgue en escobas o tenga gatos negros) ya estaba juntando leña. Lo amarraron a una viga que había en el agujero y amontonaron la leña alrededor. La mamá de la chica empezó a bailar alrededor del poste, gritando y aullando, y pronto la siguieron todas las viejas. La muchacha pedía que la amarraran junto a él, y afirmaba que no había pasado nada; pero no porque ella se hubiera resistido, sino porque él es un caballero y no había querido dañarla. El portero se presentó allí pistola en mano (Al fin y al cabo, el guarura es su hijo). Todos se asustaron, pero alguien dijo que la pistola era de plástico, y hasta el cañón estaba roto. Entones la tomaron todos contra el portero, y la bruja del 27 empezó a juntar más leña.

La Mocha se presentó allí, y les dijo que eso que iban a hacer era una barbaridad, que debían perdonar y amar a los demás. Ellos le dijeron que se fuera, o que iba a sufrir la misma suerte. Las amenazó con llamar a la policía, y le contestaron que policía que apareciera por esa puerta iba a arder como los demás, y la pobre mujer se fue corriendo a su vivienda a rezarle a no sé quién.

El griterío arreciaba. El muchacho del 43, que toca en una banda, sacó unos tambores y se puso a golpearlos (No puedo decir que los tocara, porque era puro escándalo). Ya iban a encender las hogueras, cuando sucedió algo que no sé cómo calificar.

Para que entiendas las cosas, debes saber que ya viene el Día de Muertos y una festividad extranjera que ya está muy arraigada también aquí, el Halloween, que trata de brujas y cosas de miedo. Entonces, en televisión están pasando una serie de películas de miedo. Y sucede que en la azotea estaba una niña viendo una de esas películas y hubo una escena en que salía una mujer con los ojos desorbitados, flotando por las calles, y gritando “¡Ay, mis hijos!....¡Aaaaay, mis hijos!”. La niña se asustó, quiso apagar la televisión y lo que hizo fue aumentar el volumen, con lo que se asustó más y salió corriendo. Los gritos de la televisión llegaron hasta el patio, y los vecinos se quedaron paralizados; empezaron a mirar a todos lados muertos de miedo, y de repente uno de ellos gritó “¡Ahí viene la llorona!”.

La desbandada fue instantánea y general. En unos segundos el patio se vació y sólo quedó la muchacha del 15, que desató al guarura y lo sacó de la vecindad.

A veces pienso (No te rías) que la Mocha tiene razón, y que hay alguien que vela por los inquilinos, y que evitó que cometieran un crimen. Al día siguiente nadie hablaba del asunto. Pero a los pocos días pusieron en el centro del patio un cartel enorme que decía: “A todos los que vengan a robar muchachas, a robar cosas o a grafitear, estamos vigilantes, y si hacen algo de eso, no se la van a acabar”.

La verdad, no entiendo lo que quiere decir eso de “No se la van a acabar”. ¿Será que no van a acabar su mala obra, porque se los van a impedir? ¿O que no van a acabar su vida como debe ser, porque los van a linchar? Interprétalo como te parezca, pero ahí está el letrero, y todos los que entran lo leen atentamente, aún los que viven en la vecindad (Yo creo que temen que le roben alguna letra).

Como quiera que sea, las cosas no acabaron tan mal. Los chicos regresaron, pero con el acta de matrimonio por delante, y los del 15 no tuvieron más remedio que aceptarlos. Ahora ya se llevan muy bien con el guarura y lo llaman “hijo” y toda la cosa. Yo me alegro, porque ya estoy queriendo a esta gente, a pesar de todo.

Pero más te quiero a ti.

                             Cocatú


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Número 33 - Septiembre 2019
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