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Asesinato de un valiente sonorense

Miércoles, 17 de Julio 2019 - 13:10

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Sergio Ávila

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El martes 17 de julio de 1924, que el día de hoy se cumplen 95 años, fue asesinado Álvaro Obregón. El general, vestido con un traje gris, salió de su casa acompañado del diputado, el gobernador, su escolta y algunos amigos. Entre los acompañantes estaban el coronel Juan Jaimes y el general Ignacio Otero Pablos. Se dirigieron a bordo de un Cadillac al restaurante La Bombilla, ubicado en el barrio de San Ángel, propiedad del empresario español Emilio Cazado.

En el jardín del restaurante se colocaron cuatro mesas para recibir a la comitiva, que sería resguardada únicamente por tres agentes. La orquesta del maestro Alfonso Esparza Oteo fue invitada para amenizar el evento. El general Obregón se sentó al centro de la mesa de honor; a su derecha estaban el diputado Federico Medrano, jefe de la Confederación de Partidos Revolucionarios Socialistas de Guanajuato; Jesús Guzmán Vaca, presidente de la corte y Arturo H. Orcí. Otros invitados a la mesa eran Aarón Sáenz, presidente del Centro Obregonista; Alejandro Sánchez, médico personal de Obregón; José Aguilar y Maya, José Luis Solórzano, Antonio Díaz Soto y Gama, Aurelio Manrique, Ezequiel Padilla, David Montes de Oca y el coronel Tomas A. Robinson.

Toral entró al restaurante, bebió un cuarto de cerveza y fue al baño. Desenfundó el arma que le habían prestado, retiró el seguro y la guardó en el chaleco de su traje a la altura del abdomen, con el cañón hacia abajo, salió al jardín del restaurante y se colocó cerca de la mesa del banquete. Empezó a hacer dibujos de Aarón Sáenz, del director de orquesta y del propio Obregón.

Ricardo Topete, el diputado que había acompañado al general desde su casa, fue el único que desconfió del dibujante. Al percatarse de ello, Toral se acercó a Topete y a Sáenz para mostrarles los dibujos que estaba haciendo. Mientras tanto la orquesta de Esparza Oteo estaba tocando El limoncito, la pieza favorita de Obregón.

A las 14:20 de la tarde, León Toral se acercó a Obregón y con su mano izquierda le acercó el cuaderno para que viera el dibujo. El general observó la caricatura y empezó a reír. En ese momento Toral sacó su pistola española calibre 32 con la mano derecha y realizó seis disparos en su contra. El primer disparo fue a cinco centímetros del rostro de Obregón, haciendo que se inclinara hacia adelante y a la izquierda; los siguientes cuatro disparos impactaron en su espalda, y el sexto en el muñón de su brazo derecho. El general falleció en el acto.

Obregón cayó sobre la mesa y posteriormente sobre el suelo hiriéndose la frente con el borde de la mesa, a pesar de los intentos de Sáenz de evitar que el cuerpo cayera. La orquesta siguió tocando durante unos segundos después de los disparos. Los más próximos a Toral lo detuvieron y muchos de los presentes sacaron sus propias armas.

En ese momento se creyó que el magnicidio era obra de varios autores y se escucharon gritos que decían: «¡No lo maten!», «¡Busquen a los otros!» y «¡Cierren las salidas!».  El asesino fue golpeado por los asistentes al banquete; Juan Jaimes propuso acribillarlo en el lugar pero una persona se negó —según algunos fue Topete o Manrique—, argumentando que era necesario mantenerlo con vida para conocer los motivos del asesinato. Topete recogió el arma homicida; Sáenz, Otero y el doctor Sánchez trataron de levantar al general, a quien llevaron hasta la parte trasera de su Cadillac para posteriormente dirigirse al domicilio de Obregón acompañados de otros asistentes, quienes viajaron en sus propios vehículos.

León Toral fue llevado a la Inspección General de Policía por Jaimes, Robinson y el diputado Enrique Fernández Martínez en un vehículo Packard. Fue presentado ante el jefe de policía, el general Roberto Cruz, en estado semiinconsciente, con los ojos cerrados y ensangrentado por los golpes que había recibido.

El inculpado se identificó a sí mismo sólo con el nombre de Juan, en su declaración inicial afirmó que había actuado solo y que sus acciones fueron para que «Cristo nuestro señor pueda reinar en México».

Horas después llegó el presidente Calles y se entrevistó personalmente con el acusado, acompañado del general Joaquín Amaro y el general Abundio Gómez. Toral no cambió su declaración inicial. El presidente le preguntó por qué no lo eligió como objetivo, puesto que era la persona de mayor rango político en México y el hombre al que se responsabilizaba del estallido de la guerra cristera, a lo que le contestó diciendo que era indispensable destruir los cimientos de un edificio para poder derribarlo por completo, y que la muerte de Obregón era la única forma de erradicar a la persecución religiosa. Calles salió enojado de la entrevista con Toral y no expresó nada a su salida.

La iglesia católica inmediatamente se desmarcó de León Toral; el monseñor Miguel M. de la Mora, obispo de San Luis Potosí, declaró ante la prensa respecto al homicidio: «No es el clero católico el autor del atentado, sino pobrecitos exaltados que han llevado su exaltación hasta dar muerte violenta a un prominente personaje político».

El interrogatorio a Toral comenzó el mismo día de su captura e incluyó inicialmente métodos de tortura física y psicológica —amenazándolo con dañar a su familia—, sin lograr avances. Posteriormente se cambió de estrategia y el detective Valente Quintana decidió tratarlo de forma amistosa para lograr convencerlo de que le diera información.

 El acusado le pidió al detective que le dejara hablar con alguien antes de contarle cualquier cosa. Quintana, Orcí y otras personas lo acompañaron a una casa de la calle Zaragoza, donde los recibió la Madre Conchita, que aparentemente ignoraba lo ocurrido. Tras las conversaciones entre Toral, la Madre Conchita y algunos de los acompañantes del detective, se decidió arrestar a la Madre Conchita junto con algunas de las monjas de la casa. Después de los interrogatorios se decidió dejar en libertad a la mayoría de las monjas arrestadas, así como a los padres y a la esposa del asesino.

Toral fue condenado a morir ejecutado por un pelotón de fusilamiento y la madre Conchita a veinte años de prisión en el penal de las Islas Marías. Posteriormente renunció a sus votos y se casó con Carlos Castro Balda el 20 de octubre de 1935. En 1940 fue liberada tras cumplir doce años de su condena.

 [https://es.wikipedia.org/wiki/Asesinato_de_%C3%81lvaro_Obreg%C3%B3n]

¿Se vale agregar una evocación familiar?  Siendo Subteniente Luis B. Cano Castellanos anduvo en la Revolución con la Brigada Ángeles de las fuerzas de Pancho Villa; más tarde tuvo que refugiarse en los Estados Unidos pues el “Cura” pretendía asesinarlo a él y a su jefe Triana, pero ese insubordinado fue fusilado por intrigante entre los generales villistas. Años después este exiliado fue regresado al país por el General Álvaro Obregón, con quien llevaba gran amistad  desde  antes de la Revolución, pues había sido instructor de las tropas obregonistas en Hermosillo.

Cano Castellanos, ya entonces con el grado de Coronel, que había adquirido a los 27 años de edad, puso en Hermosillo una farmacia y se casó con la señorita Josefina Ávila Hazard  (hermana de mi abuelo paterno Jesús María) y renunció a sus intenciones de volver al Altiplano, y a la recomendación de Obregón de volver al ejército. Puedo agregar, amables lectores, que en 1919, durante la primer candidatura de Álvaro Obregón a la presidencia de la república, mi bisabuelo Jesús Ma. Ávila Barceló era el presidente municipal de Hermosillo.


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Número 35 - Noviembre 2019
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