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Cartas a Tora CII

Viernes, 21 de Septiembre 2018 - 15:30

Autor

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Enrique Delgado Fresán

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Querida Tora:

         El otro día los vecinos fueron a reclamar el portero que no había hecho nada sobre el agujero del patio. El se defendió diciendo que los albañiles que había conseguido le quedaron mal, que la gente ya no sabe trabajar, que sólo quieren estafar, y cosas por el estilo. Los vecinos quedaron de acuerdo en que todo eso es cierto; pero le recordaron que su obligación como “Presidente del Consejo” era resolver esos problemas, y que ellos no tenían por qué sufrir sus incompetencias.

Hubieras visto cómo se  puso. Eso de “incompetencias” le dolió en el alma, y le hizo echar un discurso sobre las cualidades y defectos del ser humano; y quién sabe hasta dónde hubiera llegado, si no fuera porque el del 43, que es muy bronco y muy atravesado, le dijo que se dejara de tonterías (empleó otra palabra, pero es muy fea y no quiero decirla delante de ti, mi amor; no estás hecha para esas groserías). El portero se creció con el puyazo; lo llamó tonto, bruto, ignorante y malcriado (Son eufemismos [Busca el diccionario; seguro que la palabra aparece en cualquiera que se precie de serlo] por palabras altisonantes y bajas. No me lo vas a creer, pero esta gente tiene un repertorio muy amplio de ese tipo de palabras, y les encanta usarlas, aún dentro de la familia. Yo creo que pronto van a perder su aura de “malas palabras” y se van a convertir en epítetos [Repito lo que te dije de eufemismos] cariñosos).

Estuvieron a punto de llegar a las manos, de no ser porque la del 13 salió en ese momento gritando “¡Ganó el “Vainillo! ¡Ganó el Vainillo”!

Anotación al  margen: el “Vainillo” es un boxeador (Practicante de un deporte que consiste en pegarse mutuamente hasta qure alguno cae desmayado o muerto. Resabios de las épocas salvajes de los antepasados del hombre; pero que produce mucho dinero por apuestas y toda la parafernalia de los deportes, que apasiona a esta gente). Ah, pues te decía: el “Vainillo” es un boxeador que tenía una pelea con uno de otro país por el título mundial de quién le pega más al otro (¿Te imaginas? Y la gente paga por ver esas peleas, y las goza como si les estuvieran pegando a ellos).

Todos olvidaron el asunto del agujero. Empezaron a abrazarse, a besarse y a sobarse por todos lados. Y brincaban, y gritaban y lanzaban vivas al “Vainillo”, a su padre y a su madre (principalmente a ésta), y hasta al presidente, como si hubiera sido un triunfo suyo. Como por arte de magia aparecieron las botellas de tequila, y empezaron a beber sin necesidad de vaso; directamente de la botella y sin mezcladores que atemperaran el fuego de la bebida. Los del 56 llegaron enseguida, y brindaron con todos, porque ese día no habían podido comprar sus botellitas por falta de méritos. Los del 41 estaban tan contentos que metieron a su vivienda al del 37, un mecapalero (Diccionario, por favor. Hoy te vas a instruir, aunque no quieras) grandote y musculoso (Lo que pasó allí no lo sabe nadie; ni siquiera el mecapalero, que salió muy contento, riendo a carcajadas y oliendo a algo más que tequila.

Pero el héroe de la jornada fue el del 42, que andaba en el piso superior, se subió al barandal, y se puso a bailar. Al poco rato, ¡azotó la res! (Es una expresión que se usa cuando alguien se cae. Sobre todo en este caso, en que la caída fue de varios metros, y el cuerpo sonó como si fuera una vaca sin ordeñar). Pero no le pasó nada. Enseguida se levantó y siguió bailando. No sabes cómo lo ovacionaron; al grado que el vecino regresó al piso superior, se volvio a subir al barandal,  y se tiró de cabeza. Pero calculó mal, y fue a dar al fondo del agujero, que estaba lleno de agua conh tierra. Todos se quedaron en silencio, pero luego le aplaudieron y lo vitorearon, hasta que vieron que no salía. Su mujer (No puedo decir esposa, porque no sé si están casados; pero le hace los efectos de una esposa) bajó  al agujero y mirando fijamente al agua dijo “Si no sales en cinco segundos, no salgas nunca”. Salió en tres, tosiendo y echando agua y tierra; pero sonriendo, consciente de haber hecho una gracia.  Y ya iba otra vez al piso superior; pero la vieja lo agarró por el cuello y lo arrastró a su vivienda.

El portero estuvo un rato con ellos, bebiendo y gritando. Pero en cuanto pudo se escabulló y se metió a la portería. Allí lo esperaba la Flor (y su prima), y pasaron una noche tan bulliciosa como los vecinos, pero más en privado.

Total, que el día siguiente, el portero mandó a sus guaruras a limpiar el patio (Reunieron como dos toneladas de basura, porque hace mucho que no se limpiaba). Lo del agujero se había olvidado, y todos se reían al comentar los incidentes de la noche (Menos el del 42, que resulta que sí se lastimó con la segunda caída, y anda con una mano vendada y dos chiquiadores de ruda que le puso la enfermera).

Los de la azotea no participamos en nada. También hubo jaleo, pero porque vino el gatote negro y armó una buena zarabanda entre las gatas. Pero la gatita rubia se presentó de pronto y las apaciguó a todas. A ver si no quedó embarazada otra vez.

Bueno, mi vida, vamos a ver qué pasa.

Te quiere,

             Cocatú



Número 24 - Diciembre 2018
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